sábado, 7 de octubre de 2023

Escena 66 de "Versos envenenados"

 


            Cuando cuento todo esto en estas páginas es porque sé que escribiré ese poema, esa obra de arte culminante de mi actividad creadora, que la haré en el momento en que tenga valor para escribir el poema con sangre, clavando la punta del cuchillo en mis entrañas, en mis venas, rajando mi vida y cada estertor dará a luz un nuevo verso que describa, con locura vital, con mi existencia, el amor más maravilloso que jamás nadie ha podido vivir.

Si pudiese hablar con Carmen le pediría perdón por amarla por encima de todas las cosas, por escribir los anteriores renglones, incluso por existir en la forma en que existo, pero la amo, y su mirada es el arcoíris de mis tormentas, es el juramento que Dios hizo con la raza humana para no volver a mandar un diluvio destructor.

            Yo jamás diré lo siento.

            Y luego está el sueño. Me desperté intranquilo, una extraña luz azulada inundaba el dormitorio, retazos fantasmagóricos de luz se agitaban entre los pies y la cabecera de la cama, bailando sobre mí, que difícilmente conseguía mantenerme despierto.

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