domingo 31 de mayo de 2009

Y al séptimo día descansó

Paseando ví el otro día a las clases privilegiadas disfrutando de sus privilegiados privilegios. Y, sabéis cual es su gran frustración, que los cambios climáticos, los desastres ecológicos que se avecinan, también afectarán a sus privilegiados privilegios.

sábado 30 de mayo de 2009

Taller de Literatura Fantástica de Jumilla

El texto que incluyo en la presente entrada es de la página oficial del Ayuntamiento de Jumilla, que podéis consultar, si queréis AQUÍ. (Por cierto, las fotografías son propiedad de Toñy Riquelme):

Como colofón del taller infantil de Literatura Fantástica que, la Concejalía de Cultura, a través de la Biblioteca Pública Municipal de Jumilla, ha llevado a cabo durante todo el mes de mayo, los participantes en el taller han asistido a una conferencia magistral a cargo del escritor especializado en esta temática: Francisco Javier Illán Vivas.



El Taller Infantil de Literatura Fantástica iba dirigido a niños entre 7 y 12 años. Han participado un total de 15 niños y se ha desarrollado desde abril hasta este mes de mayo. En este taller, un monitor ha enseñado a los niños técnicas de iniciación a esta forma género de literatura de ficción, generalmente en forma de relatos cortos. Se caracteriza porque utiliza la magia y otras formas sobrenaturales como un elemento primario del argumento, la temática o el ambiente.



Un taller organizado por la Biblioteca Pública Municipal y subvencionado por la Dirección General del Libro, Archivo y Bibliotecas de la Consejería de Cultura, Juventud y Deportes de la Comunidad Autónoma.

Francisco Javier Illán Vivas es diplomado en Criminología, Máster en Dirección de Seguridad por la Universidad Autónoma de Madrid. Es subdirector de Vegamediapress.com. En enero de 2008 entra en el consejo de redacción de la revista de creación literaria Ágora, papeles de arte gramático. En julio de 2008 pasa a dirigir la sección digital de la misma.

Tiene varios libros publicados como “Con paso lento”, “Dulce amargor”, la antología “II Jornadas de poesía sobre el Segura”, o “Crepusculario”. Además es el autor de la saga “La cólera de Nébulos”. Ha prologado varios libros, tiene publicados artículos técnicos sobre seguridad y ha llevado a cabo numerosas actividades culturales relacionadas con la Literatura.

viernes 29 de mayo de 2009

Hablando de libros con Alberto López González



Alberto López González (Segovia, 1974). Ingeniero de telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid. He participado en la elaboración de documentación de carácter técnico, sin embargo Proyecto #194 ha sido su primera incursión en la novela larga de ficción. Aficionado a los juegos de ingenio y matemáticos, siempre le han apasionado los posibles retos que la ciencia y la sociedad puedan encontrarse en un futuro próximo. Actualmente está terminando su segunda novela “Voyager I: el último viaje” en la que se plantea qué ocurriría si el primer mensaje enviado por la humanidad al espacio a bordo de la sonda Voyager I encontrara un destinatario. Esta novela surge coincidiendo con el treinta aniversario del lanzamiento al espacio de dicha sonda.


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Pregunta.- En su bibliografía usted nos cuenta que Proyecto #194 es su primera incursión en la novela larga de ficción. ¿Hubo antes otras novelas “cortas”?
Respuesta.- Bueno, yo no las calificaría de “novelas”, sino de experimentos de historias que nunca pasaban de las cinco páginas. Incluso durante mis años de adolescencia escribí algo de poesía. Sin embargo no fue hasta hace tres años, en las navidades del 2006, cuando me senté a escribir lo que ha sido mi primera novela. Todo surgió de la forma más extraña. Intentando ordenar la cantidad de papeles que tenía (y tengo), en el rincón de mi casa destinado a mí, cuando rescaté una historia de hacía más de 7 años. La releí y me gustó tanto que pensé que esta vez esa historia podría ser algo más que un “experimento”. Y empecé a escribir. Y la historia fue aflorando según escribía, y más ideas y personajes surgieron durante las dos semanas que tenía de vacaciones en aquellas navidades. Y sin darme cuenta tenía ya el germen de mi novela. Después fue un trabajo de muchos meses de ir robando tiempo al sueño para completar la historia que, casi un año después, estaba finalizada. La verdad, es que disfruté mucho escribiéndola. Para mí fue como leer una novela.


P.- Cuando comenté su novela en Acantilados de Papel cité a quienes consideraban adelantados a su tiempo, como Julio Verne o H.G. Wells, pero, por el contenido de esta novela, ¿no puede ser también considerado un adelantado Alberto López González?
R.- Yo no diría tanto, aunque uno de mis lectores me dijo que mi novela no era ciencia-ficción, sino la más pura realidad. Yo creo que casi todas las novelas de ciencia-ficción no dejan de ser más que especulaciones razonables de un futuro próximo, y en ese sentido la mayoría de las novelas muestran cosas que tarde o temprano llegarán a ser realidad. Sí que es cierto que en mi caso, muchas de los temas de los que trato están ya empezando a surgir en la sociedad actual, como el control de los menores o ancianos o las pulseras para violadores y acosadores… sin embargo en mi novela muy mucho más allá. En este sentido espero que no sea un visionario y nunca lleguemos a lo que muestro en ella.


P.- Su idea es la siguiente: cada vez el control de la población es mayor. Cada nuevo día los gobiernos amplían su conocimiento sobre los ciudadanos, y la identificación de las personas se ha convertido en algo prioritario. De ahí salta a la UPI. Hablemos de ellas.
R.- Como he dicho antes, la idea surge de algo que ya hoy en día estamos viviendo. Salvando las distancias, todos los animales domésticos tienen un chip que los identifica. En Inglaterra algunos padres quieren que sus hijos lleven unos relojes con GPS para estar siempre localizados… los ancianos con Alzheimer también poseen pulseras localizadoras, los acosadores llevan tobilleras para evitar que se acerquen a sus victimas, nuestros coches tienen sistemas antirrobo con localizador, nuestros DNIs son cada vez más sofisticados y nos identifican de forma segura… ¿Qué plantea mi novela? Una unión de todo esto y algo más en un único dispositivo; la UPI, Unidad Personal de Identificación. Un pequeño chip instalado bajo la piel, que nos identifica, nos localiza, nos permite comprar, acceder al trabajo e incluso controlar nuestras constantes vitales para avisar a los servicios de emergencia en caso de necesidad. ¿Es esto imposible? Yo creo que no. Es más, yo que acabo de ser padre me encantaría que algo así existiera para evitar casos como los de Madeleine. Hasta ahí todo perfecto, pero en mi novela hay algo más que la mayoría desconoce y que ofrece un control total y absoluto sobre la población. Y como decían en aquel concurso, hasta aquí puedo leer…


P.- ¿Es imprescindible en una novela de ciencia ficción que haya un enorme ordenador capaz de buscar- y encontrar- todo lo que pueda interesar a una corporación (GENESis, en este caso) en general y a su creador en particular?
R.- Para mi novela era imprescindible sin duda; ¿cómo controlar y gestionar la ingente cantidad de información generadas por las miles de millones de UPIs existentes de forma eficiente? Para este fin era imprescindible la exitencia de EMC2, el cerebro que lo gestiona todo. Sin embargo no se puede generalizar y no en todas las novelas del género existe esa figura, ni mucho menos, aunque sin duda es algo con lo que se ha especulado mucho. ¿Realmente en unos siglos existirá un gran sistema que lo gobierne todo (o casi todo) a nivel planetario? Pues no está claro. En este sentido las tendencias van cambiando, y si en los años noventa parecía ese era el camino a seguir (un gran sistema central con ordenadores “tontos” conectados a él), ahora parece que Internet nos lleva a un entorno totalmente descentralizado con muchos pequeños ordenadores que son capaces de trabajar conjuntamente, como ocurre en proyectos como los del SETI para la búsqueda de vida extraterrestre.


