viernes 29 de enero de 2010

Hablando de libros con Javier Carnicer


Sé valiente, y déjate vencer/ Por los que son más débiles que tú./Tal vez así podamos detener/El curso de esta infame evolución.” (Javier Carnicer, “Valor”)

Una entrevista de Joaquín Piqueras

Javier Carnicer es un poeta oscense que vive desde hace ya más de 30 años en Barcelona, en cuya Universidad se licenció en Filosofía. Se trata de un poeta silencioso y meticulosamente riguroso, que no ha sufrido esa enfermedad muy común entre los poetas actuales que es la incontinencia editorial: sólo tiene publicados dos libros: La sombra del obituario vista por su huésped, 1982 (1) y Estuche de lijas / Capsa d´escats, 2008 (2), entre los que media un significativo intervalo temporal de más de veinticinco años.

P.- La primera pregunta parece como casi obligada, ¿por qué has tardado tanto en publicar? Por falta de material no es, porque según tengo entendido guardas varios libros inéditos sin publicar.
R.- La verdad es que soy una persona bastante reservada y acostumbro a separar la escritura pública de la privada. Escribo muchos poemas pero la mayoría de ellos son de carácter muy íntimo y prefiero no hacerlos públicos. Por otra parte, tengo mucho cuidado con los poemas que publico, ya que me gusta estar seguro de lo que ofrezco. Tal vez sea debido a un excesivo respeto hacia la poesía y los posibles lectores.

P.- ¿Te consideras un poeta “invisible”, tal y como indica Eduard Sanahuja en el prólogo de Estuche de lijas? Eduard Sanahuja, por cierto, fue también quien realizó el prólogo de tu primer libro. ¿Tiene algo que ver Sanahuja en tus decisiones de publicar?
R.- En una lija del Estuche podemos leer: “Rayada la canción del nuevo día, no desaparecen los fantasmas, tampoco los vampiros con la luz. Ni las palabras nos hacen invisibles, ni la música siquiera”. En fin, ya me gustaría ser invisible, pero amigos como Eduard Sanahuja, que además es uno de mis poetas favoritos, se empeñan en sacarme a la luz. Más que un poeta invisible sería más bien un poeta escondido, silencioso, recóndito; aunque, últimamente, debido a la publicación del libro y del disco, aparece mi sombra por ahí de vez en cuando. Los otros responsables de que el Estuche saliera a la calle han sido Paco Cantero y Anna Aguilar-Amat, poetas los dos y editora ella. Y, la verdad, no sabía que los libros de poesía se editaran con tanto cariño.

P.- Centrándonos un poco en aquel primer libro - La sombra del obituario vista por su huésped -, hay varias características que lo convertían en un poemario insólito en los años ochenta: su radicalismo expresivo que afectaba a todos los planos del lenguaje; la explotación del elemento lúdico del lenguaje –Ángel Guinda (3) habló en un artículo del “ludiverso” de Javier Carnicer- : acrósticos, juegos conceptistas y barrocos, deliberados juegos fonéticos; intertextualidad; humor negro, libre disposición tipográfica… En fin, era un libro que conjugaba perfectamente juego vanguardista con, pienso yo, hondo existencialismo, patente en la obsesión por la muerte, el nihilismo que lleva a la blasfemia y a la escatología. ¿Qué opinión tienes tú –como autor- de aquel primer libro?
R.- Ángel Guinda, otro de mis poetas más queridos, fue el primero que escribió una reseña sobre La sombra … Este libro fue el resultado de mis primeros tratos con el verso. En esa época estaba muy influenciado por poetas de corte vanguardista, como José-Miguel Ullán (tristemente desaparecido hace unos meses y al que nadie podrá reemplazar) y debido a ésta y otras influencias los poemas se expresaban de una manera muy lúdica y libre. Sin embargo, las ideas que sustentaban aquellos poemas son, de alguna manera, las mismas que encontramos en Estuche de lijas, si bien en éste el componente lúdico y experimental ha cedido terreno a un lenguaje más sencillo y directo, mucho más desnudo y, por supuesto, más claro. Ahora juego más con las ideas que con las palabras. Voy al grano y saco el jugo. Al menos, eso es lo que intento.

P.- ¿Crees que el poeta, que el artista, debe mantener un compromiso ético y estético con su obra? Aparentemente, el compromiso estético parece dominar en La sombra… y el ético en Estuche de lijas, pero ¿en realidad es así? ¿Qué de estético y ético hay en ambos poemarios?
R.- Antes me dejaba impresionar, incluso emocionar, por el componente estético del poema, pero ahora me impresiona y me emociona mucho más el compromiso ético. Los buenos sentimientos también son hermosos y pueden alcanzar cotas muy altas de belleza, por no decir la cima. Me gusta más el desnudo que el disfraz. Una conciencia desnuda y sin máscara realza la mirada. Las ideas son hermosas por lo que ofrecen, no por lo que ocultan. Es hermoso dejarse vencer, ir contra la fuerza, contra el dominio, contra la evolución.

P.- ¿Por qué el título de Estuche de lijas? ¿Puede la poesía lijar la crudeza y la aspereza de la realidad?
R.- El poema como lija, como utensilio manual de naturaleza áspera que sin embargo pule y suaviza las superficies más duras, haciéndolas más habitables, más amables al tacto. La superficie más dura, sin duda, la realidad, esa dureza que ni siente ni padece. El horror, como indiferencia universal, es la cruda superficie que intenta lijar el poema. Para llevar a cabo la faena, el sentido primordial es el tacto, que además actúa como sentido común, como respeto, como piedad incluso, marcando el límite con uno mismo y con los demás, como una especie de termómetro del daño y también de la ternura.

P.- Se ha dicho que el tema esencial del libro es el horror de vivir, y pienso que, efectivamente, tras su lectura se desprende una visión radicalmente pesimista de la vida y del hombre. Presenta al ser humano como un animal monstruoso y competitivo, como un depredador eficiente que nos lleva irremisiblemente a la destrucción. ¿Tan negativo ves el panorama de la existencia?
R.- La mirada de la conciencia nos desnuda cuando reflexiona y así comprueba que el horror causado por el hombre es mucho mayor que el producido por el resto de la naturaleza, siendo ésta inconsciente, irracional e irreflexiva. El hombre posee la capacidad de ser consciente, racional y reflexivo, pero a lo largo de la historia estas facultades humanas van brillando por su ausencia. Tal vez la mala combinación de las cargas racional e irracional nos hace ser tan peligrosos. Somos sustancias explosivas. No estamos acostumbrados a comportarnos como seres humanos, ya que apenas disponemos de antecedentes. El ser humano, de momento, sigue usando nombre falso. El humor mezcla bien los opuestos, también el amor, y la poesía, y la música… Los mundos de la pereza activa, no los de la lucha.

P.- Precisamente en el poema “Panorama” escribes “Uno cae en la trampa de la fuerza y se hace hombre. / Un ser más animal que el animal del que desciende”. Ves “al frente, la sangre como espacio y el dolor como tiempo.” Y no es posible la redención: “ y aquí no llegan ángeles, ni últimos auxilios” y “el cielo sólo anuncia más tormentas”. No guardas ningún atisbo de esperanza para el futuro.
R.- En los últimos poemas del libro he intentado acercarme a la cuestión de la esperanza llegando a la conclusión, nada original por otra parte, de que sólo la podemos encontrar en el amor y, si me apuras, en una farmacia universal, amable, compasiva con los hombres, con los animales, con los elementos de la naturaleza, con las cosas. En fin, la esperanza como amor y como sosiego para todo y para todos. Afortunadamente, soy un poeta enamorado. No necesito otra farmacia.

P.-Por qué el mundo sólo está bien hecho –como escribes en “Todo un caso”- como “crimen, como crimen perfecto.”
R.- La muerte es el caso que nunca resolveremos, el crimen perfecto. Así como la vida está llena de imperfecciones, la muerte, sin embargo, es perfecta en su eternidad. La naturaleza acaba con la totalidad de los seres y en absoluta impunidad, sin juicio alguno y sin pena, como un demente que disparase al azar, siempre en libertad, indiferente, inconsciente. Y venga sufrimiento inmerecido y sangre inofensiva por los siglos de los siglos. Qué derroche.

P.- A lo largo del libro muestras cierta simpatía por los personajes marginados, aquellos que se han rebelado, sin armas y sin odio, contra la barbarie humana: el traidor, el desertor, el cobarde, el disidente, el suicida… Personajes malditos que, sin embargo, poco pueden hacer por cambiar el mundo. ¿Te identificas con ellos?
R.- Me parece que te refieres sobre todo al poema “Lenguas enfermas”, en el que quiero reflejar la mala costumbre que tenemos de confundirnos mediante el uso brutal que hacemos del lenguaje. Llamamos cobardes a los que no luchan, a los desertores, a los truenos que abandonan la tormenta. Llamamos traidores a los que no sirven, a los que no se levantan contra nadie, a los amantes de la pereza, de la belleza y de la paz. Desgraciadamente, vivimos bajo las órdenes del lenguaje bélico, el mismo que utiliza el mercado. Llamamos vago al que no quiere ser esclavo.

P.- En “Homo homini lupus”, llegas a decir que “si el hombre fuera un lobo para el hombre, la vida sería como un sueño”, nosotros los hombres somos muchos más bestias y más feroces que los pobres animales a quienes se nos comparan, y la historia pasada y presente lo puede atestiguar, ¿verdad? Como en una ocasión escribí, el verdadero insulto estaría en decir “el lobo es un hombre para el lobo”, ¿no crees?
R.- Teniendo en cuenta que tú mismo contestas impecablemente, sólo añadir que los animales, al lado de ciertos ejemplares humanos, se comportan como excelentes criaturas. “Pobres lobos, pobres cerdos, pobres machos cabríos. Cuidado con el hombre natural”.

P.- En el “Lamento del misántropo”, al igual que en todo el conjunto del poemario, dices verdades como puños: “el fruto de la lucha es el futuro: hacer la muerte fácil y la vida difícil” y también hablas de la imposibilidad de vivir en paz, de las mismas huellas y las mismas coartadas que se repiten, siempre la “violencia inocente” y “el crimen necesario”. Ante versos como estos, uno se da cuenta de la utilidad, aunque sea a mínima escala, de la poesía como herramienta de denuncia, de su carácter necesario hoy más que nunca; pero ¿puede la poesía, el arte en general, cambiar el mundo? ¿Puede ser hoy en día la poesía un “arma cargada de futuro”?
R.- Gracias por lo de verdades como puños, pero espero que no golpeen sino que acaricien, si no la piel, al menos la conciencia, el pensamiento. Detrás de la lija, la suavidad. No me gustan las armas cargadas, pero sí las pipas cargadas de paz, como la poesía y sus señales de humo.

P.- A partir de la tercera parte del poemario (“Corte de luz”) se ofrece algunas posibilidades de redención. Cómo interpretas ese “Regresar a los árboles, a la rama, al sentido común”. Y por qué entre el humo y la ceniza aún brilla “el corazón, enamorado”.
R.- Como ya he dicho antes, el amor nos ofrece la única posibilidad de redención. Sin libertad y sin frutos, fuera del ambiente de los pájaros, aparece la leña, el humo, la ceniza. Lejos de las alas y del vuelo del amor, sólo encontramos la pesadez de vivir, la gravedad, la caída.

P.- En otros poemas ofreces otra salida al dolor y a la barbarie de la existencia: el suicidio. Así, por ejemplo, escribes en “Vela”: “Si duele venir al mundo, será un placer abandonarlo”. ¿Alguna vez has pensado realmente en el suicidio como solución, o al menos, como decía Cioran, en la idea del suicidio para poder sobrevivir?
R.- Efectivamente, sin la idea del suicidio no podríamos vivir, apresados en una existencia sin ninguna puerta de salida que pudiéramos abrir con nuestras propias manos. La vida sería claustrofóbica, como una especie de catalepsia. Cioran, sin duda, es uno de los grandes trágicos modernos, a pesar de su sentido del humor. El tema de la muerte voluntaria es tan antiguo como la propia literatura. Ya en los orígenes de la tragedia griega, la célebre sentencia de Sileno, el sátiro acompañante de Dioniso, decía más o menos así: “Lo mejor es no haber nacido, pero para quien ya lo ha hecho lo mejor será volver lo antes posible allá de donde ha venido”. La idea del suicidio está íntimamente ligada a la idea de libertad. Uno no es libre para nacer, pero sí para morir. Lo mejor que podemos hacer con ciertas ideas es pensarlas, no usarlas.

P.- “Un suicida se arroja al mar. Y encuentra, en el fondo, un tesoro” (“Premio”)
¿Qué tesoro puede encontrar un suicida que se arroja al mar: uno real, que haga más absurda aún su existencia, o uno metafórico, referido, por ejemplo, a “la suerte de aquellos que no existen” (“Ditirambo”)

R.- Me gustaría no responder a esta pregunta. Cada lector que imagine su tesoro.

