domingo, 18 de mayo de 2008

Cartografía de los mundos de fantasía

(Laugea, el mundo que recorrieron Eleazar y Eostes, por Antonio Caballero Martínez)

Decía un especialista que, cuando afrontamos un género que cuenta con las ambientaciones fantásticas y los mundos imaginarios como uno de sus ingredientes principales, cualquier ayuda que reciba el lector a la hora de situarse en el entorno en el que se mueven los personajes será poca. Ese ha sido uno de los motivos de la popularización de la cartografía fantástica, el uso de mapas que ilustran los libros de fantasía.

Para mí, y se lo escuché también a otro autor, abrir un libro es un acto de penetración en la intimidad de la mente de una persona que, normalmente, nos es ajena. Él lo clasificaba de un acto de perversión, yo no tanto, pues cuando el libro llega a nuestras manos es por que el autor o la autora quieren que nos adentremos en sus más profundos sueños. Que los conozcamos. Y una de las mejores maneras de hacerlo es a través de un mundo soñado.

El nivel de detalle de ese mundo variará según el grado de definición, pero por lo general será suficiente para guiarnos a través de sus sueños.

En la popularización de la cartografía fantástica tiene mucho que ver, como en todo cuanto nos afecta, Tolkien y El señor de los anillos, puesto que "añadía a su abrumadora erudición y su obsesión por las lenguas una pasión por los dibujos y los mapas, y ya en la primera edición de El hobbit incluía un mapa, dibujado de su puño y letra." (Mundos de Fantasía, Estudio Fénix, 2004).

Pero, y a pesar de ello, aún existen escritores que pensamos, bueno, yo ya tendría que decir que pensaba, que los mapas son algo secundario y, hasta cierto punto, limitan su imaginación y la de los lectores. Pero también están los que han seguido el ejemplo del maestro hasta las últimas precisiones, como Ursula K. LeGuin, quien dibujó el mapa de Terramar, con sus casi infinitas islas. Claro que, para mundo especial, Terry Pratchett, y su Mundodisco: un mundo plano sostenido por cuatro elefantes que andan sobre el caparazón de una tortuga gigantesca que vaga por el universo.

Me llama la atención, y no soy al único, el hecho de que, con muy pocas excepciones, la disposición de los mundos fantásticos se parece a la geografía de nuestro mundo: en el norte se suelen encontrar parajes helados, las zonas del sur suelen ser desérticas o tropicales y, en los casos más extremos de razas que habitan en el sur y el en este suelen tener casi los mismos rasgos a los pobladores de los continentes asiático y africano de nuestro mundo real, tan amenazado de muerte por el Cambio Climático.

Yo no hice ni una cosa ni otra, me quedé a medio. Perfilé los contornos de un mundo, al que llamé Laugea, como saben los lectores de La Maldición, la primera entrega de La cólera de Nébulos, y tuve la suerte de conocer a Antonio Caballero Martínez y que él, un buen amigo desde ese momento, se decidiese a leer todos mis apuntes para dibujar el mundo por el que se mueven Eleazar y Eostes e, incluso, perfilar los contornos y geografía de esas ignotas regiones que sólo se citan de pasada y, en el mayor de los casos, sólo se nombran.

Creo que esta entrada no estaría completa sin la inclusión a citas de unos lugares que os recomiendo visitar y leer (además de los que os he enlazado a lo largo del comentario), de Pepa Casino:

Mundos fantásticos y su representación gráfica.
1ª parte.
2ª parte.
3ª parte.
4ª parte.
5ª parte.

Por cierto, estoy preparando un ensayo sobre la cartografía de mundos fantásticos. Si tú tienes tu mundo fantástico, házmelo saber, que la añadiré aquí y en la Enciclopedia de la Fantasía y ciencia ficción.
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