P.- Dígame una cosa, mientras escribía la novela, ¿creyó en algún momento que “el individuo se sentía más seguro si sabía que el sistema era capaz de llamar de forma automática a los servicios de emergencia en caso de detectar cualquier problema grave de salud”?
R.- ¿Quién no se sentiría seguro? Mucha gente, sobre todo gente mayor, muere en sus casas, sin que nadie se dé cuenta de ello hasta pasados varios días. Quizá muchos de ellos podrían haberse salvado si llevaran un sistema que monitorizase sus constantes vitales y avisará a los servicios de emergencia. De hecho ya hay prototipos para enfermos graves que están en sus domicilios. De nuevo aquí uso conceptos que empiezan a ser una realidad como la telemedicina.


P.- Durante la lectura de la novela he encontrado momentos narrativos donde se observa la mano de quien conoce bastante bien el mundo de la información.
R.- Sí, me temo que hay en la novela cierta deformación profesional, aunque espero que sea asequible para los profanos. Mi experiencia profesional y académica ha estado siempre ligada a las telecomunicaciones y a las nuevas tecnologías. De hecho he tenido la suerte de haber vivido los comienzos de Internet y de haber participado profesionalmente en ellos, cuando los modems más veloces iban a 19200 bps. En cualquier caso, la novela no es en absoluto de difícil lectura, y si bien se basa en especulaciones técnicas más o menos plausibles, está escrita de forma sencilla y no se precisan de conocimientos de informática para leerla sin problemas.


P.- ¿Qué son las CCA?
R.- Esta es una muy buena pregunta y una de las claves de la novela. Es lo que convierte a mi libro en una novela de ciencia-ficción en vez de una descripción de lo que ocurrirá en cincuenta años.
Las siglas corresponden a “Células Cognitivas Autónomas”. Permíteme que no cuente mucho sobre ellas para no desvelar una de las partes principales de la trama. Sólo decir que son unas agrupaciones celulares desconocidas presentes en todos los individuos menos en unos pocos, que poseen una anomalía genética que impiden que dichas células se asiente. Ellas son las responsables de que las UPIs permitan un control mayor de lo que la población cree.
No puedo decir mucho más, porque además ellas son las protagonistas de la continuación de la novela que ya está en marcha, ya que hay muchas preguntas sin respuestas en la primera novela.
¿De dónde surgen estas CCA? ¿Para qué sirven realmente? ¿Quién las ha creado? Para tener respuesta a todas estas preguntas habrá que esperar a las siguientes novelas de la saga.


P.- Y, por supuesto, el gran descubrimiento, ¿qué es la anomalía de Leeman-Jacobsen?
R.- Es lo que permite librarse del control total. Cómo ya he indicado las CCA permiten un control total de la información de los individuos, menos de aquellos que poseen dicha anomalía. Como no podía ser de otra manera nuestro protagonista posee dicha anomalía y por eso será perseguido.


P.- No voy a desvelar el final de la novela, pero, ¿no se presenta apocalíptico cuando EMC2 decide que no volvería a dejarse programar por ningún ser humano?
R.- Creo que es inevitable un resultado así. Si algún día somos capaces de crear un ordenador, robot, o ser artificial con inteligencia y sobre todo con conciencia de sí mismo, el resultado será ineludiblemente ese. ¿O acaso a nosotros nos gustaría que alguien nos dijese todo el rato qué hacer o qué no? Me temo que es un final inevitable.


P.- Ya que hablamos de nuevas tecnologías. Su novela responde a los
nuevos campos que se abren para el mundo editorial. ¿Dónde puede encontrarse su novela?
R.- Actualmente mi novela sólo puede adquirirse por Internet, bien en formato electrónico o bien en formato tradicional en papel gracias a la autoedición, en bubok.es. En cualquier caso estoy intentando ampliar la disponibilidad del libro incluyendo tiendas tradicionales, pero los pasos son lentos. De todas formas en mi página,
http://www.historiasdehojalata.com podréis acceder a toda la información de última hora.


P. Una pregunta más general. En su novela nos presenta un mundo ideal, no sé si la centra en este momento histórico o en el futuro más o menos cercano. Pero, dígame, ¿qué ha ocurrido con el cambio climático, con el deshielo de los casquetes polares, con la desaparición de los grandes glaciales, con la contaminación atmosférica...?
R.- Digamos que yo soy optimista, aunque día a día empiezo a replantearme mi postura.
La verdad es que creo que aún estamos a tiempo para parar y revertir la situación. Si no lo somos, sin duda el escenario será muy distinto, y pasaremos de una sociedad del bienestar a una sociedad de supervivencia. Pero eso creo que sería una muy buena idea para otra novela…


P.: Terminaré preguntándole cómo ve el ingeniero de telecomunicaciones el futuro de los libros.
R.- Sinceramente creo que el futuro de los libros se puede asemejar a lo que pasó hace un siglo con los caballos. Antes de la llegada del automóvil la gente se movía a caballo, bien de forma individual o bien en carro tirado por caballos. Con la llegada del automóvil y sus claras ventajas frente al caballo, éste fue desapareciendo de nuestras calles, pero no de nuestras vidas. Hay mucha gente que tiene caballos, que aprende a montar a caballo… hay campeonatos de monta, de doma etc… incluso tenemos policía a caballo. ¿Por qué razón? Creo que por motivos que van más allá de lo práctico, por motivos sentimentales o de placer. Mucha gente disfruta paseando a caballo por el campo aunque iría más rápido y más lejos en coche o en moto.
Bueno, pues creo que con los libros va a pasar algo parecido. Sin duda un libro electrónico posee innumerables ventajas frente al libro tradicional, sin embargo el libro tradicional tiene algo de placer, de disfrute, con su olor y textura que hará que permanezca siempre entre nosotros.
Mi previsión es que los formatos físicos están abocados a convertirse en un mercado de nicho, pero no sólo en los libros, sino en la música o en el video. Los libros en veinte años se venderán como ahora se venden los vinilos, para aficionados, fans y coleccionistas. Y ojo que digo veinte años y creo que estoy siendo muy conservador.


Ha sido un placer charlar con usted de ese sombrío futuro que nos presenta en Proyecto #194. Muchas gracias.
El placer ha sido mío. Es mi primera entrevista y espero que no sea la última. Muchas gracias a ti por el magnífico trabajo que realizas para la divulgación de los autores noveles.

jueves 28 de mayo de 2009

Hoy en Jumilla: Taller de literatura fantástica


Hoy es el día, 28 de mayo, cuando participaré, a partir de las 17 horas, en el Taller de Literatura Fantástica, en Jumilla, en la Casa de Cultura "José Yagüe", en la Avda. Reyes Católicos, Nº 8.

He preparado mi charla en torno a la cual espero que todos los participantes intervengan para que descubramos qué es la fantasía, qué tiene para que nos llame tanto la atención, no sólo a los niños, sino también a quienes dejamos de ser niños hace más de cien años y, por supuesto, cómo se escribe fantasía.

Intentaré conocer qué leen, cuando leen, cuanto leen... en fin, cumplir los objetivos en una charla de alrededor de 40 minutos.

Este taller está organizado por David Mateo, quien ya tiene uno en marcha en Yecla, del que os hablé hace un año, y coordinado por Claudio Cerdán.

Hablaré sobre el proceso creativo en general y sobre El rey de las esfinges.

miércoles 27 de mayo de 2009

Eduardo Segura prologará La oscuridad infernal


Durante la estancia de Eduardo Segura en Murcia, para la presentación de su obra más reciente, J.R.R. Tolkien: Mitopoeia y mitología, reflexiones bajo la luz reflactada, le pedí que prologase la tercera y, posiblemente, última parte de La cólera de Nébulos.

Estuvo encantado y dispuesto a hacerlo. Ya os lo puedo adelantar. Se llevó un manuscrito casi definitivo de la novela, os diré que más extensa que las dos entregas anteriores. Mientras él lee el manuscrito y prepara el prólogo, yo iré perfilando los retoques definitivos de una obra que ya han leído Antonio Caballero, Carmen Clemente y otros amigos que suelen leer los manuscritos.