P.- Otros asideros existenciales, además del amor, son la poesía y la música. Fuiste el alma mater de los grupos de rock Carnicería Carnicer, Manicomio Romántico y Soledad Anónima; has compuesto canciones a Los Humillados; y actualmente, en este año, has sacado el disco Lijas junto al mítico saxofonista Justo Bagüeste, en el que habéis puesto música y voz a algunos de los poemas de Estuche de lijas. ¿Cómo surgió esta colaboración?
R.- Justo Bagüeste y yo somos amigos desde hace muchos años. Los dos somos de Huesca y hace tiempo que teníamos en mente hacer un disco. Para él no es nuevo el hecho de acompañar su música con voces de poetas, pues ya lo hizo con Luis Eduardo Aute, Jesús Ferrero, Corcobado, Moreno Ruiz y otros. Justo es un músico descomunal, extraordinario, que ya me había dejado en varias ocasiones con la boca abierta, pero con la música de Lijas no he podido cerrarla todavía. Este disco para mí ha sido como un sueño.


P.- Alguien ha dicho que los doce temas que componen Lijas son doce píldoras para curar el alma a golpe de poesía sonora. ¿Tiene distinto poder terapéutico la poesía sonora que la poesía leída?
R.- No tengo ni idea. Aunque sí puedo decir que la poesía y la música son las grandes traductoras del amor, y éste siempre es terapéutico. Es la locura que todo lo cura.

P.- El disco cuenta con numerosas colaboraciones de artistas invitados (Corcobado, Gonzalo Lasheras, Susana Cáncer, Orencio Boix, etc.) y además, para dotar de mayor riqueza al resultado, cada una de las canciones es traducida simultáneamente en un idioma diferente. ¿Por qué esta babel de lenguas? ¿Y por qué esa división de Estuche de lijas en dos partes: la original en castellano y su traducción al catalán? ¿Tal vez es una manera de afirmar la universalidad de la poesía, de la música, del arte en general, que no debe estar sujeto ni a barreras ni a fronteras?
R.- Tú mismo das en el blanco. Yo no lo sabría decir mejor. Como afirma Ramón Irigoyen, “desde que besé a mi primera novia, adoro todas las lenguas”.

P.- Para terminar, ¿qué autores lee y qué música escucha actualmente Javier Carnicer? ¿Cómo ves el panorama literario actual en España?
R.- Hoy podemos disfrutar de una gran diversidad de registros poéticos y de estilos musicales. No me gustan las direcciones únicas. En la variedad está el gusto. En todas partes hay gente excelente. Si buscas, encuentras.

P.-Gracias por dedicarnos tu tiempo y suerte con tus “lijas”.
R.- Ha sido un placer.

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Bibliografía:

(1) Javier Carnicer, La sombra del obituario vista por su huésped, Barcelona, Ediciones picazo, 1982.
(2) Javier Carnicer, Estuche de lijas/ Capsa d´escats, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, Servei de Publicacions, 2008.
(3) Ángel Guinda, "El ludiverso de Javier Carnicer", Heraldo de Aragón, 14 Febrero 1985.

miércoles 27 de enero de 2010

Unas imágenes de la presentación de "La maldición del Rey Sabio". de José Guadalajara

Patrick Erickson, José Guadalajara y quien escribe.

Un momento de la firma de ejemplares.

Concentrado y concienzudo durante la firma de ejemplares.

Como os vine informando, el acto tuvo lugar ayer, 26 de enero, en Las Claras, Murcia, y contó con la presencia de Lola Gracia y de Santiago Delgado, junto al escritor residente en Rivas Vaciamadrid.

Fotos de Toñy Riquelme

martes 26 de enero de 2010

Unos momentos durante la presentación de "El Emboscado"

(Álvaro Peña, Anónima- por decisión propia- Rosa Cáceres y Santiago Delgado)

El pasado día 20 de enero, como os informé, Rosa Cáceres presentó su más reciente novela, "El emboscado", en el Museo Ramón Gaya, y ha tenido la amabilidad de remitirme un par de fotos donde aparecemos con otros amigos.

(Antonio Verdú, Rosa Cáceres, Álvaro Peña)
Más sobre la presentación, en la bitácora de Rosa:
Con el corazón en la mano.

lunes 25 de enero de 2010

Nacimientos Famosos



Para mi sorpresa, en la página de este sitio, en Libra, aparezco entre los famosos, lo cual es de agradecer al administrador o administradora del sitio.

Ver la entrada original AQUÍ.

domingo 24 de enero de 2010

Y al séptimo día descansó

El Parlamento europeo ha pedido “a las autoridades egipcias y malasias que garanticen la seguridad de los cristianos y de las demás minorías religiosas presentes en su territorio, y adopten las medidas necesarias para proteger las iglesias y lugares de culto”.

Leed la noticia completa.

Otras cosas de esta semana:
Ensangrentada la toma de posesión del Obispo de Mosul.

viernes 22 de enero de 2010

Hablando de libros con José Cantabella


José Cantabella, Murcia, 1963, es autor de los libros de relatos: Amores que matan, 2003; Historias de Chacón, 2005; y Llegarás a Recuerdo, 2007. Sus relatos y poemas han aparecido en diferentes antologías y revistas especializadas.

Es director del programa literario La Torre de Papel de Onda Regional de Murcia. Codirector de la revista literaria Lunas de papel, además coordina desde hace cuatro años el Premio Libro Murciano del año y de la crítica. Desde hace diez años vive en Molina de Segura.

Afán de certidumbre es su primer poemario publicado.
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Pregunta.- Siempre has mostrado un enorme respeto hacia la poesía, y dentro de ella, hacia los poetas. Pero finalmente te has decidido, no ya por ir publicando tus poemas en diferentes revistas de creación literaria, sino por recoger parte de tu producción poética en Afán de certidumbre.

Respuesta.- Así es, siento mucho respeto por la poesía, y he pensado mucho el publicar estos poemas, ya que soy muy pudoroso en ese sentido, y desnudarse delante del gran público crea mucho respeto, pero al final me decidí, siempre animado por algunos amigos que los habían leído y me dieron su aprobación, amigos a los que le debo mucho como persona y como escritor. También creo que era necesario en mi obra que existiera un equilibrio, ya que “Afán de certidumbre” trata de poner realidad en ese conjunto de mi escritura, por tanto también había una necesidad imperiosa de hacerlo, debo de decir que este poemario es un conjunto de poemas muy realista.


P.- Este paso, supongo, es el cumplimiento de otro de tus sueños, que hablamos una noche de domingo, mientras aguardábamos el inicio de La Torre de Papel. No sé si recordarás que citaste la poesía, la dirección de una revista literaria y una editorial. Los dos primeros sueños ya están cumplidos.
R.- Es cierto, este es un sueño cumplido, yo tenía la ilusión de publicar un libro de poesía y ese objetivo ya está cumplido; en realidad debo de decir para ser sincero que he llegado mucho más lejos de lo que yo jamás hubiera pensado, lo digo en el sentido de que hace muchos años me propuse como ilusión publicar un libro, y con este llevo ya publicado cuatro (tres de narrativa y ahora este de poesía) por tanto estoy muy orgulloso al respecto. Es para mí un honor el saber que he publicado además lo que yo he querido, me reconozco muy satisfecho. Lo de la revista ya está cumplido también pues vamos por el número cuatro
y lo de la editorial está ahí pendiente, y espero algún día materializarlo.


P.- “...los versos que ahora lees/ no han sido por mí creados./ Es mi amada, mientras duerme,/ quien los recita/ entre sueños./ Yo tan sólo los escribo/ a su dictado”, ¿no es acaso una máscara sobre la que te escondes en esta nueva faceta creativa.
R.- Yo siempre me escondo detrás de lo que escribo, siempre estoy como en un segundo plano, y estoy convencido que hay alguien que me dice lo que debo de escribir, porque a veces pienso que por mí sólo sería incapaz, la verdad que la creación literaria es muy caprichosa, y lo de que de pronto te venga a la cabeza un relato o un poema es una cosa muy misteriosa, jamás sabremos ninguno de los que escribimos cual es el mecanismo interno que desemboca en el acto de escribir, es algo, insisto, muy misterioso. Además detesto los escritores que están todo el día mostrándose, que acuden a todos los actos culturales, que quieren estar siempre en primera línea, me parece absurdo perder energías en ese sentido, prefiero esta en mi casa tranquilo, por ejemplo leyendo un libro, o disfrutando de mi familia.


P.- Tu poemario ha sido muy bien acogido por relevantes críticos literarios y por amigos y amigas, muchos de ellos poetas de reconocidos internacionalmente.
R.-Estoy muy sorprendido por esto, ya que el libro ha tenido una acogida extraordinaria, no sabría explicar por qué ha ocurrido esto, debe de ser que los poemas están bien escritos, pero pienso principalmente que lo mejor de estos poemas es su sencillez y la lucha del poeta por que no hubiera retórica en ellos; esa era mi gran obsesión cuando los escribí, luego hay otros elementos en ellos que también aportan cosas al libro, como la cercanía con el lector, y el afán de conectar con esos lectores. De todas maneras es muy difícil de explicar por qué gusta un libro, eso realmente lo deberían de explicar los lectores, que aquí son los protagonistas y a quien va dirigido el libro. El lector es el gran destinatario de la escritura, que nadie diga qu
e uno escribe para sí mismo, no, el poeta escribe para que lo lean y cuanta más gente mejor, esa es la realidad.


P.- ¿Algún consejo en el que hayan coincidido los amigos y críticos tras la lectura de tu poesía?
R.- Pues lo que más me han dicho es lo que anteriormente comentaba, la sencillez y la poca retórica de los poemas, y luego otra cosa que han destacado es la gran relación existente entre mis relatos y mis poemas, y en esto eso y también muy de acuerdo, y además me alegro porque así se puede ver todo lo que yo he escrito en su conjunto, no hace falta hacer distinciones en un sentido o otro, además yo entiendo mi obra como un enorme poema en el que cabe narrativa y poesía.


P.- En este libro las ilustraciones de Francisca Fé Montoya son un elemento sin las que, ahora leído y contemplado, no sería el mismo, ¿no lo crees?
R.- Estoy totalmente de acuerdo, el trabajo de Francisca Fe ha sido extraordinario, desde el principio entendió perfectamente los poemas, por eso las ilustraciones aumentan el valor del poemario, porque el libro presenta unos poemas ilustrados o unas ilustraciones escritas, y para ser franco esta artista de Calasparra es una de las más destacadas pintoras de nuestra región. A Francisca le estoy muy agradecido por este trabajo y por otros, ya que ella ha ilustrado todos los libros que he escrito.


P.- En tu obra, de la cual he tenido el placer de leer todo lo publicado, y no sé si te lo pregunté en alguna de nuestras anteriores entrevistas, también es destacable la presencia de tus amistades. Ya sean relatos, como en anteriores publicaciones, o poemas, como en esta, hay muchas dedicatorias a ellos, nombres que, con el tiempo, a tus lectores se nos hacen familiares.
R.- La verdad que uno de los grandes placeres de la escritura es poder dedicársela a los amigos, eso es un privilegio, el saber que en otro lado está un amigo leyendo un relato o un poema tuyo, eso es para alguien como yo que valora mucho la amistad, un placer, y la verdad es que siento muy orgulloso de tener muchos y buenos amigos. Y lo seguiré haciendo, tengo muchos poemas y relatos que ya están dedicados en el cajón esperando su oportunidad, esperando a otros amigos.


P.- Me gustaría conocer un poco tu proceso creativo en torno a la poesía. ¿Cuándo sabes si un verso es bueno o malo?

R.- Yo creo que trabajo siempre por intuición y creo que el aspecto intuitivo es muy importante, esto me imagino que tiene que ver también con la lectura, yo antes que escritor soy lector y de hay viene la intuición, me imagino que po
r las muchas lecturas que llevo ya realizadas; y esto debería de aplicárselo mucha gente, antes que escritor hay que ser lector, de esta forma muchos escritores se lo pensarían antes de publicar, pues a veces se encuentra uno con autores que creen que vale todo y esto no es así. Es muy importante sobre todo leer a los grandes, yo en ese sentido me siento satisfecho de haber hecho importantes lecturas, de haber leído a los Clásicos del siglo de oro español, luego los contemporáneos y después leer la poesía actual en la que hay grandes autores, debo de decir que en Murcia tenemos una escuela de poesía excelente, con autores actuales como Eloy Sánchez Rosillo, Dionisia García, José María Álvarez, Ginés Aniorte, Pascual García, Ángel Paniagua, Aurora Saura, José Antonio Martínez Muñoz, Cristina Morano y otros muchos más.


