viernes, 25 de febrero de 2011

Clara y húmeda

"La poesía es un vómito de piedras preciosas"
Carlos Edmundo de Ory



Clara y húmeda
como una estrella de verano,
cálida y enamorada
se presentó la mujer
de mirada vendimiadora
con su sonrisa cromática,
sonora de amor
y también de dolor,
dispuesta a recoger
las escrituras quebradizas,
las huellas de Hemingway,
los breves pasos de Neruda,
la canción de Hernández
en voz de Serrat,
sin exterior
sin París
pero ella, volando
con miercolinas alas
membranosas
miró a la puerta,
a la presa del Río Rojo
y pidió que se abriese.

Y surgieron los pasos,
y las huellas,
y las canciones
con la voz de Serrat
con la letra de Miguel.

Se agachó
como un águila silenciosa
y recogió las piedras
de Ory.


Francisco Javier Illán Vivas
De Dulce amargor

viernes, 18 de febrero de 2011

Uvas puntiagudas


Llevas una cruz entre los pechos,
estrecho valle entre montañas
redondas y plenas,
donde florecen pezones
de fresa oronda,
puntiagudas uvas
de vino ardiente.





Francisco Javier Illán Vivas
De Dulce amargor

viernes, 11 de febrero de 2011

Flores negras


Flores negras
manchadas de tiempo,
inclementes andamios
grapados a paredes otoñales,
flores de zozobra
brotadas de campanarios
sin sombra interior,
surgidas de la niebla
que cubre mi cabeza
del dolor de la tristeza
ajena al secreto
de un alma silenciosa.
En este diálogo oscurecido
ya no veo fachadas,
no ilumina el faro,
vengo de esa niebla
oscurecida
de flores negras.


Francisco Javier Illán Vivas
De Dulce amargor

viernes, 4 de febrero de 2011

(Los versos son niebla entre las manos)

Los versos son niebla entre las manos
fuertemente apretadas
y cuanto más fuerte las aprietas
más rápidos vuelan entre los dedos.


Francisco Javier Illán Vivas
De Dulce amargor

jueves, 3 de febrero de 2011

Con Guillermo Carnero en su casa, Alicante

El día de ayer compartimos unas cuantas horas con Guillermo Carnero, el autor de Cuatro noches romanas, en su domicilio de Alicante, una velada agradable, un repaso a su obra literaria que nos llevó por espacio de más de dos horas de sus recuerdos y una leve cena en un restaurante que personalmente le agradaba.

En el próximo número de Ágora digital os contaremos los pormenores de la velada.