El la fotografía, los citados más éste que os escribe.

martes 26 de mayo de 2009

Taller de literatura fantástica de Jumilla, 28 de mayo


Os recuerdo, por si os pasáis por el lugar, que el próximo día 28 de mayo participaré en el Taller de Literatura Fantástica, que se está celebrando en Jumilla, en la Casa de Cultura "José Yagüe", en la Avda. Reyes Católicos, Nº 8.

Este taller está organizado por David Mateo, quien ya tiene uno en marcha en Yecla, del que os hablé hace un año, y coordinado por Claudio Cerdán.

Hablaré sobre el proceso creativo en general y sobre El rey de las esfinges.

Me han informado de que son quince los alumnos del taller. La cita, a las 17 horas del día 28 de mayo.

lunes 25 de mayo de 2009

Caballero de dragón, de Pedro Camacho


Pedro Camacho presentó hace relativamente poco tiempo su última novela, de literatura infantil-juvenil, titulada Caballero de dragón, que ya he leído y comentaré dentro de poco en Acantilados de papel.

Quiero agradecerle la cita del apartado Agradecimientos.

domingo 24 de mayo de 2009

sábado 23 de mayo de 2009

Una noche inolvidable: mis poemas nuevamente leídos en Argentina

AFV PRODUCCIONES
PRESENTA

A:




CARLOS FERNANDEZ

Y

ADRIANA VALOR

¡OCTAVO AÑO EN EL AIRE ¡

PROGRAMAS 1.113/1.114

Carlos Fernandez y Adriana Valor

los invitan:

Sabado 23 de MAYO 2009 - 21 hs.

( hora de buenos aires )

"UNA NOCHE INOLVIDABLE"

en vivo escuchalo por:

www.radiosentidos.com.ar

RADIO SENTIDOS: TEL. (0054) 11.5256.4310

LOS POETAS ECLECTICOS DEL MUNDO…LA MUSICA DE TODOS LOS TIEMPOS...

CONDUCEN:

CARLOS FERNANDEZ

Y LA PARTICIPACION ESPECIAL DE:

ADRIANA VALOR

SABADOS DE 21 A 24 HS. (hora de bs.as)

poetas convocados


argentina

jorge luis borges - mario iaquinandi - susana roberts - javier catanzaro - griselda provens - elsa patterer - patricia arguello - fany jareton - molly bic - graciela casartelli - raul lelli - marta lia brossa- sebastian olaso - liliana chaves - adolfo zutel - dario leiva -


españa

francisco javier illán vivas - katy dominguez -

viernes 22 de mayo de 2009

Hablando de libros con Eduardo Segura


Eduardo Segura (Oviedo, 1967) es licenciado en Historia Moderna y doctor en Filología. Autor de J.R.R. Tolkien, el mago de las palabras (Casals 2002), y de El viaje del anillo (Minotauro 2004), ha traducido y editado, junto a Guillermo Peris, Tolkien o la fuerza del mito: la Tierra Media en perspectiva (LibrosLibres 2003) y, en colaboración con Thomas Honegger, Myth and Magic, Art according to the Inklings (Walking Tree Publishers 2007). Es asimismo autor del ensayo Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis (Cénlit ediciones 2008). Entre sus proyectos inmediatos se encuentra un estudio conjunto sobre la adaptación El señor de los anillos dirigida por Peter Jackson. Actualmente es profesor de Estética, de Filosofía Política y de Literatura y Filosofía en la Europa Cristiana, en el Instituto de Filosofía Edith Stein, de Granada.

Le entrevistamos tras la publicación de J.R.R. Tolkien: mitopoeia y mitología. Reflexiones bajo la luz refractada.

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Pregunta.- Su libro reúne ensayos escritos entre 1997 y 2008 y en ese largo periodo usted mismo nos cuenta que su reflexión se ha hecho más profunda, consciente, erudita e informada por numerosas lecturas, experiencias y conversaciones.
Respuesta.- Sin duda. El estudio constante es la única vía de acceso al entendimiento profundo de cualquier objeto de estudio. Lo que al principio de mis trabajos académicos eran sólo intuiciones, se han convertido en convicciones, o bien han quedado matizadas o incluso desmentidas en el camino de encontrar esforzadamente la verdad. Considero que esta actitud es la única válida en el mundo universitario —y en la vida—, pues la honestidad se revela camino seguro de descubrimiento de la verdad y, por tanto, de servicio al mundo. Los prejuicios son siempre anteojeras que empobrecen el espíritu y tornan mezquina la razón, un instrumento maravilloso que nos ha sido dado para buscar la verdad, encontrarla y amarla.

P.- Hay algunas ideas que, durante la lectura este libro, he destacado, y que me gustaría que las comentásemos. La primera de ellas es que Tolkien crea una mitología en el siglo xx.
R.- No me cansaré de repetir que Tolkien no es el padre de la literatura fantástica moderna, como se repite sin cesar en todas partes. Se trata de un error simplista, fruto de la mercadotecnia. Tolkien fue un filólogo que escribía mitos, es decir, relatos vivificados desde dentro por la capacidad que el lenguaje posee para dotar de credibilidad a las invenciones de la imaginación, capacitándolas para reconstruir un pasado ucrónico profundamente verosímil y deseable. Tolkien compuso su mitología enraizándola en una tradición literaria cuyos jalones abarcan desde Homero hasta los románticos, pasando por las sagas nórdicas, Beowulf, Chaucer, Spenser, Milton o el Kalevala. Fruto de su conocimiento de primera mano —intelectual e íntimo, connatural—de los textos fundacionales de la literatura europea, el Profesor Tolkien fue capaz de hallar un nuevo modo de posicionarse frente a los horrores del siglo xx, emergiendo desde las trincheras de la Gran Guerra como un coloso capaz de mostrar que había esperanza en medio de las lágrimas y el sinsentido. Toda su mitología es la historia de cómo una progresiva decadencia no deriva necesariamente en la desesperación, sino que puede conducir al gozo íntimo y trágico de la redención.

P.- Pero Tolkien no subcreó sólo una mitología, sino una auténtica teología del arte, lo que usted denomina estética teológica.
R.- En efecto. Tolkien dedicó muchas horas de reflexión al proceso de creación artística, que él llamó subcreación. Si somos imagen y semejanza de un Creador, entonces aún creamos según la ley en la que fuimos creados: según la ley de los mundos posibles que proceden de la palabra, del Lógos. Hay una profunda raíz teológica en esa intuición. El hombre deviene subcreador, un dios (en el más noble de los sentidos) capaz de inventar (es decir, de encontrar) mundos posibles en la potencialmente infinita riqueza de significado de este mundo. La estética teológica presente en Tolkien es vivificada por su convicción de que la forma del ser del mundo es luminosa y polisémica: las palabras, los idiomas, son medios para cantar y contar los matices poliédricos de la realidad, como sucede cuando la luz atraviesa un prisma y se refracta en múltiples colores.

P.- Igualmente, usted destaca que Tolkien amaba demasiado las palabras como para negarles su potencial significativo.
R.- Es una consecuencia de lo que acabamos de considerar. Si el mundo como Creación de Dios es fruto de un Lógos (Juan 1, 1-18) y, por tanto, atesora y muestra la infinita riqueza del significado del Creador, entonces las palabras que cuentan el eco del cantar primigenio de la Creación aún pueden recoger los matices de ese canto colosal e íntimo. Las palabras son vehículo de la verdad del mundo, nada menos.