P.- ¿Cómo, y por qué, agrupas o distribuyes los poemas?
R.- En Afán de certidumbre yo lo tuve claro desde el principio, agrupé los poemas que temáticamente y estructuralmente tenían unidad, y así lo hice, y creo que hay un tono común en todos ellos, estas cosa el escritor debe de verlo desde el principio, uno debe saber que un libro de poesía debe de tener unidad y coherencia, de todas formas me dejé aconsejar por los amigos, en esto me ayudó principalmente el gran poeta murciano Ginés Aniorte, al que le estoy muy agradecido, también conté con la ayuda de dos grandes amigos y escritores como Dionisia García y Pascual García


P.- ¿Cuánto tiempo dedicas a la faceta creativa?
R.- Yo escribo por impulsos, a veces estoy sin escribir un mes y luego todo se concentra en periodos de tiempo y ahí escribo de forma compulsiva, soy a veces capaz de escribir durante dos o tres semanas sin parar, ocupando prácticamente todo el tiempo libre que tengo. En el plano de la escritura soy muy obsesivo, cuando tengo en la cabeza un relato o un poema hasta que no lo acabo, no paro, estoy todo el tiempo pensando en ello, es como digo, una obsesión, algo que a veces me domina y no es fácil de aplacar.


P.- No te prodigas mucho, pero eres constante. Desde el 2003, cada dos años sacas un libro. Me parece que estás en la línea que nos apuntaba, en una anterior entrevista, Blanca Andreu, quien nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.
R.- Yo he publicado como bien dices un libro cada dos años, yo creo que esto es una buena idea, publicar muy a menudo pienso que debe de desgastar mucho, en realidad he publicado cuando tenía algo que decir, publicar por publicar no
estoy de acuerdo. El escritor en este sentido debe de ser coherente, sino caes en el riesgo de hacer el ridículo y yo no estoy dispuesto a ello. Prefiero corregir y repasar bien lo que voy a publicar, incluso pasárselo a amigos que con tiempo te digan de verdad lo que piensan, yo creo que esto lo debería de hacer más escritores, porque a veces se publican cosas que en definitiva no merecen su publicación, el mercado editorial está lleno de libros que no merecen los honores de la imprenta.


P.- Ahora que ya has publicado poesía, ¿leeremos una novela de José Cantabella?

R.-Eso creo que de momento no, tengo un esbozo de novela y cuando me he puesto a trabajar me he aburrido mucho, últimamente las novelas me aburren, leer novela, a no ser que sean muy, muy buenas me crean pereza: entonces cuando encuentro alguna muy buena me pongo y leo, por ejemplo ahora estoy leyendo “La noche de los tiempos” de Muñoz Molina y estoy disfrutando muchísimo, pero porque es una grandísima novela. En la escritura me ocurre lo mismo, siento que ahora no es el momento de escribir novela, más adelante ya veremos lo que ocurre, aunque como te decía, de momento no habrá novela.


P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, del iPhone, del cambio climático, de la pandemia por H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?

R.-Creo que tiene mucho sentido escribir, y sobre todo leer, escribir incluso puede ser terapéutico, aunque que no es mi caso, pero leer poesía es una de las grandes cosas que puede hacer el ser humano de hoy, siempre entenderemos mejor el mundo después de leer un buen libro de poesía, y esto es una gran realidad. Leer a los clásicos griegos o leer a Shakespeare, o autores del siglo de oro español, la generación del 27 española o la generación del 50. Siempre es una gran aventura leer y por supuesto escribir, aunque a veces pensemos que todo está escrito ya.


P. Escribía Eduardo García que un solo verso feliz puede permanecer durante siglos, mientras toneladas de poemas fallidos se pierden para siempre. ¿No desanima esa realidad al poeta?
R.-Yo creo que siempre hay cosas que decir, el ser humano en sus diferentes épocas siempre ha dicho muchas cosas, ahora en los tiempos que corren también hay cosas que decir, nunca la voz del hombre se callará, la voz del poeta perdurará, de este modo sigamos alzando la voz, escribamos y ya veremos lo que dicen en el futuro de lo que se ha escrito hoy. Sigamos pues escribiendo poemas, relatos, novela, ensayo, teatro y que el tiempo decida.


P.- ¿Crees que es verdad ese dicho de que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo?
R.- La verdad que un poeta malo no hay quien lo lea, es espantoso abrir un libro y leer malos poemas, por eso dije antes que la publicación de un libro hay que pensársela mucho, porque caes en lo peor, que se rían de ti, y hacer el ridículo. Repito que el mercado editorial español está repleto de grandes libros malos, hay muchísimos, y además de grandes editoriales.


P.: ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?
R.- Por su puesto, los grandes autores de la literatura universal han sido gente desobediente, y rebelde que no ha aceptado la realidad tal como es y han inventado otra realidad, a veces mucho mas interesante que la real. Yo personalmente sigo pensando que tengo dudas acerca de lo que escribo, si estuviera convencido que lo que hago es bueno, lo dejaría, siempre tengo la sensación de que un poema se puede mejorar, que un libro de relatos se puede mejorar, todo se puede mejorar, no hay que conformarse con lo hecho, hay que seguir trabajando, la Literatura es una carrera de fondo, de aquí a unos años haremos balance y ya veremos lo que hemos hecho.


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?

R.- Como he dicho antes escribir es un privilegio, y yo esto siempre lo he reconocido, dejar plasmado en un papel lo que uno piensa, siente, padece y además eso es un don que mucha gente no tiene. Por eso los buenos escritores son seres muy afortunados, que los dioses le han concedido esa gracia, y que se la sigan concediendo por mucho tiempo.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía, plantar una maceta?
R.- Escribir poesía es la mezcla de las dos cosas, además yo pienso que escribir poesía sí que está todavía menos al alcance de los autores, escribir buena poesía es una bendición, yo en mi caso me conformo con intentarlo, espero haber escrito algún poema bueno, el resto que lo digan los lectores. Finalmente pienso que jamás nadie escribirá el poema perfecto, ni la novela perfecta...Si así fuera los escritores de poesía abandonarían el intento, el poema perfecto no existe, siempre habrá dudas al respecto, como decía anteriormente


P.- No sólo de letras vive el hombre o la mujer. Pero José Cantabella no se prodiga en Internet. ¿Por qué no tienes página personal, ni bitácora, ni perteneces a ninguna red social?
R.- La verdad es que yo lo veo muy práctico pero a la vez muy aburrido, me cuesta mucho pasarme las horas mirando una pantalla, prefiero ocupar ese tiempo en otras cosas, por ejemplo leyendo, o disfrutando de una conversación con los amigos, haciendo el amor, me parecen más alentadoras y más vivenciales otras actividades.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, y ya sabes que esta es la última pregunta, ¿el futuro del libro en papel sigue teniendo buenos augurios?
R.- El libro no desaparecerá nunca, por mucho que se empeñen algunos, la vigencia del libro en papel es para siempre, nadie acabará con él, ni las máquinas, ni nadie, por mucho que Internet se empeñe, siempre habrán libros en papel, y para un escritor no es lo mismo ver escrito un libro en papel que verlo en forma digital, cambia mucho la cosa.


Como siempre, un placer charlar contigo.
Igualmente y muchas gracias por esta entrevista, y sigo pensando que haces una gran labor periodística en pro de la Literatura y sus alrededores, espero que sigas en ese camino. Gracias Paco Illán Vivas.

jueves 21 de enero de 2010

La Maldición será reeditada

Esta misma mañana he recibido la confirmación de la editora, María Esperanza Rodríguez, de que ya están con la primera entrega de la saga, que supongo sabéis de sobra se titula La Maldición, y que será editada por Eldalíe, junto con las dos entregas posteriores y, espero, que si hay más material sobre esta aventura que me ha llevado tantos años, pues también quieran sacarlo a la luz.

Habrán pocos cambios respecto a la novela que editó Nausícaä que, como sabéis, alcanzó tres ediciones pero que, salvo un ejemplar que queda en Ciberdark, está más que agotada.

Supongo que en breves fechas procederé a anular el libro que sobre El Rey de las Esfinges se encuentra en Lulu, ya que, aunque no me lo han pedido, me parece lo más correcto.

Seguiré informando de los avances que se produzcan.

miércoles 20 de enero de 2010

Desde el día 16, abierto plazo de colaboraciones en Ágora

Ya recibimos colaboraciones para el próximo número de "Ágora, papeles de arte gramático", que girará alrededor de la figura de Miguel Hernández y donde vamos a reflexionar sobre la autoría en Internet y los derechos de autor (no económicos, que también) sino de responsabilidad pública de quien ha firmado o escrito algo, para que nadie lo pueda utilizar torcidamente.

Sobre el poeta oriolano podéis enviar artículos sobre cine, música, su poesía, su obra, su vida, todos los aspectos que consideréis, las adaptaciones de su obra a aquellos géneros creativos, etc.

Y, bueno, sobre la autoría en Internet y los derechos de autor, es tan amplio que no precisa, posiblemente más explicaciones.

Las normas para publicar en nuestra revista las podéis leer AQUÍ.

martes 19 de enero de 2010

Seré entrevistado en el programa El bosque de las palabras


El bosque de las palabras, programa de radio que conduce Francisco Legaz, pero también blog del mismo programa, se hace eco de la aparición de nuestra revista en versión digital, además de anunciar la entrevista radiofónica en la que iintervendré hoy, 19 de enero, a partir de las 20 HORAS, en la sintonía 107,6 de FM, desde Radio Morata.

Podéis ver la entrada original AQUÍ.

lunes 18 de enero de 2010

Agora digital nº 17 supera las 600 descargas


Una vez más debemos agradecer el interés de los lectores en la propuesta cultural de la revista de creación literaria, "Ágora, papeles de arte gramático", que el pasado domingo superó las 600 descargas, con lo cual se acerca a los mil lectores, toda vez que en este número se enviaron 356 revistas adjuntas al correo electrónico de nuestros contactos.

Y no sólo eso, sino que además, aunque a menor ritmo, el anterior número sigue gozando del interés de los lectores, casi a un ritmo de diez descargas diarias, alcanzando en este momento 1.533 descargas, a las que siempre hay que unir las 221 revistas en formato pdf que se enviaron adjuntas al correo electrónico.

domingo 17 de enero de 2010

Y al séptimo día descansó

Aunque esta semana es imposible descansar. Ha sido terrible, horrible para miles de personas, millones de ellas en Haití.


Y aunque esa catástrofe, por su
magnitud dantesca, arrasa cualquier otra consideración, no puedo olvidar estas noticias:

Informe sobre la situación de los
cristianos en Turquía. (10 de enero)

El recordatorio de los ataques que han sufrido los cristianos en
diferentes partes del mundo, durante la Navidad. (10 de enero).

Violencia anticristiana malaya. (12 de enero).

Actos de
vandalismo en contra del santuario de Fátima.

Destrucción de la
Cruz de Dông Chiêm, en Vietnam.

Falta de
libertad religiosa. (15 de enero).

Y el fariseo de Rodríguez Zapatero, con tal de salir en la foto, acudirá sin pudor ni verguenza al Desayuno de Oración, donde La Familia habla con Dios, Ese que él tanto desprecia (15 de enero).

viernes 15 de enero de 2010

Hablando de libros con Yose Álvarez-Mesa


Nació en Asturias, región donde vive actualmente y donde desarrolla una interesante labor cultural.

Su obra abarca todos los géneros literarios, especialmente la poesía. Ha publicado hasta la fecha nueve libros y participado en diversas antologías y revistas culturales. Desde 2005 hasta hoy le han sido otorgados un centenar de premios literarios, tanto en verso como en prosa.

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Pregunta.- Quien lea esa breve reseña bio-bibliográfica de Yose Álvarez-Mesa, publicada en la solapa de la portada de De islas y pleamares, no tendrá una visión verdadera de tu obra literaria y poética, sobre todo de ésta. Y de la enorme repercusión que ha tenido en los últimos años.
Respuesta.- Realmente es un resumen un tanto escueto pero muy válido, y es mejor así que llenar esta entrevista con una lista de premios literarios y libros publicados, ¿no crees? Baste añadir que mi obra literaria está en constante crecimiento. Este año me propuse el reto de la novela, que me está dando grandes satisfacciones ya que me está resultando muy divertido (va en clave de humor). Y lo último en lo que me he embarcado es la crítica o artículo de opinión sobre libros y música, que también me divierte bastante aunque no tiene mucho de creativo. Resumiendo, quiero abarcarlo todo pero el problema es que los días tienen 24 horas, aunque te digo que si tuvieran 30 también se me quedarían pequeños porque buscaría más cosas en las que embarcarme.


P.- ¿Sabes cuantos premios literarios has ganado?

