domingo, 29 de marzo de 2009

Hablando de libros con José Ignacio Becerril (nachop)


Nacho Becerril, "Nachob". Escritor aficionado muy aficionado a escribir, lleva dos años publicando cuentos e historias en diversas páginas de Internet con mayor o menor fortuna.

Como buen hobby dedica al mismo más tiempo del que debería, y como resultado de su primer año se ha regalado un recopilatorio de relatos titulado "Un año de palabras", que a juicio de los elegidos lectores tiene tantos aciertos como ausencias de tildes.

Este segundo año de su vida literaria se ha empeñado en participar en el mayor número de certámenes, antologías y publicaciones que pueda, quedando finalista en varios e incluso ganando alguno de ellos. Ha sido seleccionado para la antología “Fabricantes de Sueños 2008” con su relato Vlad. En la actualidad, sigue siendo feliz escribiendo.
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Pregunta.- La primera pregunta, a la vista de su libro, es casi obligada. Además, teniendo en cuenta que hace breves fechas Luis Leante fue objeto de noticia y, no precisamente por la literatura, sino por el Ojo. Dígame, ¿por qué escogió El-ojo-que-todo-lo-ve como avatar? Y lo cito como Juan Ángel Laguna Edroso lo nombra en el prólogo de Un año de palabras.
Respuesta.- Esto de los avatares es algo muy curioso. Encontrar una imagen que te defina, o al menos te identifique, es siempre un compromiso, pero en mi caso fue harto difícil, porque siempre he huido de etiquetas. Pero al cabo de unos días me di cuenta de que mi actitud durante esa etapa de mi vida era de expectación, observándolo todo, aprendiendo. Yo sentía que era tiempo de asimilar, tanto como escritor como por persona, ese doble e intrigante mundo que se abría ante mí: por un lado la creación literaria, y por otro la posibilidad de compartirla gracias a la red.

Posteriormente comprendí que esa actitud abierta nunca debe desaparecer, y que se compagina perfectamente con mi afinidad por el elemento argumental en los relatos (“yo sólo cuento historias...”), con lo que decidí mantenerla, hasta ahora, en que ya es indisociable de nachob.


P.- Un año de palabras es su primera obra publicada en papel. Cuando escribí sobre ella dudé en definirla, ya que el lector encontrará cuento, novela corta, pensamientos, incluso ensaya escribiendo. ¿Cómo se ve a sí mismo José Ignacio?
R.- A mi me gusta mucho un termino que utilizó precisamente Juan Ángel en uno de sus artículos de opinión: protoescritor. Alguien que adora la escritura, que sueña con ser escritor, y que se esfuerza día a día por conseguirlo. Que lo consiga o no ya es secundario, porque yo soy de los que opinan como Llach que Itaca no es un lugar donde llegar, sino una senda que recorrer. Es en el camino donde se disfruta y se realiza uno, y lo mejor que en realidad te puede pasar es no llegar nunca. El día que diga soy escritor, parecerá que he dejado de avanzar, de crecer, y que sólo me queda tumbarme y morir.

En todo caso ‘Un año de palabras’ es un recopilatorio que recoge todo lo que escribí en el primer año en el que me convertí en nachob. Es un camino de superación y conocimiento personal, y por eso hay un poquito de todo. La crónica de cómo la red nos permite poner en contacto nuestra aficiones y sueños, y obtener la retroalimentación necesaria para poder continuar y disfrutar.


P.- Trescientas setenta y siete páginas, casi lo hemos dicho antes, para abarcar muchos de los géneros (narrativa, terror, fantasía, ciencia ficción). Recuerdo que en Sedice.com le llamaron trovador, juglar, bardo. ¿Hay algún género donde el autor se encuentre más cómodo?
R.- Más que género tengo un estilo definido, muy dado a la narración y menos al diálogo. Suelo tender a ser muy expositivo, un contador de historias. Incluso a veces puede que condense demasiado la acción en aras de un mayor impacto del argumento. Muchas veces me han dicho que de mis relatos se podrían sacar novelas, e incluso que a veces parecen resúmenes de estas. Pero, en primer lugar, no me creo aún preparado ni con tiempo para afrontar tal envergadura de reto, y, por otro, me gustan más los relatos que las novelas. Parafraseando a un clásico de la novela negra, lo que no se puede matar de una bala no se puede matar, lo que no se puede contar en un relato, no merece ser contado.

Yo busco una historia que valga la pena, me da igual el género, y luego trato de encontrar la mejor manera de hacérsela llegar al lector, de que le transmita las emociones y sentimientos que produce en mí. ¿Cómodo? Cuando siento la historia, cuando se mete dentro de mí, y sé que vale la pena. Entonces.