P.- Estamos en tiempos iletrados, y cito textualmente: tiempos de “analfabetismo falaz, necio y orgulloso”. ¿Realmente aspira el misólogo a la creación de un lenguaje no significativo? Y, si es así, ¿realmente somos enanos aupados en los hombros de gigantes?
R.- El misólogo, el mentiroso profesional, aspira a engañar, a retorcer las palabras para vaciarlas de sentido, o bien para transformarlas a su antojo como medio para ocultar la luz. Saruman es un ejemplo extraordinario de este modo de proceder, tan tristemente actual. Es característico del discurso político, especialmente en los últimos cincuenta años, tergiversar las palabras. De ahí que los políticos se nos antojen muchas veces meros charlatanes. Si la verdad no interesa, se acuñan nuevas maneras de decir que, sin embargo, no pueden ocultar sus carencias de significado. Hemos llegado a un equilibrio precario donde se nos intenta hacer creer que las palabras no importan porque son meras cuestiones semánticas, cuando es precisamente por ser eso por lo que no podemos renunciar a defender el sentido de lo que las palabras significan. La historia del pensamiento se apoya, entre otras cuestiones, en el conocimiento pleno del significado que los términos tenían en el pasado, para poder establecer la línea evolutiva del debate. Pero vivimos tiempos lerdos, bastos, en los que parece más fácil obviar el camino de esfuerzo que supone y exige el aprendizaje, pues no hay nada más maleable que la masa humana a quien se puede decir qué consigna debe repetir. No hay más que poner la tele para comprobar que no exagero.
Por eso, si bien es verdad que somos enanos aupados a hombros de gigantes, también lo es que el enano que no haga el esfuerzo de subir a esos hombros egregios, no será capaz de ver nada más allá de su propia pequeñez; y pasará por la vida sin haber vivido.

P.- ¿Son realmente los cuentos manifestaciones antropológicas del deseo de eternidad que late en el alma de cada ser humano?
R.- Sin duda. Los cuentos son formas literarias cuyo origen es casi siempre oral, que realizan el deseo humano de permanecer; que muestran el asombro que el ser humano ha experimentado ante la belleza del mundo, ante la oscuridad del mal y la luz de la bondad, ante la superabundancia con que se nos muestra el ser por todas partes. Los cuentos, las buenas historias —y nuestra ansia de que alguien las relate (o sea, literalmente que las haga otra vez presentes)—, nos demuestran una y otra vez que había en nosotros más tela de la que fue necesaria para cortar el traje de nuestro destino.

P.- No es válida una buena historia mal contada, o una mala historia bien narrada.
R.- Por lo que acabamos de decir: porque el fondo y la forma manifiestan la unidad de lo que la realidad es. La obra artística, pero también un gesto de cariño o una comida bien preparada, iluminan el hecho de que el mundo se nos presenta como forma misteriosa pero armónica; como paradoja radical, pues no podemos ver sin luz y, sin embargo, demasiada luz nos deslumbra. Una buena historia mal contada es el fracaso del arte, la desilusión ante la expectativa desmentida.

P.- La obra de Tolkien es fantástica literatura, no literatura fantástica, como señaló al principio. Es épica, y no fantasía. Poemas transmitidos de forma oral antes que literatura de consumo. Sagas, y no trilogías.
R.- Bueno, creo que éste es el clásico y triste malentendido que hemos heredado de decenios de intereses económicos entremezclados, en este caso, con la literatura. Tolkien generó una forma literaria que, al no ser bien entendida, ha dado lugar a una confusión alimentada por el dinero. De manera que tenemos a un auténtico bardo moderno a quien se ha atribuido la paternidad de, en muchas ocasiones, meras chorradas, seudo-literatura que sólo ha servido para acrecentar las fortunas de algunos espabilados, y para que la mirada superficial juzgase a Tolkien desde el criterio de esos mequetrefes del mercado de intereses que ha devenido en tantas ocasiones el arte desde, digamos, las mala digestión de las vanguardias del siglo pasado.

P.- Casi al final de su libro nos cuenta que el propio Tolkien afirmó en repetidas ocasiones que sus libros habían sido escritos para ser leídos en voz alta. Va a perdonarme mi ignorancia, ¿se ha hecho o se hace esto en algún lugar?
R.- En muchos lugares. Las diversas asociaciones Tolkien de todo el mundo dedican a esta gratísima forma de deleite artístico parte de su actividad, a veces semanalmente. Yo mismo he tenido la fortuna de participar en esas sesiones. Sin duda, la sonoridad del lenguaje de Tolkien —especialmente en el original inglés— muestra la adecuación de ese deseo del autor al hecho de que las palabras, cuando dicen lo que quieren decir —cuando se las deja en la libertad de cantar toda su historia—, deben ser proclamadas en voz bien alta, como pura filo-logía, como amor a lo que ellas encierran.

P.- ¿En qué medida influyó el amor de Tolkien por la naturaleza, el placer por la vida tranquila y la contemplación del tiempo como un inexorable juez y ejecutor de la belleza terrena, en su obra? Ésta es una idea en la que usted insiste, ya que también nos cuenta que él estaba convencido del poderoso efecto que las montañas lejanas, los bosques y las nubes distantes ejercen sobre la inteligencia y la imaginación de cualquier lector.
R.- Vivimos tiempos amantes de lo efímero y lo fútil. Los mensajes sms son una triste y buena muestra de lo que digo: han generado un lenguaje que es como un abortivo, una muestra de cómo las palabras pueden llegar a ser transmisoras del vacío. Por eso Tolkien es malentendido en tantos lugares: porque al exigir un tempo contemplativo en el lector, al colocar el espíritu ante la exigencia de armonizar la vida con los tiempos del mundo y la naturaleza, la prisa y la desorientación llevan al desconcierto de no saber qué hacer con su literatura. Esto es algo que le ha ocurrido también a Peter Jackson en muchas ocasiones durante el rodaje y montaje final de su —por otro lado excelente— película: sencillamente, no ha sabido mirar.
La vida posee su propio ritmo. La armonización de nuestros tiempos interiores con esa exigencia, es camino de aprendizaje para alcanzar la educación de la mirada. Sólo los ojos capaces de descubrir la belleza del mundo serán capaces de no desesperar ante la evidencia del mal y la fealdad. Por eso la buena literatura —todo Arte— es cauce de la esperanza.


P.- ¿En estos quince ensayos cree que ha conseguido, por fin, desvelar la Belleza que hay en Tolkien?
R.- ¡Ojalá! Pero no, ésa es una tarea mucho más ardua e inalcanzable, que probablemente precisará toda una vida de estudio y contemplación. Las obras de arte que en verdad lo son no pueden ser encerradas en los límites de un análisis que, por certero y sabio que llegase a ser, siempre dejaría matices nuevos por considerar. La belleza que Tolkien descubrió remite a otra Belleza; y ese pensamiento, alentador como es, resulta indicador del interminable camino que entretejen los intentos del hombre por alcanzar el meollo de la vida, del mundo, de Dios.

P.- De su libro, me ha gustado mucho el que las notas no estén a pie de página, sino al final de cada uno de los ensayos, lo que hace la lectura más ágil.
R.- Decidimos que así fuera en aras de ganar en claridad a la hora de leer el cuerpo principal del texto. Era difícil que cupiesen también las notas sin que la página quedase demasiado abigarrada. Creo que ha sido una decisión editorial acertada, pues hace más cómoda la lectura y más estético el libro.

P.- Y ya que hablo del libro, me gustaría que nos hablase sobre PortalEditions.
R.- Portal nace como una editorial a medio camino entre la aventura y el sueño de cubrir una laguna en el ámbito editorial actual, especialmente en nuestra lengua. Martin Simonson es su alma mater, gran amigo y él también estudioso de la vida y obra de Tolkien y los Inklings. Procuramos ofrecer al lector interesado una serie de colecciones donde redescubrir a los románticos ingleses y alemanes o la novela gótica, a Tolkien y sus amigos inklings y las antiguas mitologías del ámbito mediterráneo y anglo-germánico, la novelística norteamericana contemporánea o ciertos clásicos de la ciencia-ficción. Hemos agrupado estas colecciones bajo el nombre genérico de Expresiones. Exploraciones, por su parte, es el marco desde el que se ofrecerán al lector estudios de especialistas de reconocido prestigio sobre esos mismos autores y épocas de la Historia de las Letras.
La editorial opera desde Internet, de manera que los libros se adquieren por pedido directo, evitando retrasos, pérdidas y gastos innecesarios. También ofrecemos los libros en formato electrónico.

P.- Ya al final nos cuenta usted que este libro cierra una etapa en la investigación académica que ha venido desarrollando desde 1994, a la vez que abre otra. ¿Qué nos deparará en el futuro la pluma de Eduardo Segura?
R.- Me gustaría probar esa pluma frente al reto de escribir una novela que en verdad merezca ese nombre. En cuanto a mis trabajos académicos, miro ahora hacia un horizonte realmente fascinante, en el que busco situar a Tolkien respecto del romanticismo, mientras sigo ahondando en el estudio de la peculiar estética teológica tolkieniana sobre la que antes me preguntaba.