R.- Este año han sido 39, además de algunas menciones especiales. En total, desde 2005 que gané el primero, me han concedido alrededor de un centenar de premios. Uno de los últimos fue el Ciudad de Marbella de cuento infantil, que le tengo especial cariño porque éste es uno de los géneros que requieren de más imaginación, de más esfuerzo en el sentido de crear algo que resulte atractivo para los niños, y pienso que con tanto negocio editorial se descuida un poquito al público infantil y se les sigue ofreciendo (salvo honrosas excepciones) cuentos de Maricastaña aburridos a más no poder y absolutamente anacrónicos.


P.- ¿Cómo decides el poemario que remites a un premio literario? Porque supongo que la extensión te la imponen las bases, pero no así los poemas que lo compondrán.
R.- Claro, las bases son las que imponen la extensión e incluso a veces la temática del trabajo. Tengo los poemarios seleccionados por número de versos para que no me lleve mucho tiempo decidir qué mando a cada sitio. Realmente llevo un control de cada poemario, de cada cuento y de cada concurso, de esta forma sé qué envié a cada certamen para no repetir al año siguiente el mismo trabajo. Porque hay concursos a los que me presento todos los años, cuando gano un certamen suele suceder que ya me presenté a anteriores convocatorias, como me pasó en el Ciudad de Cieza. Y a veces, si las bases lo permiten, me presento a concursos que ya gané (y en alguna ocasión lo he vuelto a ganar). Aunque esto no lo hago muy a menudo, sólo en casos especiales. De hecho creo que en todas las bases debería impedirse la participación de los ganadores anteriores, porque si siempre gana el mismo concurso una misma persona, qué aliciente tiene para los convocantes y qué sentido tiene para los demás el presentarse.


P.- Si un lector entra a tu bitácora observará que es rara la actualización donde no citas la concesión de un premio literario, o que has quedado finalista o un accésit. No sé si atreverme a preguntarte, ¿cuántos manuscritos tienes ahora mismo enviados a diferentes certámenes?
R.- Soy yo quien no se atreve a responder, jajaja… una barbaridad. No sabría decirte con exactitud, tendría que contarlos, pero calculo que tengo pendientes de fallo unos 30 o 40 concursos. Entre poemas cortos, poemarios, cuentos infantiles, relatos, microrrelatos… un montón, ciertamente estoy ganando muchos premios, pero es porque envío a muchas convocatorias, es pura ley de probabilidades.


P.- Recuerdo que en la cena de proclamación de ganador del XIV Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina, los miembros del jurado destacaron el aire tan fresco que venía de tus islas y pleamares, pero manifestaron el desconocimiento de la autora. Unos días después, cuando indagué por Internet, vi que Yose Álvarez-Mesa no era ninguna desconocida en el mundo poético nacional, aunque tampoco pretendes estar siempre en la palestra.
R.- En absoluto me gusta estar en la palestra. Lo que me gusta es escribir, pero desde la sombra y la privacidad, sin tener que estar pendiente de promocionarme como hacen muchos escritores. Tampoco me gustan las entrevistas porque nunca sé muy bien qué decir, y al final de ésta comprobarás que no te he dicho gran cosa de mí misma. Prefiero pasar inadvertida y que mi obra hable por mí. Mi única promoción personal es mi blog, en el que anuncio mis premios, mis libros y algunos de mis textos (pocos).


P.- De islas y pleamares, es, hasta la fecha, el poemario más voluminoso que ha ganado el premio Luys Santamarina, algo que resaltó Pablo Méndez durante la presentación del libro. ¿Demasiado generosa o convencida de la calidad de los poemas que remitiste al certamen?
R.- El Luys Santamarina, cuando yo me presenté, pedía entre 500 y 1.000 versos (este año lo han subido a 600). Mi poemario tiene 734, o sea que está justo entre esas dos cifras. Normalmente prefiero acercarme más a la cifra baja que a la alta, pero en ese caso tenía ese poemario en concreto que me pareció adecuado para el certamen, y no me preocupé de “quitar lastre”. A veces lo hago si veo que hay algunos poemas más flojos, pero me pareció que estaba bien así, y así lo envié.


P.- ¿El poema no debe tener título?
R.- Todos mis poemas tienen título. Es al reunirlos en un poemario cuando se los quito (por regla general) porque no aportan gran cosa al poemario y lo hacen parecer más fragmentado, sin títulos es más una unidad. Pero de hecho se me da genial lo de los títulos, me salen como por generación espontánea, te lo juro, jajaja… tengo una facilidad pasmosa para eso aunque no esté bien que yo lo diga. A veces se me ocurre primero el título y de ahí sale todo lo demás, y otras veces es una frase del poema, o una palabra que abarca la idea general. En algunas ocasiones no se me ocurre un título apropiado y entonces le pongo un número.


P.- Otra característica de tu poesía, al menos en el libro que nos ocupa, son los espacios. No utilizas puntos suspensivos, pero sí espacios las palabras de los versos, como por ejemplo “el brazo sepulcral del extravío tira de mí” ¿Qué nos oculta la autora en ese vacío?
R.- Es un recurso que me gusta bastante, empecé a usarlo hace unos años para separar las frases cuando escribía sin signos de puntuación ni mayúsculas, y ahora lo sigo usando porque abre unas pausas muy interesantes que dan más fuerza a las palabras. También las sangrías.


P.- Me gustaría que hablásemos de tu actividad creativa. ¿Cuándo escribes y cuánto tiempo le dedicas? ¿Te dedicas sólo a escribir o tienes otra profesión?
R.- Sólo me dedico a escribir, y lo hago a todas horas. Me organizo con un tiempo para la poesía, otro para la prosa, y otro para los concursos. Me paso horas ante el ordenador, lo considero mi jornada laboral. Pero las primeras ideas las escribo en papel, por la mañana nada más levantarme, y a veces a última hora de la noche.


P.- ¿Usas mucho la papelera?
R.- Claro, imagino que como todo el que se exige un mínimo, para sacar algo bueno hay que tirar montones de “esto no vale pa ná”. Crear significa también pulir hasta el agotamiento. Voy corrigiendo y corrigiendo hasta que me parece que ya no puedo mejorarlo más. Desde que surge la idea hasta que queda finiquitada hay un abismo. A veces incluso el resultado final no tiene nada que ver con el principio. Y sobre todo en los cuentos, pasan meses y sigo cambiando cosas. No entiendo a quien escribe algo y ya no lo toca más. Es imposible que eso quede bien, aunque a veces la idea inicial es tan concreta que necesita pocas correcciones, pero aún así, el texto hay que trabajarlo hasta darle forma, como un escultor, exactamente igual. Claro que hay gente tan talentosa que todo le sale ya esculpido de antemano. No es mi caso, lo mío es cuestión de mucho trabajo.


P.- ¿Cuándo sabes si un poema es bueno o malo?
R.- Si te refieras a los míos, nunca. Es decir, sé cuándo no es bueno, y por eso voy corrigiendo y corrigiendo hasta que queda como me gusta. A veces me digo “ostras, qué chulo me ha quedado esto”, pero no me atrevo a valorarme porque no sé si sería objetiva. Es mucho más fácil valorar lo de los demás. Por otra parte, cuando ha pasado el tiempo puedo verlo desde otra perspectiva, por eso ahora sé que mis primeros poemas eran terribles por más que entonces me parecieran divinos. Me gusta comprobar que según pasa el tiempo voy mejorando, ya que eso indica una evolución, y como suele ocurrir, cuanto más aprendo más me doy cuenta de todo lo que me queda por aprender.


P.- ¿Cómo agrupas los poemas?

R.- A veces por temáticas, pero casi siempre van por orden cronológico aunque no tengan que ver entre sí. En este último caso lo complicado es ponerle un título genérico. Pero siempre encuentro un hilo conductor que los una. Yo escribo cada día sobre lo que se me ocurre ese día, y voy guardando los poemas acabados por riguroso orden, así que mis poemarios suelen ser un cajón de sastre que abarca de todo un poco. Pero prefiero eso a andar buscando poemas aquí y allá sobre un mismo tema, porque al ser de distintas épocas no guardarán el mismo estilo, ni estarán escritos bajo las mismas circunstancias, y por tanto no encajarán unos con otros. En alguna ocasión me he propuesto escribir mucho tiempo sobre un mismo tema, pero es francamente aburrido, aunque me han salido cosas interesantes. Prefiero el método cronológico. Sé que en los concursos prima el poemario de un solo tema, pero realmente no escribo para los concursos aunque pueda parecer lo contrario, son los concursos los que me permiten dedicarme a escribir.


P.- ¿Qué lee Yose Álvarez-Mesa?

R.- El periódico y poco más. La verdad que actualmente leo poquísimo (no tengo tiempo). Y nunca poesía, no me atrae como lectora. Me encanta la narrativa, y mis escritores preferidos son García Márquez y Vargas Llosa. Creo que mi estilo tiene algo de realismo mágico por todo lo que leí de estos autores.


P.- El haber sido galardonada en tantos premios literarios, ¿te es más fácil publicar o sigues encontrado dificultades entre las editoriales?

R.- No sé de qué me hablas, nunca me he propuesto por mí misma publicar un libro. Todos mis libros fueron publicados a raíz de algún premio literario. No es algo que entra en mis prioridades liarme con las editoriales, máxime cuando lo mío es la poesía y esto no es negocio para nadie. Por otra parte, no tengo esa fijación con publicar como tienen otros autores, con toda esa labor de promoción que viene después para hacer rentable a la criatura, ¡qué pereza! Me parece un rollo patatero, y de momento no me hace falta. En el futuro quién sabe si cambiaré de idea, ten en cuenta que soy casi una recién llegada y siento que todo me viene un poco grande. Tal parece que el objetivo de un escritor es vender muchos libros, bueno, el mío de momento es escribir, llámame romántica.


P.: Permíteme pasar ahora a unas preguntas más genéricas, que suelo plantear a mis entrevistados. ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?
R.- Sin duda. Sólo si te rebelas puedes encontrar un camino propio por el que echar a andar. Pero hay dos tipos de gente desobediente: la que conoce las reglas y las transgrede, y la que se salta las reglas por desconocimiento o con el simple propósito de epatar. Desde luego, sólo si conoces las reglas sabrás cómo transgredirlas con acierto.


P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?
R.- Para mí es un regalo, no tiene absolutamente nada opresor, al contrario, es liberador. Conozco a quien lo pasa realmente mal hasta concluir un texto, quien sufre porque no encuentra las palabras que busca o no sabe plasmar aquello que tiene en la cabeza. Yo disfruto cada tramo del proceso creativo de igual forma, no me agobio por no ver resultados inmediatos, nunca tengo prisa por verlo acabado, y me tomo todo el tiempo necesario hasta verlo como yo quiero. La verdad que cuando escribo tengo una paciencia infinita, cosa que no me pasa en los demás ámbitos de la vida: no soporto perder el tiempo y me agobio hasta en la cola del cine.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía? ¿Plantar una maceta?
R.- Lo de la maceta ha estado bueno, Illán, jajaja… No, en todo caso lo de plantar una maceta lo relacionaría con el microrrelato. La poesía la puedes ubicar en esos mismos paisajes: un poema épico sería como plantar un bosque, un soneto plantar un jardín, un haiku plantar una maceta.


P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, de los avances tecnológicos imparables, del cambio climático, de la pandemia por H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?
R.- Depende de para quién. Como todas las artes, el sentido es el que cada uno le quiera dar. Para mí nada está contraindicado. En estos tiempos probablemente tenga las dos vertientes, la de “paso del arte porque con lo que está cayendo…” o por el contrario, “menos mal que tengo el arte para compensarme por lo que está cayendo”.


P. Escribía Eduardo García que un solo verso feliz puede permanecer durante siglos, mientras toneladas de poemas fallidos se pierden para siempre. ¿No desanima esa realidad al poeta?
R.- Qué bueno, me encanta. Pero no, no desanima en absoluto, un buen poema bien merece desperdiciar miles de ripios, ¿no te parece?