P.- Me gustaría hablar de algunos relatos en concreto. Por ejemplo, Reflejos de un espejo cóncavo. Háblenos de este relato y del espejo que había en casa de sus padres.
R.- Este ha sido uno de los relatos que más he rehecho en mi vida. Probablemente se debiera al hecho de que no tenía en sí un argumento, sino que sólo pretendía reflejar una emoción que siempre me transmitieron los espejos, y el recuerdo de una historia de miedo que contaba cuando niño a mis amigos cuando dormían en mi habitación y se miraban en el espejo que hay en ella.

Esa es otra de mis características, y es que doy muchas vueltas a los relatos, los rehago una y otra vez, tratando de pulirlos, sacarles todo su jugo, buscarles la última vuelta, el giro final, el sentido más profundo. Es difícil que me conforme si no estoy satisfecho, e incluso muchos de los relatos que componen el libro ya han sido retocados posteriormente a su publicación.


P.- En Ratas, usted experimenta con el tiempo, es un relato contado hacia atrás en el tiempo.
R.- Como buen estudiante he tratado de aprender y practicar en todos los campos. Ya he comentado que me encantan los relatos, más que la novela, y creo que formalmente permiten jugar mucho con ellos a la hora de contar una historia, que no siempre tiene porque ser lineal. Enredar con el tiempo, con dos o más acciones a la vez, dejar que la historia vaya desarrollándose poco a poco, hasta que al final acabe cuadrando, encajando, y adquiera un sentido completo e incluso nuevo, me parece que es lo que un autor debe aportar a sus lectores.

No se trata sólo de contar algo divertido, sino hacerlo de un modo entretenido, que enganche al lector y no lo suelte hasta el final. Una de las cosas más bonitas que me han dicho es que mis cuentos atrapan y no quieres soltarlos hasta que los acabas. Tal vez por eso me llamen bardo. Quiero, necesito, agarrar al lector y decirle ¿quieres que te cuente algo? ¿quieres que siga?...

He de reconocer que siempre he sido un buen contador de anécdotas y que al calor de un bar con una cerveza en la mano me salen las mejores historias. En esas situaciones, no hay mejor premio que el brillo en los ojos de la persona a quien se la estas relatando, ese sentimiento de haber conseguido que todo, salvo lo que le estas diciendo, ha desaparecido para ella.


P.- Es usted un escritor que le gustan los finales efectivos, pero sorprendentes. El Tirano y No hay prisa, que me parece un relato excelente, son claros ejemplos de ello.
R.- Empezar siempre es más fácil, porque el lector aporta su propia imaginación a un argumento apenas insinuado. Pero conseguir rematar un relato es la guinda que hace que sea recordado. Muchos relatos acaban decepcionando al lector, y eso es porque prometen más que dan. En este sentido hay relatos que encaro como una corrida de toros, una faena en la que hay que templar al lector y conducirle, con su connivencia, pero sin que él lo sepa, hasta donde quieres llevarlo, para luego dejarlo con un buen sabor de boca. Es un juego en el que si consigues la complicidad del lector, puedes llevarlo al carrusel afectivo que el relato te produce a ti mismo. Por eso no hay que tener prisa (sic), sino saber mantener el ritmo hasta el final.


P.- David Rodrigo, otro de los prologuistas de su libro. Y creo que sería conveniente aclarar que ha escogido un breve prólogo para cada relato, para cada parte de su libro. Bien, decía, que me parecen muy acertadas las palabras de David Rodrigo en Dios es un cruel amante: muchas veces se puede encontrar una pequeña gotita de genialidad encerrada en un envoltorio de diamantes. Una minúscula joya.
R.- Este relato es uno de mis favoritos. Esta basado en hechos reales, juntando varias historias, y me dolía simplemente escribirlo. En su momento fue un relato un poco incomprendido, que se tacho de melodramático, y eso me chocaba porque precisamente era el más real de todos. Y eso es doblemente triste. Pero es gracias a criticas y comentarios como los de los compañeros de la página como se consigue aprender y avanzar. Por eso el libro es también un homenaje a ellos y a todos los que nos comunicamos día a día gracias a la pequeña ventana abierta al mundo que tenemos la suerte de poder disfrutar en nuestros propios hogares.


P.- ¿Veremos alguna vez realizada esa posibilidad que nos adelanta en el relato de ciencia ficción De hombres y de máquinas, a Arnold Schwarzenegger interpretando el papel de Ricky en Casablanca?
R.- Eso es seguro. La realidad virtual acabará imponiéndose a la real, por un simple proceso evolutivo. Somos básicamente química, y desde comer chocolate hasta implantarnos electrodos, la búsqueda artificial de la felicidad forma parte de nosotros mismos. Con la tecnología actual, a saber adonde llegaremos.

