
Os hablaré de ella,
de su risa intangible,
de su mirada cálida y estrellada,
de su cabello como cascada de ébano,
de su blanca piel como la leche,
de sus pechos como granos maduros,
de sus dedos como pétalos de flor,
no es un sueño de opio, no.
¿No escucháis?
¿cómo puedo describiros los colores
si estáis ciegos?
Francisco Javier Illán Vivas
Dulce amargor
Dulce amargor
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