P.- No sólo de letras vive la mujer. ¿Dónde podemos encontrar a Yose Álvarez-Mesa en la red? ¿Le dedica mucho tiempo a ella?
R.- Casi nada. Tengo
un blog donde pongo una entrada cada tres o cuatro días, dos minutos me lleva hacerlo. También estoy en facebook, porque hoy en día o estás en facebook o no existes. Aquí incluyo enlaces a mi blog cada vez que pongo una entrada, o sea, medio minuto. Me hice también cuentas en MySpace y en Twitter, pero no les hago ni caso. Total, que no pierdo yo el tiempo en la red, si no es en la web premiosliterarios.com, donde entro todos los días a ver las nuevas convocatorias de concursos, o en Google para buscar información o documentarme para algún relato, o en bajarme música y poco más.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la galardonada poeta?
R.- Si te refieres a los libros en papel, aún les queda mucha cancha. El e-book es un gran invento, pero una buena parte de los lectores (los menos jóvenes) tardaremos en acostumbrarnos, de la misma forma que aún nos parece mucho más auténtico tocar las páginas que un aparato electrónico. Pero es cuestión de tiempo, como todo lo nuevo requiere un periodo de adaptación. Supongo que entonces tendremos el mismo problema que ahora hay con las descargas de música, que han hecho bajar las ventas de discos una barbaridad (y hasta el top-manta está en vías de extinción), pero estoy segura que para entonces ya habrán inventado algo que impida bajarse nada gratis. Si es que este chollo ya nos está durando mucho, pero sobre este tema habría para hablar largo y tendido y me parece que no es el momento.
Y si te referías a los libros en general, su futuro es el que decidan las grandes editoriales, que son las que mandan. Pienso que hay una amplia oferta de mercado, pero las editoriales casi siempre apuestan por los mismos nombres conocidos y a veces se publican libros infumables de autores consagrados, cuando hay por ahí buenísimos escritores que no los conocen ni en su casa y a los que nadie les da una oportunidad. Entiendo que una editorial es un negocio y nadie apuesta para perder, pero si siempre publican los mismos, la literatura no avanza demasiado. En cualquier caso, el futuro de los libros siempre será bueno mientras siga habiendo lectores, y creo que esto no cambiará porque la lectura es un bien necesario para muchísima gente.

Muchas gracias.

jueves 14 de enero de 2010

Unión hispanoamericana de escritores


Aceptando la invitación de algunos amigos y amigas, me he unido a este sitio de Internet que, para mi sorpresa, ¡me saluda en inglés! con un welcome Francisco Javier.

Espero que los administradores del portal lo solucionen pronto, o bien que nos pasemos a llamar otra cosa.

Podéis ver el sitio y, si es el caso, uniros, AQUÍ.

miércoles 13 de enero de 2010

Ágora papeles de arte gramático aparecerá en papel

Estimados amigos y amigas:


Os damos nuestras gracias por vuestra colaboración en la revista Ágora digital. Podéis bajaros los números 16 y 17 en el blog: http://agoralarevistadeltaller.blogspot.com


Como hemos anunciado, pese a las dificultades actuales, no renunciamos a publicar en papel la revista. Hemos pedido presupuesto de edición económico y hemos realizado una edición limitada de ÁGORA, PAPELES DE ARTE GRAMÁTICO; NÚM. 16-17, recogiendo en forma impresa los dos recientes números, 16 y 17, que han aparecido en versión digital.

Se trata, como decimos, de una edición limitada, fundamentalmente dirigida a los autores, simpatizantes, bibliotecas y algún punto de referencia en librería (como la librería Diego Marín de Murcia, que tiene librería virtual en internet, donde se puede solicitar el envío de la revista). La difusión de la revista impresa se realizará, después, bajo demanda.


PRECIOS CON GASTOS DE ENVÍO A TRAVÉS DE LA PROPIA REVISTA


A este propósito, le informamos que si está interesado en adquirir de la forma más económica el número impreso doble de Ágora (16-17), ha de realizar el abono de su pedido en la cuenta de la asociación cultural Taller de Arte Gramático, editora de ÁGORA. La revista, de más de 90 páginas, tiene un gasto de impresión de 4.50 euros; a lo que se suman los gastos de envío, que para España, son de 3 euros. Cada número impreso enviado por correo normal a España sale por 7.50 euros (incluidos gastos de envío pr correo normal).

2 ejemplares cuestan 13 euros (incluidos gastos de envío por correo normal).


Para cualquier lugar de Europa, 1 ejemplar cuesta 12 euros (incluidos gastos de envío por correo normal).

Para fuera de Europa, 1 ejemplar cuesta 14.50 euros (incluidos gastos de envío por correo normal


Para otros caso de envío para España o fuera de España, ha de consultar, en el correo adjunto que le enviamos, las tasas de envío, para correo normal, certificado o paquete certificado. También para el envío de varios ejemplares ha de consultar tarifa de correo. La cantidad a ingresar sería 4.50 por cada ejemplar de la revista, más la tarifa de gastos de envío que corresponda a su elección, según el número de ejemplares solicitado, la modalidad de envío y el lugar de destino.




FORMA DE PAGO


Se ha de realizar una transferencia bancaria a la Cuenta del Taller de Arte Gramático, en el banco Caja de Ahorros de Murcia (Caja Murcia), con domicilio en Murcia,(España), c/Saavedra Fajardo. A la siguiente cuenta destino: 2043 0118 51 0200519971, indicando como concepto: REVISTA AGORA NUM DOBLE. 16-17. Y a continuación el número de ejemplares pedidos. Por ejemplo: Ejemplares 2)


Caja de Ahorros de Murcia(CAJAMURCIA).Dirección: Murcia(España), c/ Saavedra Fajardo (CAJAMURCIA)

CUENTA: 2043 0118 51 0200519971

titular: TALLER DE ARTE GRAMATICO.


Una vez hecha la transferencia, le rogamos nos envíe un email de confirmación del abono al correo electrónico de la revista: agora@emurcia.com. En dicho correo, se nos facilitará su dirección postal, para que procedamos a enviarle el ejemplar o los ejemplares impresos solicitados.


Nos hemos puesto un plazo para recibir las peticiones de ejemplares impresos, y la confirmación del abono de la transferencia; dado que nos disponemos de una gerencia de administración y la edición es limitada. Dicho plazo es hasta el 20 de febrero de 2010. A partir de esa fecha no le aseguramos la atención a su pedido.


Próximamente le volveremos a enviar un correo concretándole los datos de gastos de envío, pero, si usted quiere, puede indicarnos ya si está interesado en recibir la revista impresa, y también si desea recibirla por correo, indicando, si es este caso, si prefiere que se la enviemos por correo certificado; así como la cantidad de ejemplares que usted quiera recibir.

(Si hay otra manera de recibir la revista que no implique gasto de envío, hagánoslo saber. Sólo debería abonar 4.50 euros por cada ejemplar.)



CON LOS SALUDOS DE LOS DIRECTORES DE LA REVISTA ÁGORA


F.J. Illán Vivas

Fulgencio Martínez


martes 12 de enero de 2010

Actualizados los sitios de Wikipedia y Golwen, enciclopedia de la fantasía

Después de unos días sin actualizar, perdido en esta España cubierta de nieve desde Mérida a Hellín, os cuento que se han actualizado los datos biobibliográficos incluidos en las enciclopedias Wikipedia y Golwen.

Podéis leer AQUÍ la Wikipedia.

Y AQUÍ la Golwen.

viernes 8 de enero de 2010

Hablando de libros con José Antonio Carbonell Pla


José Antonio Carbonell Pla (Murcia, España, 1959). Novelista, cuentista y corrector de textos, compagina su labor literaria con su profesión de empleado público. Cursó estudios de Filología Hispánica. Estudioso de los clásicos griegos y latinos, así como del Siglo de Oro español.
Es coautor de las obras didácticas Quiero ser poeta (primer premio al Mejor Libro Educativo para Niños en los International Latino Book Awards 2009) y Escribamos cuentos, ambas publicadas por LetraRoja Publisher en la colección Oruga.

Su relato Tengo un cuento sobre mi mesa fue publicado en la antología Tarta de Manzana y otros relatos (Bohodón Ediciones, Madrid, 2009).

En septiembre de 2009 se publicó su novela El monte Origo (LetraRoja Publisher, Orlando, FL, EEUU).

Miembro fundador del grupo de autores iberoamericanos Camagua y colaborador de la revista literaria del mismo nombre.


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Pregunta.- Tu novela El monte Origo comienza con que “muchos sueñan con que algún día, en alguna aldea del mundo, nazca un ser especial, dotado de la capacidad de sobreponerse a la intrínseca maldad humana...”, ¿de verdad cree el autor en esa frase, o es para situarnos en un mundo de fantasía, de ciencia ficción o en una ucronía?
Respuesta.- Es el origen de las religiones: el descontento del hombre. Si seguimos viviendo, pese a todo, es porque en el fondo confiamos en que esto tiene que cambiar, aunque nos produzca pudor expresarlo. Los cristianos, como los musulmanes y tantos otros, creemos que una vez vino un enviado. Tengo la impresión de que el fin último de las religiones es la espera constructiva de una nueva llegada. El problema surge cuando, tal como sucede en la novela, para la mayor parte de nosotros sólo aparece un hombre justo, y no somos capaces de entenderlo.


P.- Debo confesarte que no he buscado en Internet el nombre, topónimo, entrada o cualquier otra término que me llevara a Origo, por eso desconozco si existe o no. Pero me gustaría que me ubicases el pueblo de Torcegada, que está en España.
R.- Origo, -inis es un sustantivo latino que significa origen. Si la novela se atreve a formular alguna tesis es la de que en el retorno del hombre a sus orígenes (respetando la naturaleza y sintiéndose parte de ella) está la única salida posible al atolladero en que estamos metidos. Por eso el cura explica que el nombre de ese monte parece provenir de los romanos, quienes ya debieron de advertir el mensaje que se escondía en sus entrañas.
Intencionadamente, la palabra España no aparece ni una sola vez en la obra. Se habla de un país que aún sufre las consecuencias de una guerra civil (¿cuántos no?). Para nosotros, que vivimos aquí, por la concurrencia de determinados hechos y personajes es obvio que Torcegada se encuentra en España, pero no quise localizar demasiado el escenario, porque creo que esta historia podría ocurrir en cualquier rincón del mundo, con las pocas variantes oportunas en cada caso.
La localidad de Torcegada es imaginaria. Con tanta nieve, puede usted situarla en cualquier zona montañosa del norte de España, como los Picos de Europa o los Pirineos. Torcegada significa torre ciega, un nombre que no quise usar por coincidir con el de una localidad real de esta región, que nada tiene que ver en la historia. Así que, recurriendo al castellano antiguo, lo construí utilizando los términos tor (torre) y cegada.


P.- “La ceguera de la torre iba a extenderse también a los corazones de muchos de sus habitantes”, ese es para mí una de las claves de la novela. ¿No está ocurriendo algo parecido en el mundo actual? ¿No hay una ceguera de corazones en un mundo que ve como el cambio climático puede llevarlo a desastres desconocidos y, sin embargo, el dios Consumo es cada vez más adorado, lo que provoca más consumo?
R.- Sin duda, algo que me interesó especialmente resaltar fue que la historia acontece en un mundo de ciegos, unos ciegos del alma, que conservan perfectamente el sentido físico de la vista, pero que no quieren ver nada más allá. Por eso entiendo que se trata de un tema universal, no local.
Me entristece y me asusta pensar que, en los aspectos que Vd. menciona, todos somos vecinos de ese pueblo.


P.- Duras palabras, y dura realidad, esa de que la nobleza congénita amenaza al hombre bueno con una terrible soledad, que acaba siempre por anegar su vida.
R.- En mi opinión, es lamentable pero real. Precisamente por todo lo que ya hemos comentado, el que se distingue de los otros está condenado al destierro social. Se nos educa para la pillería y la picaresca (¿o hay alguien que triunfe más rápido que los sinvergüenzas?); se nos enseña a ser vengativos; el perdón está desterrado de nuestro código de conducta… La sociedad moderna es como una apisonadora que pretende uniformarlo todo. El que sobresale o se distingue es aplastado de inmediato. Por ello, esa sociedad produce cada vez más individuos solitarios que, en medio del formidable entramado de comunicaciones de que disponemos, viven encerrados en un cascarón de miedo y apatía. Tratar de practicar la bondad y la generosidad en ese estado de cosas resulta francamente heroico.


P.- Otra frase lapidaria “el ser humano se empeña en destruir lo bello cuando lo estima inalcanzable”. Sobre la naturaleza humana dedicas, a lo largo de la novela, frases semejantes, como esta otra: “lo traicionera que es la naturaleza humana y la maldad que anida en el corazón de los hombres”. Poca confianza tiene el autor en la Humanidad.
R.- En primer lugar, como autor procuro no identificarme necesariamente con la voz de mis narradores ni de mis personajes. Entiendo la instancia narrativa como un factor más dentro de una historia, cuyas valoraciones pueden coincidir o no con las del autor. Cuando éste desea hacer oír su propia voz, tiene a su disposición géneros idóneos como el ensayo y el artículo, no la ficción.
Dicho esto, debo reconocer que en las cuestiones a que alude su pregunta soy pesimista. Ningún animal, que yo conozca, se ocupa febrilmente de destruir su entorno natural sólo para conseguir una ganancia efímera; exactamente lo que nosotros estamos haciendo. Incluso entre nosotros mismos, como especie, parece que hayamos entablado una guerra sin cuartel, casi siempre disfrazada de competencia económica, hasta que alguna de las tres o cuatro civilizaciones imperantes acabe por hacerse con el mundo. En el plano individual, estamos en guerra permanente con el vecino molesto, con el conductor que no respeta nuestra preferencia, con el extranjero que creemos viene a quitarnos el pan y con todo lo que se mueve. Será un tópico, pero es cierto que la Tierra es una gigantesca nave en la que viaja una ingente tripulación, que a día de hoy ha demostrado su incapacidad de consensuar un rumbo común y trabajar por él. Esto no tiene buen aspecto, amigo mío.
Debo añadir que, pese a todo, y como nos enseñaron los filósofos griegos, guardo siempre una sonrisa para el último instante, cuando, perdida toda esperanza, nada pueda empeorar más.


