viernes, 9 de noviembre de 2007

Respuesta al comentario de Enrique Timón

La maldición, el primer libro de la trilogía de La Cólera de Nébulos, nos devuelve a los orígenes clásicos de la narrativa fantástica. Recuerda a las grandes narraciones de la antigüedad: La Odisea, el mito de Perseo, los trabajos de Hércules, los argonautas. Todos ellos están de algún modo presentes en la mente del lector cuando se adentra por sus páginas. Francisco J. Illán Vivas, su autor, nos ofrece una historia palpitante, con el aroma de las grandes epopeyas de los clásicos, aderezadas con un ritmo de la narración muy contemporáneo y un lenguaje culto que le da una atmósfera arcaizante, pero sin excesos verbales.

Hola.

Ha pasado un poco de tiempo, pero ahora lo tengo para responder a estas cuestiones que, tras la lectura de la novela, me propones.

Me confieso culpable de todo cuanto apuntas respecto a esas grandes epopeyas que me han acompañado siempre y que, por supuesto, forman parte de nuestra cultura occidental, de la cultura que dio nacimiento a un mundo culto, especial, donde hoy podemos escribir lo que escribimos.

Diplomado en criminología y autor de varios libros de poemas, este poeta y escritor murciano consigue sumergirnos en la Eterna lucha del Bien contra el Mal (nunca mejor dicho porque sus protagonistas son “eternos”, una raza que ha conseguido dominar el transcurso del tiempo). A través del Ojo del Tiempo, que todo lo ve, Nébulos seguirá las peripecias de su hijo, Eleazar y su fiel amigo y seguidor Eostes, para conseguir desterrar La Maldición. Mientras el propio Nébulos universida vive un desgarrador conflicto. Eleazar y Eostes han violado la ley al adentrase en Occidenter, y por ello le inflige un durísimo castigo; pero al mismo tiempo su corazón desea el triunfo de su hijo y su alegría se desborda tras cada obstáculo superado.

También he creído que estos principios, ese conflicto desgarrador, está en nuestra tradición judeocristiana y que, para ser respetuoso con ella, no voy a adentrarme más en la explicación.

Su parentesco con la mitología clásica va mucho más allá de la propia estructura narrativa de la saga, muchas de las denominaciones e incluso la forma de referirse a las filiaciones familiares están directamente inspirados en la mitología griega. Los propios personajes de Nébulos y Carmesí recuerdan mucho a Zeus y Hera. Tampoco faltan elementos de origen bíblico, como el propio nombre de Eleazar (o su apodo durante el castigo, Canaam) o incluso préstamos de la mitología nórdica (como Asgard o los Trolls). Los acontecimientos, sin embargo, no suceden en ninguno de estos mundos mitológicos, sino que el autor se vale de estos “prestamos” para hacer familiar al lector el complejo universo en que se desarrollan los acontecimientos, facilitando la absorción de una considerable cantidad de lugares, historia y nombres, que de otro modo habría dificultado su comprensión.

Bravo por tus apreciaciones, cuando escribí la novela, indudablemente influenciado por mis lecturas hasta ese momento, sabía que la utilización de determinados nombres de rasgos semíticos orientales facilitaría, aún sin un mapa, la formación mental del lector de un mundo que, entre brumas, podría discernir, que le sería cercano; palabras que le traerían recuerdos, pues todo ello está en nuestra cultura, como decía Juan Luis Cebrián, en la cultura del vino.

Pero la mitología antigua no es el único recurso utilizado para poblar un mundo tan rico en detalles. Existen también muchos paralelismos con los mundos creados por Robert E. Howard. Quizá uno de los más evidentes es el relativo a los Homosaurios y Homoserpientes. Directamente sacados del universo de escritor de Texas, donde incluso poseen idénticas cualidades como la de simular su apariencia. El autor, Francisco J. Illán, va dejando pistas deliberadas de sus fuentes: Así denomina Astegia (por Estigia) al territorio de los Homoserpientes, quienes denominan a su reino Kemi (nombre de la capital de Estigia en el mundo de Howard).

Bueno, te diré que los egipcios antiguos llamaban Kemi a su reino, y Khaset al desierto, de ahí tomé los nombres. Supongo que el maestro Howard hizo lo mismo en su momento. Astegia fue un nombre que me propuso mi hermano José Ramón, ahora mismo no sabría decirte por qué, pero no me extraña que tuviese ese ascendente howardiano, aunque él era un seguidor empedernido de El Príncipe Valiente.

La influencia de Robert E. Howard resulta patente pese a las también evidentes diferencias en el estilo narrativo. Francisco Illán posee la prosa fresca de Robert E. Howard, esa agilidad para las descripciones épicas. Más notoria es aún la inspiración netamente howardiana que está presente en muchos pasajes, sin menoscabo de su originalidad que derrocha a raudales. Así, el episodio en que Eleazar recupera a Dragonia, una espada legendaria cuyo poder habría palidecer a Excalibur, trae a la memoria a “La cosa de la cripta”. La torre del mago Safardeus, sus muros, sus guardianes y el modo en que se enfrenta a Eostes evocan bien que lejanamente algunos sucesos de “La torre del Elefante”. Los afros necrófagos de Unahuma recuerdan inevitablemente a “Sombras de Zamboula".




Todo esto que apuntas es para mí una enorme satisfacción. ¡Ojalá a los lectores de La Maldición le traiga esos recuerdos! Me sentiré enormemente satisfecho.

Se echa de menos un glosario, aunque el autor cuenta con uno muy detallado en su Web http://www.illanvivas.com/apendice.htm . También sería estupendo contar con un mapa, algo que me consta que el autor incluirá en el próximo volumen de la saga, titulado
El Rey de las Esfinges, y en próximas ediciones de La maldición, que ya va por la tercera.

Excepto que algún evento precipite las cosas, no habrán más ediciones de esta primera entrega, por los motivos que he ido explicando a lo largo de este último año en diferentes foros y en mi bitácora. El mapa existirá en la siguiente entrega “El rey de las Esfinges”, que se encuentra a la espera de la respuesta de una editorial. Pero si las condiciones no me parecen interesantes, se quedará guardada en el cajón. Y cuando digo esto significa que pretendo que el libro pueda llegar a todos los lectores, no sólo a unos pocos, o no a tan pocos que ni me merezca la pena ponerla en el mercado. La experiencia de tu novela, la primera entrega de El último Titán, me ha abierto mucho los ojos.

En definitiva, La cólera de Nébulos no es sólo una gran novela de literatura fantástica, es también una lectura imprescindible por muchos motivos, pero sobre todo por su originalidad. En los tiempos que vivimos, en los que la bonanza de la fantasía épica ha provocado un auténtico aluvión de títulos del género, que repiten hasta la saciedad los mismos esquemas exitosos que todos conocemos, la saga de Nébulos es una bocanada de aire fresco, con el regusto de las viejas aventuras mitológicas. En cualquier caso, para aquellos escépticos que ya crean haberlo visto todo, les recomendaría que le dieran una oportunidad a La Maldición, no se iban a arrepentir.

Gracias. Me alegro de todo cuanto has escrito en este comentario, pues has despertado en mí recuerdos que estaban perdidos desde aquellos lejanos años en que puse las primeras palabras en tres cartas que, con el tiempo, se convirtieron en un proyecto- aún lo es- de más de setecientas páginas.

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