P.- Hay un apunte que dejé escrito en la página 128, y sobre el que deseo preguntarle. ¿Qué lee Eduardo Segura?
R.- Soy un lector impenitente. No concibo mi vida sin los libros, de la misma manera que no puedo vivir sin mi familia, sin la música, sin el cine, sin Dios. Mis gustos literarios son bastante variados, y no abunda entre mis lecturas la llamada “literatura fantástica”. Por citar algunos ejemplos de lo que he leído en estos últimos meses, al margen de los libros que me sirven de fuente de estudio, aquí va una breve relación: Homenaje a Melville, de Jean Giono; El retrato de Dorian Gray, de Wilde; Vida y destino, de Vasili Grossman; Amaneció de noche, sobre la vida y muerte del gran maestro Narciso Yepes; Dios y el mundo, de Joseph Ratzinger; Naturaleza muerta, de Douglas Preston y Lincoln Child; Marxismo y cristianismo, de Alasdair MacIntyre; Los hijos de Húrin, de Tolkien; Un mundo feliz, de Aldous Huxley; Blade Runner, de Philip Dick; Elena, de Evelyn Waugh; y una antología de poesía romántica inglesa, publicada por Homo Legens. Algunos de esos libros son relecturas.

P. A todos los poetas les hago una pregunta semejante respecto del sentido de la poesía en el mundo actual. Hoy quiero replantearla: en el mundo de las prisas, de la PlayStation, del iPod, del cambio climático, de la aplastante crisis económica, con millones de personas en el desempleo, incluso de esa epidemia recién surgida de México, ¿necesitamos la épica?
R.- Supongo que todos los poetas te habrán dicho que es más que nunca necesaria ahora. Yo comparto esa visión, pero me gustaría matizar. Lo que precisamos es recuperar el contexto espiritual en el que esa mirada adquiere su pleno sentido. Si no, caemos en el riesgo de dejarnos llevar por un espejismo, pensando que la cultura es un lujo, y que se puede construir sin cimientos. No es así. Necesitamos la poesía, el arte, para descubrir que no estamos solos; que somos algo más que materia, y mucho más que burdos “consumidores”. Que pertenecemos a la raza humana, ¡y que la raza humana está llena de pasión!, como decía el célebre profesor Keating en El club de los poetas muertos. Sólo la nueva mirada nos hará capaces de redescubrir, desde el asombro, que lo que verdaderamente es mágico es el mundo que llamamos real.

P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve un amante de las palabras?
R.- En España, negro oscuro. Resulta vergonzoso que a estas alturas la educación siga siendo no ya una asignatura pendiente, sino el arma con la que la estúpida partitocracia ha convertido a generaciones enteras en esclavos de su propia ignorancia, con el fin de perpetuarse en la poltrona. Mientras tanto, pasa el tiempo, y como quien no avanza retrocede, seguiremos perdiendo puestos no sólo en el concierto mundial, sino en la escala de la felicidad personal. Un pueblo que no lee es un pueblo que no sabe siquiera quién es; y ésa es la peor de las esclavitudes, porque sin espíritu crítico no se puede reaccionar, ya que no se ve el problema, ni se puede percibir su gravedad. La generación del 98 vio claramente este problema cuando decían “me duele España”. Ha pasado un siglo, y ahí seguimos.
Lo que no debemos hacer es pactar con esta triste situación, sino trabajar cada uno en la medida de sus posibilidades —como haces tú, por ejemplo— para frenar esta huida hacia ninguna parte.

Muchas gracias por ayudarnos a estar al lado de lo sublime y darnos cuenta.

jueves 21 de mayo de 2009

Taller de literatura fantástica de Jumilla


Os adelanto, con una semana, que el próximo día 28 de mayo participaré en el Taller de Literatura Fantástica, que se está celebrando en Jumilla, en la Casa de Cultura "José Yagüe", en la Avda. Reyes Católicos, Nº 8.

Este taller está organizado por David Mateo, quien ya tiene uno en marcha en Yecla, del que os hablé hace un año, y coordinado por Claudio Cerdán.

Me han informado de que son quince los alumnos del taller. Espero colgaros unas fotos en su momento. La cita, insisto, es el día 28 de mayo a las 17 horas.

miércoles 20 de mayo de 2009

Blanca ya tiene un año

El pasado agosto os presenté a Blanca, o Blanquita, como la llamamos, y os contaba que llegó a casa en mayo de 2008.

Pues bien, ya ha cumplido un año entre nosotros y sigue siendo una sorpresa cada día.

Os contaré que le encanta subirse a mis piernas mientras me ve escribiendo en el ordenador.

martes 19 de mayo de 2009

Desnudaré en Poetas de hoy


El pasado sábado 9 de mayo subí un nuevo poema al sitio Poetas de hoy, en esta ocasión Desnudaré, que aparece en mi primer poemario, Con paso lento, y que ha tenido muy buena aceptación entre los lectores, por lo que puede leerse en los comentarios.

Os invito a leerlo, si no lo habéis hecho ya, y a comentarlo, si os apetece: AQUÍ.

lunes 18 de mayo de 2009

La llamada de la espada y la nueva fantasía


Así se llama el sitio de Rayco Cruz: La llamada de la espada, donde el pasado octubre incluyó un artículo, del cual creo que no me había hecho eco, titulado La nueva fantasía y, donde repasando a los autores y autoras nacionales, me cita con el siguiente texto:

Francisco Javier Illán Vivas: este prolífico autor, con diversas incursiones previas en la literatura, se embarca con La Maldición: La cólera de Nébulos, libro I (Nausícaä, 2006) y su secuela El rey de las esfinges, La cólera de Nébulos, libro II (Loto XII, 2008) en el género fantástico con gran éxito entre los aficionados aparte de ser un asiduo de las jornadas literarias y encuentros por toda la geografía española.

Sólo me queda agradecerte, Rayco, esas palabras.

Si queréis entrar a La llamada de la espada: AQUÍ.

domingo 17 de mayo de 2009

sábado 16 de mayo de 2009

Calderón de la Huerta


Me ha sorprendido agradablemente, podéis suponerlo, este lugar, y esta entrada que se refiere a quien os escribe cada día.

Muchas gracias, Calderón de la Huerta.

Podéis verlo AQUÍ.

viernes 15 de mayo de 2009

Hablando de libros con Luis Leante


Luis Leante nació en Caravaca de la Cruz en 1963. Licenciado en filología clásica. Ha publicado el libro de relatos El criador de canarios (1996), y varias novelas entre las que destacan Paisaje con río y Baracoa de fondo (1997), El canto del zaigú (2000), El vuelo de las termitas (2003), Academia Europa (2003) y Mira si yo te querré, ganadora del Premio Alfaguara 2007. También es autor de literatura juvenil: La puerta trasera del paraíso (2007), y Rebelión en Nueva Granada (2008). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Conversamos a propósito de su última novela, La luna roja.
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Pregunta.- Quiero comenzar por esta cita de su novela, casi al comienzo, ...”y varias libretas con notas para una novela que llevaba aplazando una década”, es para mí uno de los puntos fuertes de La Luna Roja: comprender cómo se escribe una novela, conocer el proceso de gestación de, casi un mágico juego de espejos, de la que estamos leyendo.
Respuesta.- La línea principal de la novela es precisamente eso: una reflexión sobre el proceso que hay detrás de una novela. Hablo, por supuesto, desde mi experiencia aunque me consta que en la mayoría de los escritores hay unos lugares comunes que se repiten. Y en el proceso de gestación hay muchas libretas, muchas notas, muchas horas de reflexión sobre lo que uno va a escribir. Las ideas surgen casi siempre de forma espontánea, pero enseguida se contaminan con muchos otros elementos que van subiéndose a la novela de forma natural. Cuando me siento a escribir y redactar el primer párrafo, lo normal es que detrás haya horas, a veces años, de dedicación a esa idea. El proceso de escritura es la etapa final, y no siempre la que más satisfacción produce. Lo que yo quería contar es precisamente qué hay antes del primer párrafo, o de la página en blanco.