P.- “La vida religiosa, entendida desde el ámbito de los cristianos, se reducía a una simple lucha contra uno mismo y contra el pecado para alcanzar egoístamente la salvación individual”, creo que Ángel, en ese momento, nunca había escuchado el Credo de Nicea-Constantinopla, o el mismo conocido como Símbolo de los Apóstoles, por ejemplo.
R.- Probablemente sí lo había escuchado en algunas ocasiones en la celebración de la Misa, pero, al parecer, los ejemplos que veía al salir de la iglesia no hablaban precisamente de lo mismo que minutos antes se proclamaba en el interior del templo. Parece comprensible que un espíritu en extremo generoso como el suyo se escandalizase por aquella aparente incongruencia. De cualquier modo, y como a todo el mundo, la madurez le ayudará a distinguir los infinitos matices que median entre el blanco y el negro.


P.- ¿No hay demasiada bondad en Ángel?
R.- Así pensará cualquier lector que se encuentre con un personaje como éste. Ésa es la misma reacción de los habitantes de Torcegada y es, para mí, una de las claves de la novela: la “maldad” está tan asumida por la especie humana como algo natural y hasta necesario, que el “bueno” despierta recelos y, en el mejor de los casos, es tachado de tonto (así lo leí en una amable reseña de la novela aparecida en otro medio). Cuando un temple como el de Ángel pueda parecernos verosímil y nos sintamos capaces de aceptarlo, algo habrá empezado a cambiar.


P.- El anacoreta Gaspar nos envía un mensaje muy de acuerdo con las proclamas actuales de los organizaciones ecologistas: “no es feliz quien posee muchas coas, sino quien menos necesita”. (O lo que es lo mismo, consumir menos para vivir mejor).
R.- Lo habitual es agarrar una pancarta y lanzarse a la calle a gritar consignas ecologistas. Y no digo que esté mal, pero además, cada uno tiene que poner en práctica lo que predica. Gaspar vive un ecologismo silencioso pero efectivo. Hace muchos años que abandonó lo que llamamos civilización para meterse en un agujero en el monte y prescindir de todo lo superfluo. En la novela intento mostrar que ejemplos como el suyo —quizá sin llevar las cosas tan lejos— pueden cundir, como ocurre con Ángel y con alguien más, aunque a la mayoría aún nos falte valor para imitarlos, siquiera parcialmente. De nuevo, aquí el autor se identifica con el personaje y está convencido de que la verdadera felicidad está muy lejos de los bienes de consumo. En este sentido, la novela pretende ser un canto a la vida sencilla.


P.- En el mundo de tantos avances tecnológicos que mientras pueda ir describiéndolos quedo desfasado, del consumo compulsivo, del usar y tirar, de la Isla de la Basura que asfixia parte del océano, ¿es posible que “seamos capaces de desprendernos de lo superfluo para ser más ricos en conocimiento y en verdadera sabiduría”? ¿Es posible eso en este mundo?

R.- Me cuesta creer que, con la inercia consumista y depredadora que nos domina, eso sea posible. Lo que afirmo es que es imprescindible. Pero el peso de las iniciativas que realmente frenarían la destrucción del planeta —si es que aún estamos a tiempo— no está en manos de la gente, sino de los gobiernos. Y estamos hartos de ver cómo éstos no parecen muy inclinados a ceder en sus resultados económicos en bien del suelo que pisan. A estas alturas, todavía se discute sobre reducciones de un 20% de las emisiones tóxicas a la atmósfera a un plazo medio, cuando creo que las medidas a tomar habrían de ser mucho más enérgicas y definitivas. Peor para todos.


P.- Tu novela también nos va paseando por la historia de España, la historia más reciente. Y aprovechas para dar breves pinceladas que sitúan la acción en momentos históricos, lo cual la hace más cercana al lector.
R.- Las guerras —es indiferente dónde acontezcan— inoculan en la gente grandes dosis de egoísmo, miedo y resentimiento, que permanecen durante generaciones. Tal es el ambiente que se respira en Torcegada, como en tantas localidades de todo el mundo, muchos de cuyos habitantes han visto correr la sangre por las calles en nombre de quién sabe qué oscuros ideales patrióticos. Pero si la novela cae en manos de un guatemalteco —circunstancia que me consta ya se ha producido— también él conocerá en sus propias carnes o en la mirada temerosa de sus padres el fantasma de una guerra civil, y sabe muy bien de qué le hablo. El escenario en que se desarrolla la historia de Ángel, por desgracia, es universal.


P.- Permíteme cambiar de tercio e ir a tu actividad creativa. Has publicado relato, poesía, novela. ¿Dónde se encuentra más a gusto José Antonio Carbonell?
R.- En lo referente a poesía, participé en coautoría en una obra didáctica que pretende mostrar los fundamentos de la poesía a los más jóvenes (Quiero ser poeta, LetraRoja Publisher, Orlando, FL, 2007), obra que presenté en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) de 2007, y que luego resultó galardonada en los International Latino Awards 2009, en EE UU. Aunque conozca y haya trabajado en la técnica poética, el ser o sentirse poeta, más que una dedicación, es un estado del alma.
En cualquier caso, me considero fundamentalmente narrador, en concreto, novelista, tarea en la que ahora vuelco toda mi dedicación. He escrito novela histórica (La Cruz de Hattin) y ahora estoy terminando algo que podemos encuadrar dentro de la novela gótica. Me gusta experimentar diversas técnicas narrativas, siempre en busca de una identidad como escritor que nunca acabará de fraguarse y que camina paralela a la propia vida. ¿Quién sabe qué demonios escribiré mañana?


P. Esta pregunta la suelo plantear a casi todos los poetas que entrevisto. En el mundo de las prisas, del iPhone, del cambio climático, de la pandemia por H1N1, ¿qué sentido tiene la poesía?

R.- Algo parecido le preguntó a Borges un periodista despistado (nada que ver con usted, Sr. Illán, que, entre otras cosas, es un gran poeta), y el insigne autor le respondió con otra pregunta: «¿Y para qué sirven los pájaros?».
Desde mi humilde punto de vista, más de ser humano que de escritor, compadezco a quienes hayan perdido la capacidad de cerrar los ojos y soñar. La poesía no es un invento; está en la esencia misma de las cosas, en la mirada de la mujer que amas, en la palmada amistosa del compañero, en un día frío y lluvioso, en el dolor de una pérdida. Al igual que la música, la poesía tiene la facultad de despertar nuestra fibra más sensible, ésa que desde hace mucho tiempo dejamos adormilada en aras de la prisa y el agobio los hombres del siglo XXI.


P. ¿Cómo es tu actividad creativa? ¿Cuánto tiempo le dedicas? ¿Cuándo escribes?
R.- Escribo cuando puedo y me dejan. Es una lucha, porque, para llenar el frigorífico, hay que trabajar en otros menesteres que nada tienen que ver con la literatura. Fundamentalmente, dedico a escribir las tardes y buena parte de los fines de semana, siempre a costa de la paciencia de esa santa compañera que todavía me aguanta, y a la que debo infinita gratitud. Pero usted sabe igual que yo que también escribimos mientras paseamos por la calle, en la ducha, a la hora de comer e incluso durante el sueño. Esto se lleva en la sangre y acabamos aprendiendo a mirar el mundo con ojos de escritor.


P.- No sólo de letras vive el hombre. ¿Dónde podemos encontrar a José Antonio Carbonell Pla en la red? ¿Le dedica mucho tiempo a ella?
R.- Casi me avergüenza reconocer que prácticamente toda mi actividad en internet gira en torno a las letras. Especialmente, estoy en permanente contacto con mis compañeros escritores, buena parte de los cuales residen en el continente americano. Hago promoción de mi novela en Facebook, visito blogs literarios y aprovecho los recursos gratuitos que se ofrecen (DRAE, DPD, Wikipedia, etc.). La red es un tesoro documental casi infinito y en constante expansión, y para mí se ha convertido ya en una herramienta indispensable.
En cuanto a otros usos, digamos más lúdicos, me persigue constantemente la sensación de estar perdiendo el tiempo cuando no leo o escribo. Manías…


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ves?
R.- Mi editor, Miguel Castro, me confirma que en la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) seguía apostándose fuerte por el e-book o libro electrónico. Está claro que muy pronto se habrá extendido, y todos tendremos nuestro lector digital, que nos permitirá llevar en el bolsillo cientos o miles de obras y disfrutarlas en cualquier momento y lugar. Sin ir más lejos, mi novela El monte Origo estará pronto disponible en ese formato. Pero creo que el libro en papel no tiene sustituto posible. El tacto del papel y la cubierta, el olor de la tinta y los materiales, el sonido de las páginas al pasar… son detalles que permiten gozar a fondo del placer de la buena lectura, algo que nunca podrá igualar un dispositivo electrónico, que nos dejará plantados en mitad de un buen capítulo, justo cuando el protagonista vaya a descubrir el misterio que casi le cuesta la vida, …porque se acabó la carga de la batería.


Un placer haber charlado contigo.
No tan grande como el mío. Gracias.

martes 5 de enero de 2010

Encuentro con Ignacio Borgoñós


El pasado lunes tuve el placer de conocer a Ignacio Borgoñós, autor de Recitando a Petrarca. Fue en Cieza, durante la presentación de su novela en la Casa efeSerrano, frente al Museo Siyasa, y charlamos durante unos minutos, quedando para vernos más adelante y charlar para la sección de Hablando de Libros.

lunes 4 de enero de 2010

Sevilla escribe:


El pasado 22 de diciembre, el sitio Sevilla escribe se hizo eco o, mejor dicho, reprodujo la entrevista que mantuve con Juan de Dios Garduño, y de la cual ya os hablé.

Podéis ver la entrada original, y leer la entrevista, si no lo habéis hecho AQUí.

sábado 2 de enero de 2010

Hablando de libros con Gonzalo Gómez Montoro


Gonzalo Gómez Montoro nació en Murcia en 1982. Es licenciado en Filología Inglesa y Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. También ha cursado estudios de Periodismo en la misma universidad. Residió durante un año (2002-2003) en la ciudad de Lille (Francia), gracias a una beca Erasmus.

En Clermont-Ferrand (Francia) ejerció de profesor de español en un instituto durante el curso académico 2006-2007.

Recibió el primer premio en el certamen Mola Joven 2005 en la modalidad de narrativa. También ha sido distinguido con dos accésits en el certamen Murcia Joven en las ediciones de 2005 y 2006. Fue finalista y seleccionado para su publicación en el IV Certamen Universitario Nacional de Relato Corto Booket 2007. En 2008 ganó el 1er premio del certamen de narrativa Corazón de la Mancha y fue seleccionado para formar parte de la Antología de la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana Mondadori 2008. En 2009 recibió un accésit en el XXVIII Concurso de Relato para Jóvenes del Ayto. de Albacete y publicó la colección de relatos El armario de Abdou en la editorial Tres Fronteras. Además de las revistas digitales Tonos digital y Como un ángel sentado en manos de un barbero, ha colaborado en las revistas literarias Ágora Papeles de arte gramático y Escribir y publicar. Hasta la fecha, su obra se ha centrado casi por completo en el género del relato breve.

En estos momentos compagina la escritura con las oposiciones a Secundaria, su segundo libro de relatos, la licenciatura de Periodismo y la labor de crítico literario en el suplemento cultural Ababol del diario La Verdad. También le podréis encontrar en su blog aguasdeceniza.blogspot.com donde suele publicar reseñas críticas, relatos, crónicas de viajes y todo tipo de textos literarios.

