jueves, 19 de marzo de 2020

Palabras de Joaquín Piqueras en la presentación de "Versos envenenados" en Cartagena

Agradecemos a Joaquín Piqueras que nos permita publicar el contenido de su intervención durante la presentación de Versos envenenados en la Librería Santos Ochoa de Cartagena, el pasado 10 de noviembre de 2018:



Francisco Javier Illán Vivas (Molina de Segura, 1958) es escritor (poeta y narrador) y crítico literario. También ha dirigido las revistas literarias Acantilados de papel y Ágora papeles de arte gramático. Ha publicado los libros: Con paso lento, 2003; La Maldición, 2004 y 2011 (la primera novela de la trilogía La cólera de Nébulos) ; Dulce Amargor, 2005; Crepusculario, 2007; El rey de las Esfinges, 2008; Témporas, 2010; A mi manera, 2012; La Isla y otros relatos, 2013; La oscuridad infernal, 2014; Equipaje ligero, 2015; El mendigo de la Place Vendôme, 2016; y Versos envenenados, 2018, la novela que nos ocupa.
Sus poemas y relatos han aparecido en diversas antologías,  libros colectivos y revistas literarias. Su poesía ha sido traducida al árabe y publicada en Egipto. Su relato Un hombre desnudo fue elegido por los internautas de la conocida web Escritores en la sombra como relato del año 2008. Finalista del X premio internacional Sexto Continente de relato de ciencia ficción y ficción distópica con El secreto de Zeos. Finalista del VII premio Wilkie Collins de novela negra con Versos envenenados.
Esta novela que trasciende atípicamente los límites del género negro tiene una estructura basada en  motivos musicales extraídos de la ópera, una estructura manifestada en los títulos de cada uno de los capítulos que la conforman y que son fundamentales  para entender el conjunto de la obra: así, por ejemplo, su Obertura es la presentación de la trama, con el inspector Isco Vivas, tal vez un alter ego del autor, (personaje que cobrará relevancia conforme avanza la novela); sus Arias son las voces solistas de Carlos y Juan, víctimas del amor y de la muerte, a través de un narrador omnisciente al que le gusta jugar con los puntos de vista. Así podríamos seguir con su Interludio & Recitativo, su Allegro, su Presto y su Ostinatio. Después preguntaremos al autor sobre el porqué de tal estructura.
Correspondiendo a esa estructura musical, que me es afín, voy a tratar de dar las claves de esta novela a través de siete palabras, cuyas primeras letras coinciden con las notas de una escala musical diatónica: DO, RE MI, FA, SOL, LA, SI: DOsis, REalidad, MIscelánea, FAtalidad, SOLedad, LAscivia y SIlencio.
DOsis: La dosificación afecta tanto a la forma como al contenido.
Como quería Edgar Allan Poe, en un relato todo debe ir perfectamente dosificado y graduado hasta el final, en el que encontramos su punto culminante. En Versos envenenados esta máxima se cumple a la perfección: en el primer capítulo se nos presenta a Isco Vivas, el inspector encargado de un extraño caso de envenenamiento de cuatro hombres, que va a interrogar a la principal sospechosa, Carmen –mujer atractiva, “femme fatal” sin saberlo, amante de la poesía, un auténtico vórtice sobre el que gira toda la obra- de la que está, por otro lado, el inspector profundamente prendado. En los siguientes capítulos, Isco desaparece para centrarse la trama, en un retroceso temporal, en la relación entre Carlos (arribista sin escrúpulos que asciende rápidamente en la empresa en la que trabajan los protagonistas, gracias a su feroz ritmo de trabajo propiciado por el consumo de cocaína) y Carmen. Tras un episodio donde se nos muestra la masacre yihadista del 11 de marzo (en el que el autor utiliza magistralmente la técnica del contrapunto), los capítulos se focalizan en la relación entre Juan (vigilante nocturno de la empresa, enfermo de esclerosis múltiple y obsesionado con el suicidio)  y Carmen. Finalmente, vuelve a aparecer el inspector Vivas, tras unos años de ausencia por ser requerido en la investigación del caso del atentado madrileño;  cobra importancia su pareja Marta, compañera de trabajo de la protagonista, y la acción se precipita hacia un desenlace  inesperado que, lógicamente,  no voy a revelar. El capítulo final cierra todos los interrogantes desplegados a lo largo de la novela.
En lo que se refiere al contenido, las dosis tóxicas mortales son las causas de la muerte de las víctimas masculinas de la novela. El veneno y la literatura siempre han estado unidos, y si no que se lo digan a Shakespeare; pero en esta obra se puede decir literalmente que la poesía envenena, tal y como reza su título, pues en los bolsillos de las víctimas encontramos poemas del poeta Luis Alberto de Cuenca.
REalidad: Versos envenenados es una novela de personajes, intimista, centrada en la vivencia de sus protagonistas. Sin embargo, la realidad aflora por todas partes: nos ubica en una época concreta –el atentado de Atocha de 2004 y la toma del poder del gobierno socialista de Zapatero-; nos descubre a una Murcia de doble cara: la ciudad turística de sol y playa y una ciudad oculta donde brilla la prostitución, el cruising gay y la delincuencia.