P.- El día de la presentación de la novela en Murcia, y lo he destacado en el comentario sobre la misma, dijo usted que aún le parecía un misterio que el autor se encerrase meses, o años, para escribir una novela, aislarse del mundo, de su familia, y vivir en ella las veinticuatro horas del día. ¿No es ese un motivo para volverse loco, al contrario de lo que piensa Emin, que escribe para no enloquecer?
R.- El proceso de escritura es, al menos en mi caso, un acto de aislamiento. Uno pasa de vivir en un mundo a hacerlo en otro donde eres una especie de dios. Sin embargo, tienes que convivir cada día con ese otro mundo real. Pero vives la realidad como si fuera un libro; y lo que estás escribiendo, como si fuera real. Es el mundo al revés. Cuando estás mucho tiempo así (puede ser entre uno y seis años los que dedico a una novela), terminas teniendo la sensación de vivir fuera del mundo. Y eso, a veces, produce serios conflictos. Yo me refugio en la literatura para vacunarme contra la realidad, pero desde fuera puede dar la sensación contraria: que estoy enloqueciendo. Es complicado explicarlo, porque entramos en el mundo de las sensaciones. Precisamente para eso, para tratar de explicarlo, escribí La Luna Roja. Lo cierto es que si alguien está conforme con el mundo que le rodea, vive sin conflicto y acepta todas las reglas, difícilmente tendrá la necesidad de escribir. La escritura es una forma de rebeldía, aunque en algunos casos pueda conducir a una “aparente” locura.


P.- Emin y René, los dos personajes principales de La Luna Roja. Le aseguro que había momentos, durante la lectura, en que no sabía si estaba ante dos personajes o ante uno solo.
R.- De eso se trata. Los dos protagonistas son como el positivo y el negativo de una misma fotografía. Tienen muchas cosas que los distancian, pero precisamente sus puntos comunes terminan por confundirlos. Son como dos líneas trazadas en el espacio que convergen y se separan continuamente. Y, cuando se unen, no es fácil diferenciarlas, porque son exactamente la misma cosa ante los ojos de quien las contempla.


P.- El escritor frustrado, y traductor cansado, René Kuhnheim, a quien su editora le acusa de llevar once años en la misma página de su vida, hay un momento que decide que escribirá “aquella historia que tantas cosas tenía en común con mi propia historia”. ¿Cuánto hay de su personaje, o de sus personajes, en Luis Leante, además del título del primer libro de ambos, El criador de canarios?
R.- Hay muchas cosas, a veces pienso que demasiadas, tanto en el traductor como en el escritor. Pero todo está modificado de forma artificial, podría decir, que es en lo que consiste la creación literaria. De otro modo, habría escrito una autobiografía en vez de una novela. Más que en la vida de los personajes, mi vida se refleja en el concepto que ellos tienen sobre la vida y la literatura; unas veces porque coincide con el mío, y otras por todo lo contrario. La novela es una mezcla de todo esto. Está construida con guiños constantes a la gente de mi entorno y a mí mismo. Si decidiera hacer un estudio sobre los personajes de la novela, podría demostrar que la gran mayoría de los personajes son reales, aunque sus circunstancias y características se mezclan. Es una especie de contaminatio, como la que hacían los comediógrafos latinos al adaptar y refundir varias obras de autores griegos.


P.- He citado a Leandro Davó, y aunque permanece casi siempre en segundo término, incluso olvidado, por el desenlace final, su relación con Aurelia, el inicial momento que aprovecha para invitar a René a su Club de Lectura, me parece de más importancia de la que realmente aparenta. Y con ello quiero decir: en su novela hay muchos mundos, muchas emociones.
R.- Leandro Davó es, junto a la polifacética Ángela Lamarca, uno de los personajes más reales de la novela. Leandro (nombre ficticio) es una persona a la que conocía hace años y que en la actualidad dirige un Club de Lectura en la Universidad de Alicante. Precisamente el Club de Lectura con el que arranca la novela. Yo asistí a una sesión exactamente igual a la que se narra en el primer capítulo, en el mismo lugar (el Museo de la Universidad), y en las mismas circunstancias. Todos los detalles que se cuentan en esa escena, incluida la gotera, la orquesta que ensaya al lado y la mujer que llega tarde y llama la atención del protagonista, son rigurosamente reales. Por eso Leandro desempeña un papel importante como motor de lo que luego se va a desarrollar.


P.- Derya, Orpa, Tuna, Berta, nuevamente vidas casi paralelas, que pueden confundirse.
R.- En la vida real, las personas se cruzan y se separan por un azar aparentemente caótico. Pero esos cruces ofrecen al escritor las mejores historias para disfrutar y hacer disfrutar a los lectores. Yo creo mucho en el azar, en los acontecimientos fortuitos que pueden cambiar la vida de las personas. Vamos, más que creer lo que hago es vivir convencido de que eso es así. Y, cuando escribo, se refleja en los libros. Si miramos hacia atrás en nuestra trayectoria, es fácil llegar a la conclusión de que nuestra vida es un cúmulo de acontecimientos y de personas que caminan paralelas a nosotros, se cruzan en nuestras vidas, se confunden y a veces desaparecen. Es más, yo pienso que eso ocurre cada día y a cada momento. Y, por supuesto, si la literatura tiene como punto de partida la realidad (aunque no tiene que ser así necesariamente), lo lógico es que eso se refleje en los libros y en las historias que los llenan.


P.- Porque La Luna Roja, que puede parecer una novela policíaca, que no lo es, o una de misterio, que tampoco aunque lo tiene y mucho, es una gran historia de amor.
R.- Lo de que pueda parecer una novela policíaca o de misterio es un juego más dentro de los juegos literarios y equívocos que se producen a lo largo de toda la novela. Como habrá visto, en este libro nada es lo que parece. Ni siquiera el amor. En realidad yo hablaría, más que de una historia de amor, de una historia donde tienen mucha importancia las pasiones, y entre ellas por supuesto está el amor. Lo mejor en estos casos es que cada lector la interprete según su criterio. Los libros tienen esa virtud: no son necesariamente obras cerradas de una única interpretación.


P.- En Mira si yo te querré también encontrábamos una bella historia de amor, y la relación con el mundo árabe. ¿Es ese mundo el único que mantiene el misterio o son imágenes atrapadas en el tiempo, como el libro de fotografías antiguas que tanto gustaba a René?
R.- Esta novela tiene poco que ver con el mundo árabe. Estambul es una de las ciudades más ricas que existen culturalmente desde griegos y romanos, hasta llegar al imperio otomano, porque se ha cimentado una civilización basada en el mestizaje. Lo único que une a esta ciudad con el mundo árabe es la religión, y precisamente esto es algo que no aparece en la novela, excepto cuando se cruza alguna mezquita en la descripción del paisaje. El misterio está en las personas, en el pasado, en los secretos que cada uno lleva dentro y que se van revelando a lo largo de la novela. Se parece más a ese libro de fotografías que todos llevamos en la cabeza y que a veces conservamos en papel.


P.- ¿Ha conocido a escritores que han sentido lo que Emin Kemal sobre Nerval: llegó a la conclusión de que el poeta francés le había robado sus pensamientos cien años antes de nacer?
R.- Sí, yo mismo tengo continuamente esa sensación. Lo que ocurre con la literatura es que muy pocas veces se mira hacia atrás. Pero si volvemos la vista al mundo clásico, o más cerca, al siglo XIX, vemos que muchos de los pensamientos e incluso los argumentos literarios están esbozados o desarrollados hace mucho tiempo. Finalmente, uno concluye en que las razones que mueven a alguien a escribir no son muy diferentes a lo largo de la historia. Y de esa base común surgen cosas que se parecen. Creo que hay mucha gente que al leer a un poeta, a un novelista, o a un filósofo descubre que aquellos pensamientos son también suyos. Es algo bastante frecuente. Pero a veces se puede llegar al límite cuando uno encuentra las palabras precisas que dan vuelta en su mente sin haberse materializado aún en el lenguaje escrito. Esto puede provocar una gran satisfacción o una enorme decepción. En mi caso ocurre lo primero, pero no deja de inquietarme.