Desde luego, a poder elegir los protagonistas, argumentos y finales de cualquier película (¿no recordáis la moda que hubo hace años de colorear artificialmente cientos de largometrajes en blanco y negro?), y, un poco más adelante, a poder vivirla nosotros mismos. Nos convertiremos en parásitos de emociones ajenas, y pagaremos para poder sentir un amor arrebatado correspondido o la sensación de triunfo de un campeón olímpico. El mercado del ocio nos ofrecerá convertirnos en Nerón cantando a una Roma en llamas, Dartañan abatiendo enemigos con su espada, Luke Skywalker a punto de destruir la estrella de la muerte o la masa en pleno ataque de furia. Y, entonces, ¿quién querrá despertar?


P.- Vlad comienza, de la mano del prologuista Manheor, con una cita de Sócrates: el germen de la imaginación nace de la capacidad de ofrecer nuevas visiones sobre temas eternos. Esta novela corta trata de personajes que, ahora mismo, en el cine, en la televisión, en la literatura, tienen una presencia casi monopolizante.
R.- Este relato surgió como un reto personal para presentar en el certamen Ociojoven de relatos cortos. Me plantee escribir cuatro relatos independientes para presentarlos a sus distintas categorías, pero que estuvieran conexos, que hablasen del mismo personaje desde estilos distintos (narración, teatro, primera persona, etc...) y desde géneros distintos (fantasía/histórica, terror, sentimental y ciencia ficción). Y muy pocos personajes se pueden prestar a ello salvo alguno tan intenso y atemporal como Drácula. Otra cosa es tratar de abordarlo de manera original, cosa que siempre se trata, aunque con desiguales resultados.

Se puede contar lo de siempre de distinta manera, o algo nuevo de la manera de siempre, o algo nuevo de distinta manera, o simplemente, algo bello o emotivo...

Otra cosa son las modas, o ese miedo a arriesgar que los seres humanos tenemos, y que, probablemente, sea una buena virtud, al menos para sobrevivir como especie. Tan importante como la temeridad de ciertos individuos para hacerlo.


P.- Dígame, ¿tiene toda ópera prima las mejores virtudes y los peores defectos?
R.- Tiene todo lo que uno es capaz de dar en ese momento. Y como arriesgas más, y sabes menos, vas más a carne viva, sin piel, dispuesto a todo pues poco tienes que perder. En ese sentido si que puede ser más auténtica.

Yo ahora cuido más lo que hago, y puede que eso le reste la pureza y audacia de mis primeros intentos. Aunque intento contrarrestarlo riéndome mucho de mi mismo y abandonándome todo lo que puedo a la locura y a los delirios libertinos.


P.- ¿Cuánto hay de experiencia propia en los relatos, en el contenido de este libro?
R.- Lo que uno hace es reflejo de lo que uno es. No en las historias, gracias a dios, pero si en las emociones que se traslucen tras ellas. Su concepto moral y sentimental, lo que en ellas se transmite, es lo que hay en mi. Horda es un compendio de lo que a mi me resulta épico y emotivo, y cada relato reproduce algo que a mí me gusta o emociona. Soy mi primer lector, y por tanto me tiene que gustar el primero a mi.


P.- ¿Qué autores le han influido? Y no me refiero sólo a los clásicos, que también, sino a esos desconocidos o menos conocidos que se mueven por la red, por Ociojoven, por Sedice, por ¡¡Ábrete Libro!!.
R.- Aquí ya me pierdo, porque tendría que contestar todos y ninguno. El ojo que todo lo ve siempre está abierto para aprender, para imbuirse en todo lo que le rodea, la sociedad y el tiempo que le ha tocado vivir. Pero me resultaría difícil encontrar puntos de referencia concretos o conscientes. Si que es verdad que en un momento dado notas más la influencia de algo que acabes de leer o conocer, pero estar en constante evolución hace que enseguida lo fagocites y lo incluyas en tu propio acervo.

Eso sí, como ya he dicho, es gracias a los comentarios y opiniones de los demás como uno quiere y puede continuar.

Otro fenómeno que si he observado que gracias a leer relatos de compañeros con espíritu critico y constructivo, surgen muchas ideas, solventas muchas dudas y aprendes de sus aciertos y errores. Como una gran escuela virtual de donde puedes sacar tanto como metas, y donde la generosidad es ampliamente recompensada.