Le entrevistamos por su libro "El armario de Abdou"
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Pregunta.- Quien lea tus datos biográficos sabrá que está ante una persona inquieta, trabajadora, un escritor casi compulsivo, pues desde el 2003-2004 parece que no has parado de escribir, trabajar y viajar.
Respuesta.- Creo que todo es cuestión de organizarse, tener un mínimo de disciplina, bastante curiosidad y, sobre todo, poner mucho entusiasmo en lo que uno hace, además de hacerlo con el mayor esmero posible. También es muy importante saber bien qué es lo que te apasiona, y una vez que lo sepas dedicarte de lleno a ello e intentar dar lo mejor de ti mismo, ser humilde y pensar que lo que haces siempre se puede mejorar y, claro, no desanimarte, pues, como dice la ley de Murphy, las cosas siempre son mucho más difíciles y cuestan más esfuerzo de lo que parece, y nunca te salen a la primera. Si miro para atrás me da la impresión de que estos años he hecho cosas, pero, sinceramente, creo que podía haber hecho muchas más. Fíjate, a mi edad Vargas Llosa había escrito una obra maestra del cuento llamada “Los jefes” y esa otra maravilla titulada “La ciudad y los perros”. ¿Qué he hecho yo en comparación con eso? Mejor ni lo pensamos. Ahora maduramos con retraso en literatura, aunque parezca lo contrario. Se considera joven promesa a un autor de cuarenta años cuando a esa edad García Márquez ya estaba escribiendo “Cien años de soledad” y Vargas Llosa había publicado “Conversación en la catedral”.
A mí me resulta difícil estar sin hacer nada, me pongo nervioso cuando me pasa esto, pero, por encima de todo, pienso que con las facilidades que hoy tenemos en los países desarrollados tiene mucho delito no aprovechar estas oportunidades, no sacarle todo el partido que podemos. Hace sólo unos años muy poca gente podía estudiar en España, ahora la persona más aislada geográficamente o con menor nivel económico tiene a su disposición una enseñanza gratuita, bibliotecas públicas, acceso a Internet, Clubs de lectura, Institutos de la Juventud, Escuelas de idiomas, Conservatorios, becas. Ya no vale la excusa de que “en mi casa no había libros” para no hacer nada, porque gracias a los medios de comunicación y a la enseñanza todos sabemos el beneficio que aporta la cultura, aparte de la enorme inversión económica que hay en estas facilidades y que no podemos permitirnos el lujo de no utilizar.
O sea, que quien no aprovecha el tiempo es porque no le da la gana o porque prefiere hacer otras cosas en su tiempo libre. Además, en las licenciaturas de letras te exigen tan poco que te da tiempo a hacer otras mil actividades, como aprender idiomas, informática, sacarte otra carrera, escribir, leer. No puedes conformarte con la rutina mediocre que te enseñan en la universidad o con lo que vas escribiendo, aunque te digan que lo haces muy bien o por muy buenas notas que saques, porque entonces estás acabado aunque sólo tengas veinte años. Tampoco concibo que un estudiante de mi generación, con todas las becas que existen (ni siquiera hace falta ser buen estudiante para conseguirlas) no salga al menos un año al extranjero y aprenda realmente bien inglés o francés, dos lenguas con las que tanto contacto tenemos y que representan el 90 % de lo que se escribe en Internet y de las publicaciones científicas, y que se prive a sí mismo de todos los beneficios que te reporta esa salida, empezando por que te ayuda a comprender mejor tu propio país. Y en cuanto a la escritura, me cuesta esfuerzo escribir, claro, pero una vez que cojo el hilo de la narración disfruto muchísimo, así que el trabajo se convierte en algo apasionante, sobre todo ir viendo cómo mejoras muy poquito a poco, porque en realidad uno no es más que un aprendiz que acaba de empezar. Además de esto, debo decir que he tenido mucha suerte, y que mi esfuerzo se ha visto recompensado con creces, lo cual me anima a seguir escribiendo.

P.- Y no sólo escritor, sino además, crítico literario en un medio que supongo exigente, Ababol, del diario La Verdad.
R.- Sí, me siento tremendamente afortunado de poder hacer reseñas en La verdad. Y por supuesto, saber que mucha gente va a leer esa crítica, en tres provincias (Ababol también aparece en las ediciones de Albacete y Alicante), aunque no sepan quién es el “reseñista” (autodenominarme crítico me parece demasiado), te obliga a leer con extrema atención los libros y a pensar detenidamente todo lo que escribes sobre ellos. Vamos, que tienes una responsabilidad, y no pequeña. Sabes que hay un autor que ha dedicado mucho tiempo y que ha puesto ilusión al escribir el libro que tienes ante ti, y no puedes emitir opiniones frívolas por el hecho de que sean más divertidas o hacer comentarios que estén basados en cuestiones extraliterarias (hay quien los hace), porque de esa forma estarías siendo injusto. Pero no nos engañemos, la crítica literaria de los periódicos ocupa hoy un papel secundario a la hora de influir en los lectores para comprar tal o cual libro. Los lectores son lo suficientemente maduros como para saber que se trata de una opinión más, por supuesto subjetiva, y que en ningún caso es definitiva. Solamente hay que ver los autores ninguneados en su momento por la crítica y que luego se convirtieron en referentes literarios. Personalmente, y quizá a causa de ese componente subjetivo, tiendo a fijarme bastante en los aspectos técnicos de las obras, lo cual creo que supone una manera de reducir el margen de error en tu juicio. De este modo, si una novela tiene unos diálogos inverosímiles difícilmente será una buena novela por muy original que sea su argumento o lo bien que adjetive el autor. Ahora bien, si la obra cumple unos requisitos técnicos mínimos, entonces ya podemos entrar en otras cuestiones de mayor profundidad, matizar más tu visión sobre la obra. Lo que no comparto es la opinión de mucha gente que piensa que la crítica juzga por capricho ni tampoco la de algunos escritores contemporáneos que, por haber recibido reseñas negativas, generalizan y desacreditan la labor de la crítica literaria, cuando hay mucha gente que está trabajando muy bien tanto en diarios de provincias como en prensa o revistas literarias de tirada nacional. En cualquier caso, esto de la crítica podría dar para muchas horas de debate, esta respuesta es solamente un resumen brevísimo de mi opinión.

P.- Y si alguien tiene duda de todo cuanto te pregunto, sólo tiene que saber que en estos momentos compaginas la escritura con las oposiciones a Secundaria, tu segundo libro de relatos, la licenciatura de Periodismo y la lectura para la crítica literaria. ¿Eres tú otro de los privilegiados que tiene un Giratiempo de la profesora Minerva McGonagall?
R.-No tengo ningún Giratiempo (risas). Como he dicho antes, todo es cuestión de organizarse, proponerse horarios y cumplirlos, y vencer a la pereza cuando nos ataca, sobre todo en los meses de este calor tan agobiante que tenemos en Murcia, meses que al fin y al cabo ocupan la mayor parte del año. Gregorio Marañón decía que era un “trapero del tiempo” porque aprovechaba los retales de minutos, los tiempos muertos para avanzar en sus tareas literarias. Además de las numerosas horas que paso en la biblioteca o en mi mesa de trabajo de lunes a domingo, también me gusta aprovechar los trayectos en autobús o incluso las tareas domésticas para pensar sobre lo que estoy escribiendo o leyendo, pues, en cierto modo, es como si estuvieras trabajando. Fregar los platos o barrer el suelo pueden ser labores altamente productivas, porque se realizan de manera mecánica y te dejan la mente libre para lo que llevas entre manos. Se me han ocurrido bastantes argumentos, diálogos o finales para mis relatos mientras hacía esto. También, como todo aprendiz de escritor que se precie, siempre llevo a mano una libreta o un papel para apuntar ocurrencias, frases, cosas que oigo, etc. Tengo que anotarlo en el momento en el que aparece la idea, aunque sea cuando estoy a punto de dormirme, porque si no se me olvida y luego me pone de mal humor no acordarme de todo. Creo que es igualmente importante estar centrado en lo que estás haciendo y no pensar en otras cosas que podrías o deberías realizar en ese momento, porque si no al final no haces nada bien. También es buena idea proponerte pequeñas metas, objetivos realizables a corto plazo, aunque sólo sea escribir un renglón diario si tus obligaciones no te dejan tiempo para más. La cuestión es escribir, practicar, no parar, avanzar dos palabras mientras el microondas te calienta el café. Sé que estoy hablando como un libro de autoayuda, pero es que es mi manera de funcionar, sobre todo en año de Oposiciones, una época en la que no te queda tiempo libre para casi nada.


P.- Tu primer libro de relatos en solitario es El armario de Abdou, motivo principal de esta entrevista. Ya habías conseguido varias distinciones, pero me comentabas que eras un desconocido. Y, sin embargo, publicaste. ¿Cómo llega Gonzalo Gómez a Tres Fronteras Ediciones y ésta decide publicarle? ¿Es más fácil que a un autor le publiquen siendo crítico literario o periodista?
R.-Desde luego, era un desconocido, lo sigo siendo y lo seré, dicho esto sin ningún pesar por mi parte. Es cierto que antes de publicar El armario de Abdou había recibido algunos premios y que varios de mis cuentos habían aparecido en ediciones colectivas, pero también lo es que todavía no me conocían ni siquiera en el mundillo literario murciano. Yo llevé mis cuentos a la editorial antes de empezar a escribir en La verdad, por lo que difícilmente me habrá sido más fácil publicar por lo que mencionas. Cuando dejé mis relatos en la editorial vi que estarían sepultados inmediatamente bajo una enorme pila de manuscritos, así que al cabo de unos meses volví a llevarlos con bastantes correcciones y para intentar que se situaran, aunque fuera por poco tiempo, sobre los otros manuscritos. Después de un tiempo me llamaron, me dijeron que les habían interesado mis relatos y que se iban a publicar. Con esto quiero decir que a veces no basta con intentarlo una vez, sino que hay que insistir e insistir, cuidando tu obra hasta el más mínimo detalle, eso por descontado. Cuando uno empieza, escribir es la mitad del trabajo y la otra mitad hacerlo valer. Los escritores que tienen agentes literarios me imagino que se ahorrarán ese esfuerzo, pero casi todos tenemos que pasar por ahí. Buscar que te publiquen es cansado y a veces puede resultar hasta humillante, pero es así, no puedes desanimarte. En un mercado tan saturado como el del libro hay muchísima competencia a cualquier nivel, porque además los libros casi no producen dinero, así que no basta con escribir y moverte lo justito. Por otra parte, sería una hipocresía decir que los contactos, tanto en el mundo literario como en cualquier otro ámbito, no son importantes. Por supuesto que lo son, pero solamente hay que ver la cantidad de escritores que consiguen hacer llegar sus obras al gran público y que no son ni periodistas ni críticos literarios ni presentadores de programas de libros. Yo me atrevería a decir que son la mayoría de los escritores, porque en realidad casi todos partimos de cero.


P.- A quienes nos movemos por los foros literarios de Internet, sabemos de las quejas de los autores noveles por la dificultad en publicar. ¿Es más fácil que a un autor le publiquen siendo crítico literario o periodista?
R.- Enlazaré esta respuesta con la anterior. Puede ser que, recibidos dos manuscritos al mismo tiempo, en una editorial lean antes el que vaya firmado por un crítico o un periodista, pero este dato no es ni muchísimo menos determinante para que te publiquen. El manuscrito del periodista o del crítico debe tener, como mínimo, tanta calidad como el otro manuscrito, y si el texto remitido por el, llamémoslo no-crítico o no-periodista, tiene más nivel, seguro que será publicado antes por la editorial. Luego hay que tener en cuenta otros factores tan importantes como el carácter más o menos novedoso de las obras, que la forma de escribir de uno y otro sea acorde con el gusto del editor, que un tipo de libro esté más de moda que otro, etc., etc. A esto hay que sumarle lo que respondía en la segunda pregunta, esto es la escasa influencia que hoy en día tienen los críticos literarios, sobre todo los de provincias, que son leídos principalmente por gente del mundo literario local, pero que no son seguidos muy asiduamente por el público mayoritario, el que representa el grueso de la población que compra libros. Por eso insisto en que lo de ser crítico o periodista influye mínimamente a la hora de que te publiquen. Además, la crítica puede ser un arma de doble filo, porque tú mismo puedes ganarte la enemistad de algunas editoriales al reseñar negativamente a sus autores, pero eso no puede cercenar tu libertad para decir lo que piensas. Volviendo a las oportunidades que tienen los escritores noveles para publicar, están otros medios como los premios literarios, muchos de ellos abiertos a todo el mundo, que también pueden servir para ayudarte a que destaques un poco entre los demás escritores, a que tu voz sea escuchada, porque al fin y al cabo es lo que busca todo el que escribe. Pero la respuesta a tu pregunta está, otra vez, en que muchos escritores, incluyendo a los que han llegado a publicar en las grandes editoriales, no son críticos ni periodistas ni nada por el estilo. Otra cosa totalmente distinta es que hayan empezado a desempeñar estas tareas una vez que se han dado a conocer como escritores.