P.- Hay una escena donde describe los sentimientos de todo autor ante su primera obra: René tocó el primer ejemplar y fue algo místico. Lo abrió, olió la tinta, lo miró desde todos los ángulos...
R.- Me parece que es algo común en todos los escritores. Yo sentí precisamente eso cuando tuve mi primer libro entre las manos a los veinte años. Y lo he vuelto a sentir hace un par de meses con esta novela. No sé si es algo místico, pero se parece. Al fin y al cabo, el libro es una criatura engendrada por el autor, y a veces la gestación y el parto son largos y complicados, con una mezcla de satisfacción e inseguridad difíciles de precisar.


P.- Y pocas páginas más adelante, un mazazo: René estaba orgulloso de su libro, hasta que descubrió que la gente arrancaba el prólogo de Emin Kemal y dejaba el libro en las estanterías.
R.- Eso es otro guiño a la realidad. Tengo dos amigos poetas que tuvieron una experiencia idéntica. Publicaron un libro de poesía escrito entre los dos (algo poco común entre los poetas) y visitaron a Luis María Panero en el manicomio de Mondragón para pedirle un prólogo para el poemario. Panero se lo escribió, y lo publicaron. El libro era extraordinario; es extraordinario, debería decir, porque los libros nunca mueren. Pero en una visita a algunas librerías de Madrid un librero les confesó que había encontrado varios ejemplares a los que los clientes les habían arrancado el prólogo para llevárselo. Me pareció algo tan inusual y tan relacionado con el espíritu de La Luna Roja, que decidí incluir esta anécdota en el argumento.


P.- Doctor Pasavento de Vila-Matas. ¿Por qué cita ese título en el imaginario Club de Lectura de Leandro Davó y no otro?
R.- Otro guiño a la realidad. Ese libro fue la lectura de una tertulia literaria a la que asisto desde hace años. Es una novela muy buena, a mi juicio, que provocó acaloradas discusiones entre los tertulianos. Llevamos años reuniéndonos para hablar de literatura, y después de mucho tiempo sigue recordándose aquella tertulia como algo mítico. Hasta el punto de que una de las participantes, que defendió la novela acaloradamente como yo, pasó a llamarse desde entonces y por su propia voluntad “Doctora Pasaventa”. Precisamente ella, la Doctora Pasaventa, es el personaje de Ángela Lamarca en mi novela. La historia es un laberinto literario y real, no sé si un juego de espejos o de espectros, pero un juego a fin de cuentas. Aunque sea un juego muy serio.


P.- He citado de pasada su anterior novela con Alfaguara, Mira si yo te querré, que supongo revolucionó su vida personal y profesional.
R.- Fue un cambio cuyas consecuencias aún estoy viviendo. Al principio me pareció que sólo afectaría a la literatura, y que la vida profesional seguiría su camino como antes. Pero lo cierto es que ha sido como un terremoto que me ha sacudido hasta los cimientos. Tuve que elegir entre tratar de seguir mi vida como antes, o aprovechar la oportunidad que se me presentaba. Y después de tremendas convulsiones, a veces terribles, decidí subirme a este carro literario. El tiempo dirá si me he equivocado o no.


P.- Alicante, donde usted vive, y Estambul, donde creo que pasó un periodo de vacaciones tras la batahola de la presentación mundial de Mira si yo te querré. ¿Decidió en ese momento el nacimiento de La Luna Roja, o existe la cafetería del mismo nombre?
R.- Los escenarios de la novela son tan reales que apenas tuve que molestarme en reinventarlos. En concreto, el café La Luna Roja existe, pero no se llama así. Lo encontré en uno de los callejones de Estambul, como detenido en el tiempo, inmerso en su decadencia igual que muchos barrios de la ciudad. Ese café fue el motor que me impulsó a escribir la novela; el café y lo que uno intuía entre sus paredes llenas de inscripciones antiguas y olor a humedad.


P.- A usted le gusta apasionar al lector. ¿Cómo escribe usted? Se lo pregunto por que ya hemos dicho que René llevaba años en la misma página, y que Emin lo hace con lentitud.
R.- Yo también estuve muchos años en la misma página. Esos años los defino como “la travesía del desierto”. Fueron años en los que escribí mucho, gané muchos premios y apenas publiqué nada. En realidad fue una travesía voluntaria, porque a los veintitrés años creía que ya era un escritor, y me di cuenta de que había que recorrer un largo camino iniciático y de aprendizaje para llegar a parecerme a un escritor. Después, todo fue más fácil, si es que hay algo fácil en literatura. No sé si apasiono al lector, pero lo que si es cierto es que me apasiono con lo que escribo, o trato de apasionarme. Si uno lo consigue, es más fácil conectar con el lector. De todas formas, yo nunca fui tan pusilánime con la literatura como René. Creo.


Ha sido un auténtico placer cruzar el puente Gálata con usted.

miércoles 13 de mayo de 2009

Repercusiones de la presentación de Los martes de luna llena


Cuando ya pensaba que había terminado con los agradecimientos a quienes se han hecho eco del nacimiento de la antología de Los martes de Luna Llena, me encuentro con esta entrada en la bitácora de David Mateo, La sombra de Grumm, a quien se lo agradezco.

Podéis conocer La sombra de Grumm AQUÍ.

martes 12 de mayo de 2009

Unas imágenes de La noche recia

Anoche, como os comenté en la entrada de ayer, estuvimos en el programa de Encarna Recio, La noche recia, en el 92.4 de FM y también a través de internet en revivefm.es, lo que permite al programa ser escuchado y seguido desde todo el mundo.

Marcelino Menéndez González y quien os escribe, estuvimos durante una hora de agradable charla con Encarna Recio, quien al final, nos regaló con un poema de su autoría.

domingo 10 de mayo de 2009

Y al séptimo día, descansó

Y mira tú por donde, yo estoy de acuerdo con estas palabras, me parecen muy coherentes:


Yo diría que el problema del sida no se puede resolver tan sólo con dinero, que es importante, pero si no hay un alma, si no hay gente que sepa cómo usarlo, el dinero sólo no ayuda. Si no hay un alma, si los africanos no se ayudan entre ellos, no se puede resolver ese flagelo con la distribución de preservativos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema". (Benedicto XVI)

sábado 9 de mayo de 2009

El rey de las esfinges en Ágora, papeles de arte gramático


En el número 15 de la revista de creación literaria, se publica la reseña que sobre El rey de las esfinges, escribió José María Fernández-Luna, y que podéis ver en la imagen superior.

Sin pincháis sobre ella, se agrandará.

viernes 8 de mayo de 2009

Hablando de libros con Marta Serrano

Marta Serrano Martínez nació el 7 de junio de 1985 en Murcia. Su primer cuento lo escribió con siete años y su primera novela, cuando apenas tenía doce. En su adolescencia ganó varios concursos literarios, pero dejó esta afición un poco apartada por falta de tiempo cuando acabó sus estudios en el instituto.
Es técnico superior en integración social y diplomada en educación social. Trabaja como educadora social en un centro de acogida de mujeres en riesgo de exclusión.
Con La huida de César resultó finalista en el VII Premio Hontanar de Narrativa Breve 2008.

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Pregunta.- Su primer cuento lo escribió con siete años y su primera novela, con apenas doce. ¿Qué buscaba? ¿Verse a través de la escritura para conocerse a sí misma?
Respuesta.- Cuando eres un niño no buscas nada, sólo haces las cosas que te gustan porque te gustan, sin más. No hay otra motivación. La escritura para mí era una afición a la que le dedicaba mucho tiempo, me gustaba inventar personajes e historias. Y aunque en el momento de escribir esas historias el fin no era conocerme, ni hacer de la escritura una catarsis, sí es cierto que leyendo hoy lo que escribía entonces puedo medir un poco mis estados de ánimo en esos momentos. Además, tampoco se puede decir que yo haya sido una persona muy sociable en mi adolescencia, más bien todo lo contrario. Soy bastante tímida, solitaria. Y la soledad es requisito indispensable para crear. Así que supongo que lo de escribir es algo que “me vino”, no lo busqué.