Por otro lado, Illán Vivas nos sumerge perfectamente en lugares reales de la Región murciana. La novela cobra un estatuto de realidad cuando pateamos o conducimos con los protagonistas por las calles de Murcia o vamos a Molina de Segura, en concreto a la Alcayna. Aparecen una librería, una biblioteca, unos restaurantes sobradamente conocidos en la región murciana. Unos personajes de carne y hueso, como los escritores molinenses  o el amigo del autor Jesús Pons, director de Vegamediapress. Todos con nombre y apellidos. Hay implícito en el trasfondo de la trama como una especie de guía turística por los gustos del autor: incluyendo los culinarios y los que se filtran a través de los recuerdos de los personajes, como el recuerdo de los cerezos en el valle del Jerte.
Se da así una complicidad idónea entre el autor, los personajes, el escenario y el lector.  
MIscelánea: Como hemos dicho al principio, esta novela rebasa los límites del género policíaco. Pues en ella encontramos una miscelánea en la que se mezclan, enriqueciendo el conjunto, muchas cosas. Además de las dos –e incluso tres- apasionadas historias de amor profundamente imbricadas en la trama policial, encontramos un homenaje a la poesía: versos y opinión crítica sobre la poesía de Rubén Darío, Pablo Neruda, Bécquer, Zorrilla, Luis Alberto de Cuenca y un largo etcétera en el que no faltan  poetas murcianos, y entre ellos no oculta el autor su admiración por el poeta molinense Vicente García Hernández. Pero la crítica literaria o la metaliteratura no sólo se ciñe a la poesía, también a la narración, a los relatos de fantasía heroica de la que es implacable lector el inspector Vivas, Tolkien y Robert E. Howard (sobre todo, las novelas de Conan el Bárbaro). También encontramos estrofas de canciones de King Crimson o de Los Panchos; referencias musicales, como a la ya nombrada banda inglesa de rock progresivo o a Elvis Presley; fragmentos de tratados  sobre la medicación y el suicidio;  reflexiones de todo tipo: sociopolíticas, psicológicas, sobre el mundo de la cultura… Toda una amalgama que lejos de entorpecer el ritmo de la trama lo potencia y enriquece.
FAtalidad: La fatalidad ineludible preside el destino de todos los personajes de la novela. Sin buscarlas y sin tener conciencia de ello,  los personajes se entregan abiertamente a sus pasiones: Carlos: el poder y el amor/sexo; Carmen: el amor y la poesía; Juan: el amor, la poesía y la obsesión por la muerte; Isco: el amor y la investigación; Marta: el sexo, los celos, la poesía. Todas estas pasiones dirigirán a los personajes a relacionarse de tal modo que se tejerá una explosiva tela de araña cuyo destino no conoceremos hasta el final. Yo no voy a hacer spoiler, así que les invito a ustedes a adquirir la novela, leerla y descubrir ese sorprendente desenlace.
SOLedad: Todos los personajes de la novela tienen en común dos cosas: son seres solitarios que buscan el amor de sus vidas y cuando creen haberlo encontrado, lo pierden. Y, en segundo lugar, todos hallan refugio en la poesía. Los fortuitos encuentros en la Biblioteca pública de Murcia son trascendentales para que surja la relación de Carmen y Juan, tal vez los dos personajes más solitarios de la obra, pero que, aunque sea efímeramente, conocen el amor verdadero. Carlos conoce la soledad del hombre que, en su afán de tenerlo todo,  sufre la rivalidad fatal entre dos mujeres. Isco, a pesar de tener como pareja a Marta, vive para el trabajo y sabe que su felicidad sólo la encontrará junto a Carmen. Nos hallamos ante un concierto de solos solitarios cuya armonía tendrá lugar en el más allá.
LAscivia:  El sexo convierte a las dos protagonistas (Marta y Carmen) en auténticas mantis religiosas que atraerán a sus parejas masculinas hasta alcanzar ese final fatal al que nos referimos más arriba. Ambas se excitan y se recrean sexualmente en la agonía de las víctimas.
 SIlencio: Una vasta losa de silencio cae sobre la obra. Hay silencio en los horribles acontecimientos que acontecen todos los días en una ciudad turística como Murcia y que nadie se atreve a revelar. Y también hay silencio en los personajes. El mutismo de Carlos en su aparentemente día idílico en Calblanque; el silencio roto de Juan, que oculta su enfermedad; la mudez de la bella protagonista, incapaz de revelar la verdad ante Isco y acceder a su detención; el hermetismo de Marta. La desaparición obligada del inspector, tras confesar su amor a Carmen. El silencio del narrador omnisciente que, adoptando los puntos de vista de los personajes, nos va ocultando información hasta hacérnosla estallar en nuestras narices en el último momento y que, además, nos deja un final silenciosamente abierto.

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