P.- Se define usted en su bitácora como un autor reciente, de hace un par de años para acá, y ya hemos visto que toca casi todos los géneros y modos literarios. ¿Ha escrito poesía?
R.- No me siento capacitado para tal dominio del lenguaje, ni de las emociones. Soy mucho más prosaico, mucho más dado a la fábula. No suelo leer poesía, reconozco su mérito, pero simplemente yo voy por otros derroteros.


P.- Tal vez esta pregunta sea un tópico. Pero creo que a nuestros lectores les interesará saber cómo ve el mundo de la literatura fantástica y de ciencia ficción.
R.- Creo, que al igual que otras artes creativas, nunca se ha hecho tanto y tan bien. La universalización de la educación y las comunicaciones, las nuevas tecnologías y el acceso generalizado a la información ha hecho desaparecer la escasez o limitaciones de otras épocas. Hoy en día hay mucha gente preparada y entusiasta que sabe escribir, un mercado muy asequible y gran facilidad para que las ideas se transmitan y germinen.

Por eso para mí el problema no está en la oferta sino en la demanda. Basta acudir a una librería, o darse un paseo por la red, para ver la increíble variedad y número de libros tanto en estos géneros como en cualquier otro. Y, al igual que nos pasa con la música o el cine, el problema no está en acceder a ellos, sino en elegir y hacerlo bien. Por mucho que avancemos, en este campo, y hasta que descubramos como descargarnos vía USB esta información directamente en el cerebro, sólo podemos leer un libro, escuchar un disco y ver una película a la vez, con lo que el límite de nuestro consumo está en nuestra condición humana (tengo un relatillo sobre como la autentica revolución en la longevidad no se producirá viviendo cuatrocientos años –como se prevé-, sino cuando consigamos aplicar la velocidad de los procesadores artificiales a nuestro cerebro, y leer la enciclopedia británica, y reflexionar sobre lo que en ella se dice, todo en cuestión de milésimas de segundo, Cuando podamos contar toda nuestra vida a un conocido vía cable en un suspiro –al final, todos seremos uno o, más bien, legión-).

Es en esa dificultad de elección donde se produce el problema. Estamos hablando de un mercado que tiende a la saturación, y donde se aplican cada vez más agresivas técnicas comerciales y de marketing para conseguir lectores, y, consecuentemente, el refuerzo moral y económico que suponen. Las grandes empresas del sector tratan por todos medios de demostrar que sus productos son los mejores y convencer para que sean consumidos en detrimento de los demás: publicidad, control de las distribuidoras, uso abusivo de los espacios en las tiendas, llegando incluso al recurso dudoso de la critica y los premios subvencionados.

Éticamente puede ser reprochable pero en realidad este tipo de prácticas se ven a todos los niveles, incluso en los certámenes y publicaciones de aficionados más humildes (es común ver relatos publicados con comentarios con manifiesto halo de autobombo, o simplemente mirar como funcionan las votaciones de los concursos abiertos a las mismas que no ejercen ningún tipo de control previo). Yo he visitado páginas para pedir reseñas donde se me indicaba que directamente les hiciera llegar yo mismo la que quisiera. ¿Cómo fiarse entonces de su fiabilidad y honestidad?

Es ahí donde la red, además de este papel de globalización y comunicación que tanto hace avanzar a la creatividad, puede tener un papel fundamental. Y es gracias a personas como Paco y otros que cada día se esfuerzan en conocer y dar a conocer lo que pasa en este mundo, como podemos tener datos suficientes con los que tomar decisiones con buen criterio.

Suelo comentar que puede que el mejor relato jamás escrito repose olvidado en un cajón de la mesilla de una atribulada ama de casa. Y puede que sólo gracias al milagro de la red un día podamos disfrutarlo y aprender de él.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve?
R.- Con las salvedades señaladas con anterioridad, creo que leer siempre se leerá. El lenguaje oral y escrito sigue siendo nuestra forma fundamental de comunicarnos, y mientras no podamos conectarnos y transmitirnos la información con ceros y unos, necesitamos hablarnos y leernos para poder realizarnos como seres humanos.

Otra cosa es el formato papel... Pero eso sólo tiene importancia para los que ya hemos superado esa etapa de la vida donde crees que aún dispones de todo el tiempo del mundo, apreciamos más como este nos arrastra sin remedio hacia ese lugar donde dicen que más allá sólo hay monstruos, y la melancolía nos impregna como lluvia en otoño (como veis, uno no puede dejar el vicio de novelar ni aunque quiera)


Muchas gracias.
Gracias a ti por esta oportunidad, y un fuerte abrazo a todos.
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