P.-Los personajes de esta novela tienen una visión descorazonada y llena de amargura del mundo.
R.- Están en ese momento que todos hemos tenido alguna vez de decir: todo es una mierda, ¿para qué intentarlo? Ellos no encuentran otra satisfacción en la vida que el estar juntos, compartir historias, cervezas y cigarrillos. Ese sentimiento de apatía ante el mundo que les rodea es común en los adolescentes, pero lo normal es que luego salgan de ahí y decidan moverse, cambiar cosas. Si no a grandes escalas, al menos sí en su vida. El problema es cuando un chico decide quedarse ahí, en el “no se puede hacer nada”. Porque no es cierto, siempre podemos hacer algo más. Y a ciertas edades lo que tenemos es lo que nos hemos buscado, porque hemos tenido tiempo para “hacer” y no hemos hecho nada.


P.- Se puede leer en la contraportada que todos experimentan diferentes formas de huir, aunque no saben de qué. ¿La juventud actual tiene algún horizonte desconocido?
R.- La juventud no tiene horizontes, no hay límites a ninguna edad. Los límites están en nuestra de cabeza. Y en este caso hablamos de jóvenes que huyen, de miedo al compromiso, a sufrir, a no saber lo que quieren en el futuro, miedo a que el amor no sea “para siempre”… pero los miedos no son algo que atañe sólo a los adolescentes. De adultos también tenemos miedos, sólo que son diferentes. Yo siempre digo que los miedos no se pierden con el paso del tiempo: se transforman en otros.


P.- Cuando te acercas a la gente, te hacen daño. Cuanto más te das a conocer, más vulnerable eres. Más saben de ti, y averiguan cuáles son tus puntos débiles... Descorazonadas palabras de César, el personaje de su novela.
R.- Pero son ciertas. Las personas que tienen el poder de hacernos daño son aquellas que más nos conocen, aquellas que queremos, que nos importan. Si intenta hacernos mal alguien que nos es indiferente, que no conocemos, o que conocemos pero no nos importa… esa persona no tiene ninguna capacidad de dañarnos, porque no es nadie para nosotros. A César le pasa eso. Alguien que quería alguna vez usó ese cariño para hacerle daño, por eso ahora no puede confiar en nadie. Porque tiene miedo de darse a conocer a la gente y sufrir otra vez. Un miedo muy respetable, por otra parte.


P.- Debo confesarle que me ha sorprendido la cantidad de tabaco que fuman los personajes de su novela.
R.- El hecho de que fumen tanto es simbólico. Encender un cigarro para los fumadores es como un momento de reflexión, exhalar el humo despacio, hacer pausas entre frases… Igual que lo de beber cerveza. Beber cerveza en compañía suele dar lugar a buenas conversaciones, buenos ratos. Aunque he de decir que yo no fumo.


P.- Por cierto, y se lo pregunto por qué asistí a un debate sobre cuando una narración es una novela o un cuento, ateniéndose a la extensión. ¿La huída de César qué es para su autora?
R.- La Huída de César iba a ser una novela. En mi cabeza tenía muchas ideas para continuar esta historia. De hecho la sensación que queda al terminar de leerla es que quedan cabos sueltos. Es como ¿ya está? ¿Esto es todo? Lo que ocurre es que lo que tenía escrito se ajustaba a las bases del Premio Hontanar de Narrativa Breve, creo recordar que eran máximo treinta folios, así que decidí presentarlo tal cual, porque por sí sola la historia tiene sentido. Pero si no me hubiesen publicado esta historia, la habría continuado y sería mucho más extensa. No sé, los personajes me gustan mucho, tanto César como Sofía, y me hubiese gustado… pero no importa. La historia acaba ahí, y cada cual que la interprete como quiera.


P.- En una reciente charla, Luis Leante comentaba que aún le sorprendía el misterio que llevaba a una persona a encerrarse meses o años para escribir una novela, aislarse de su familia, vivir la novela las veinticuatro horas del día. ¿Cómo es el proceso creativo de Marta Serrano?
R.- Pues es un proceso lento, supongo que como para la mayoría de escritores. Antes de escribir cualquier cosa las historias llevan mucho tiempo en la cabeza, imagino los diálogos, la situación, los personajes… y una vez que todo eso está definido me pongo a escribirlo. Pero no es cosa de un día, ni de un mes. Pero yo nunca utilizaría la palabra “aislamiento”. Porque creo que las relaciones sociales no son incompatibles con el proceso creativo. Hay que saber administrar el tiempo, como con el resto de cosas que tenemos en la vida.


P.- La huida de César, ya lo he comentado en su biografía, fue finalista del premio Hontanar de narrativa breve en 2008. Siempre he sentido curiosidad por conocer el proceso que lleva a una autora o a un autor a mandar una obra a un certamen literario.
R.- Nunca me había presentado a un concurso literario a nivel nacional. Había ganado varios pero siempre en la Región de Murcia. Y un día mirando bases de concursos literarios encontré éste en León, y me dije ¿por qué no? Al final me salió mejor de lo que esperaba, porque si hubiese ganado el primer premio me hubiesen dado un dinero en metálico que ya habría gastado. De esta forma no gané, pero a una de los miembros del jurado le gustó y decidió editarlo. Y ahora este libro es algo que me quedará siempre, eso es más importante que cualquier premio económico.


P.- ¿Qué ha significado para usted quedar finalista del premio Hontanar de narrativa breve? ¿En qué le ha cambiado la vida, si es que lo ha hecho?
R.- La vida no me ha cambiado. Para mí ha sido algo bonito, una de esas cosas que deseas cuando eres niño pero nunca piensas que podrás conseguir. No es algo muy común, o fácil de lograr. Pero por lo demás mi vida sigue igual. Lo que sí ha cambiado es la gente conmigo. Yo he escrito desde siempre, y nadie había mostrado especial interés en leer lo que escribía. En cambio ahora, parece que lo que escribo de repente despierta su curiosidad. Y eso me resulta hipócrita. Porque yo escribo igual de bien (o de mal) ahora que antes de publicar La huída… Pero la gente sólo ha empezado a mostrar interés ahora. En esta sociedad la gente mira mucho los “reconocimientos” y todo eso. Y no debería ser así, porque hay mucha gente buena, con mucho que decir, que por desgracia nunca ha tenido la oportunidad de ver sus palabras publicadas.


P.- ¿Cómo se enfrenta ahora la autora a sus nuevas obras? ¿Con mayor responsabilidad?
R.- No, mayor responsabilidad no. Sigo escribiendo igual que siempre, sin pensar en que hay alguien al otro lado que puede juzgar lo que hago. Me parece más auténtico eso que intentar escribir algo con moraleja. Creo que escribir con la intención de transmitir, de dejar un mensaje en el lector, ir en plan moralista… es un error. Es subestimar al lector. Mis personajes hablan como hablaría cualquier persona de la calle, pero en ningún momento doy a entender cuál es el punto de vista correcto, donde está la verdad. Eso que lo decida cada uno. No creo en las verdades absolutas. Y tampoco confío en quien cree saberlas todas.


P.- No quiero terminar sin preguntárselo, aunque no pueda decírmelo, ¿a dónde huyó César?
R.- César probablemente esté con un nuevo grupo de amigos de los que acabará por huir cuando vea que se está acercando demasiado. Así que se irá mientras esté a tiempo de salir ileso.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la educadora social?
R.- ¿El futuro? Igual que ahora. Los libros van a estar ahí siempre. Para muchos serán parte de la decoración de la casa y los tratarán con total indiferencia, y otras personas los tomarán como parte imprescindible en su vida. Eso ha pasado siempre, pese a que ahora siempre dicen que la gente lee poco. Pero los que leemos seguiremos haciéndolo, por mucho que cambien las cosas a nuestro alrededor.


Muchas gracias y le confieso que ha sido un auténtico placer conocerla.