P.- El armario de Abdou contiene siete relatos con personajes que podemos encontrar en cualquier lugar, que conviven con nosotros en nuestro edificio, que conducen el taxi que tomamos, que se ilusionan por las más leves cosas que podamos imaginar o que son felices renunciando a un hipotético futuro maravilloso porque con menos piensan que tienen más.
R.- Me gusta tu apreciación, Francisco. Exactamente, son personajes que podemos encontrar en cualquier lugar, gentes que podrían ser nuestros propios vecinos, la persona que se sienta a tu lado en el autobús. De hecho, creo que no podría escribir historias sobre algo que no conozca muy de cerca, reconozco mis limitaciones al respecto. Me gustaría pensar que esta cercanía ayuda a que los protagonistas del libro resulten creíbles y, por así decirlo, auténticos. Me apasiona escribir relatos basados en anécdotas reales, muchas veces en sucesos que me cuentan conocidos o que me han pasado a mí, pero lo importante es que esa historia o, mejor dicho, la historia que resulta de tu elaboración literaria, trascienda esa anécdota inicial, que sea reveladora de algo de nuestra condición, da igual el aspecto que trate, aunque casi siempre tenga que ver con las relaciones entre las personas, tan complejas y difíciles. También es muy importante que esté todo implícito, que el contenido, por llamarlo de alguna forma, se desprenda del texto. Creo que en las acciones en apariencia insignificantes que se producen a nuestro alrededor hay muchos universos riquísimos y extraordinariamente poéticos, eso de que la realidad es infinita es totalmente cierto. La cuestión es saber mirar y sacar de esas anécdotas o sucesos la poesía que contienen, añadirles, quitarles o modificarles lo que haga falta para que ganen expresividad e intensidad, que tanta importancia tienen el cuento. Lo ideal para mí sería crear una realidad paralela partiendo de la que tenemos ante nosotros, enriquecer el mundo aportando otra dimensión de las cosas, que sería la dimensión del escritor. Ahí es donde entra en juego la personalidad del autor, que sea fino a la hora de abordar la historia, que no caiga en los tópicos, etc.

P.- Al final del tercer relato, Aguas de ceniza, escribí una nota: ¿qué son aguas de ceniza?
R.- No es la primera vez que me hacen esa pregunta. Ese cuento fue el primero que escribí de todos los que componen el libro, tenía 23 años. Es curioso, el título me surgió de una asociación de ideas motivada por un poema de Neruda y pensé que en ese sintagma de tres palabras estaba el embrión de un cuento. O sea, que tenía un título pero no poseía ni una historia ni personajes ni nada de nada. No me gusta explicar mis relatos, primero porque no sé hacerlo bien y, segundo, porque me parece que pierden la gracia si lo hago. La cuestión es que esas tres palabras me sugirieron una serie de connotaciones como pueden ser la ambientación que debía tener el relato, cómo debía ser el personaje y también el final, que encerraba su misterio en el propio título, y que no explicaré para no fastidiar la lectura del cuento (sonríe), si es que acaso tiene alguna explicación. Como decía antes, en literatura y en arte en general soy partidario del inmanentismo, creo que la explicación y el significado deben desprenderse de la obra, ésta debe hablar por sí sola, y no al contrario, porque de otro modo nos estaríamos acercando mucho a la charlatanería (y si hay dinero y vanidad de por medio, más aún), al traje nuevo del emperador, que es uno de los problemas del arte contemporáneo, en el que tú no puedes entender las obras hasta que no viene alguien y te las explica, la calidad entonces se supone que depende del rollo que te suelten, independientemente de la obra que estés contemplando.


P.- En el quinto relato, El maestro, señalé: ¿no lo deja abierto? ¿Lo deja abierto el autor para que el lector decida el final?
R.- A mi parecer, ese relato está cerrado; al quedar destrozada la figura se ha producido el clímax y a los protagonistas los ha fastidiado bien ese escultor tan extraño y con tan malas pulgas. Pienso que los relatos a veces pueden quedar cerrados aunque no terminen con una muerte o de forma lapidaria. La cuestión es que la acción interior del cuento haya llegado a un punto donde continuar la historia no aporte nada. En muchas ocasiones es mejor dejar el cuento en suspensión antes que alargarlo innecesariamente.


P.- Hasta el momento tu obra se ha centrado en el relato breve, y por lo que me contabas, preparas un nuevo libro de relatos.
R.- Es cierto, casi todo lo que he escrito, además de las críticas y otros géneros periodísticos, son relatos, algunos breves y otros no tan breves, novelas cortas podríamos llamarlas. En este momento estoy trabajando en un nuevo libro de cuentos, llevo aproximadamente escrita una tercera parte del total. Estos relatos serán bastante más extensos que los de El armario de Abdou y, si todo sigue según lo esperado, tendrán como tema común el viaje. De todas formas, puede que mañana o el mes que viene me arrepienta de lo que tengo escrito y que el proyecto se atrase, cambie totalmente o acabe en la papelera. Esto me pasa con frecuencia. Por otra parte, no tengo prisa por publicar este segundo libro; ya se sabe que la prisa en literatura es muy mala consejera.


P.- Permíteme unas preguntas sobre tu actividad creativa. ¿Cómo agrupas los relatos cuando decides enviarlos a una editorial? Y, finalmente, el orden en el que salen publicados, ¿lo decides tú?
R.- El orden de los cuentos del libro es el mismo que el del manuscrito que llevé a la editorial, con la excepción del relato que da título al volumen que, si no recuerdo mal, antes estaba en segundo lugar. El editor pensó que El armario de Abdou, entre otras razones por su temática actual, fuera el título del libro y el cuento que iniciara el volumen. Yo, en origen, situé el relato titulado “El regreso” en primer lugar porque pensaba que era el mejor del libro o, al menos, el que más podría atraer a los lectores para que siguieran leyendo. Por supuesto, en todo libro de relatos hay un desequilibrio, la cuestión es minimizarlo, porque es imposible que todos te salgan igual de bien o con la misma intensidad. Por eso, creo que hay que empezar con un plato fuerte, situar también alguno de tus preferidos por el centro y reservar otro de los que más te gusten para el final, de modo que sea un poco como la estructura de una montaña rusa, evitando siempre que las caídas sean demasiado pronunciadas (risas).


P.- ¿Cuándo sabes si un texto es bueno o malo? ¿Usas mucho la papelera?
R.- Creo que un escritor siempre debe exigirse al máximo, no ser nunca autocomplaciente. También pienso que uno es consciente del valor de sus textos en comparación con lo que ha producido hasta ese momento, a no ser que te ciegue la vanidad. Por eso es totalmente recomendable dejar reposar los textos un tiempo y luego releerlos como si les hicieras una radiografía, para apreciar hasta la más mínima falla, porque así, en frío, es cuando puedes apreciar el valor de lo que has escrito. Y si albergas alguna duda, por pequeña que sea, ese texto debe ir a la papelera, porque los demás verán ese fallo magnificado, como si lo apreciasen con una lupa. Igualmente, es muy conveniente tener lectores exigentes y de confianza, que te digan con sinceridad lo que piensan de tus escritos, porque muchas veces nos formamos una idea de nuestros textos que no se corresponde con la realidad. Como comprenderás, la papelera la uso muchísimo. Piensa que El armario de Abdou apenas son 30 o 40 folios a doble espacio. Pues esos pocos folios son los que he salvado de 4 años de trabajo, quizá el 20% de lo que he escrito en ese tiempo. Casi todo lo que escribo está condenado de antemano a la papelera, pero es que no concibo otra forma de ver la escritura, a lo mejor es por mi condición de novato, no lo sé. Además, creo que no tenemos derecho a publicar un texto que no valga la pena por mucho trabajo que nos haya costado escribirlo, sería una falta de consideración hacia los lectores.


P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Aún no has publicado novela, pero no me resisto a preguntarte ¿cómo lo ves?
R.- Todavía no he publicado ninguna novela, pero tengo varios proyectos en mente que intentaré desarrollar en cuanto termine las Oposiciones. Creo que escribir un cuento puede ser también plantar un bosque, y muy frondoso, dependiendo de la complejidad y la ambición con que afrontes el reto. La novela, por definición, es más laboriosa por el hecho de ser más extensa, pero creo que hacer un buen cuento es más difícil y trabajoso que escribir una mala novela. En realidad se trata de una cuestión de calidad. Más vale un buen cuentista que un novelista mediocre. Protestar por el ostracismo editorial del cuento respecto de la novela se ha convertido ya en un tópico, aunque tenga bastante razón. Otro problema distinto, según mi parecer, es que hay muchos cuentistas que son considerados grandes escritores dentro del mundillo del relato breve, aunque yo creo que no son tan buenos, ni mucho menos. Hay demasiado esnobismo en ese mundo, mucho “genio incomprendido” que reniega de los consagrados, cuando en realidad quedarían bastante mal parados si les comparásemos. En España a veces no sabemos apreciar la excelencia por más que la tengamos delante de nuestras narices, no sé si es por complejo o por esnobismo, como te digo. Para mí, los cuentos de Manuel Vicent, Manuel Rivas, Javier Marías y Juan José Millas (“Primavera de luto” y “Ella imagina” sobre todo) son bastante mejores que los relatos de muchos “profesionales” del cuento, aunque estos nombres “famosos” que te cito nunca aparezcan en las listas del cuento. Lo que me interesa es el texto en sí, me es igual que lo haya escrito un pintor, un dramaturgo o un reconocido cuentista. En cualquier caso, no creo en la especialización literaria, entendida ésta en ceñirse a un género más que nada para erigirte en reyezuelo de tu taifa.


P.: Cristina Fernández Cubas definió el cuento como “algo misterioso y titánico, que va siempre más allá de la extensión que tiene”. ¿Hay solución para ese enigma?
R.- Claro, el cuento siempre debe ir más allá de la extensión que tiene. Creo que esto tiene bastante que ver con lo de trascender la anécdota que he dicho antes. La historia tiene que ser reveladora de algo, que arroje luz sobre algún aspecto humano. Estoy pensando en ese relato genial de Manuel Rivas titulado “El artista de provincias”, incluido en “El secreto de la tierra”, sobre un pintor coruñés que, después de marcharse a Madrid y seguir las modas, termina volviendo a su voz inicial, a pintar vacas. Ese es para mí un ejemplo de buen cuento, con sentido del humor, agilidad, misterio y ese “contenido humano” que va implícito de forma sutil, como la gota de agua en la nube, por utilizar la preciosa metáfora de Ortega y Gasset. Si el cuento sólo se queda en relatar algo pintoresco o en describir las acciones de los personajes es un relato fallido. Entonces la solución del enigma está en que el escritor debe ser antes persona que escritor, debe tener sensibilidad como ciudadano anónimo, lo que veas en el ser humano debe ser lo que te empuje a escribir y no al contrario, a escribir para que conozcan en tu barrio o para presumir delante de tus amigos.


P.: ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?
R.- Creo que la buena literatura está escrita por los buenos escritores, todo lo demás da igual. Sólo tienes que ver al escritor caribeño VS Naipaul, Premio Nobel y escritor extraordinario, aunque como persona, según todos sus biógrafos y familiares cercanos, deje bastante que desear. Claro, es un escritor al que me encanta leer, pero al que no querría tener como amigo (y si no, que se lo pregunten a Paul Theroux), son dos cosas totalmente diferentes. En la respuesta anterior decía que un escritor tiene que ser antes ser humano que escritor, pero no he dicho que tenga que ser ni buena ni mala persona, sino que sepa observar la condición humana, entrar en el mundo de los humanos. Otra cosa es ver el mundo con ojos de escritor, vivir en tanto que escritor, etc., pero incluso antes de eso has tenido que ser persona, ciudadano anónimo. Y luego tenemos que ver qué es eso de la desobediencia, a qué nos referimos exactamente, porque es algo muy abstracto y creo que a estas alturas es bastante ingenuo declararse desobediente, cuando en realidad obedecemos a los bancos, a tu jefe del trabajo, a tu pareja, a tu familia, a tu editor, a tus lectores y a mil cosas más, aunque no lo queramos reconocer. Hoy en día las tendencias literarias son tan numerosas y tan variadas, el mundo literario está tan sumamente atomizado, que no se puede generalizar, porque si dices que desobedeces a algo al mismo tiempo estás obedeciendo a otra cosa. No sé, me produce ternura que alguien a estas alturas sea tan cándido como para considerarse desobediente.


P.: No puedo olvidar que eres crítico literario en Ababol. ¿Cómo llegan los libros a Gonzalo Gómez, cuanto tiempo le dedicas a la lectura de los mismos y a escribir las reseñas?
R.- La mayoría de los libros son enviados al periódico por las propias editoriales. También hay autores que me los hacen llegar directamente a mí, gente que me lo pide. Yo reseño todos los libros que me dan, siempre y cuando estén publicados con un ISBN o un Depósito Legal, no hayan pasado demasiados años desde su publicación y tengan un mínimo de relación con la literatura y la cultura, aunque sé que esto es difícil de delimitar. Por poner un ejemplo, no podría reseñar un manual de agricultura o de funcionamiento de tractores, no tengo nada en contra de los tractores, pero en el periódico creo que no lo aceptarían. Al leer cada libro tardo más de lo que tardaría un lector normal, porque me detengo en muchos pasajes, no puedo permitirme el lujo de saltarme páginas, y además me gusta subrayar fragmentos y tomar notas mientras leo. Es una costumbre que tengo desde hace mucho tiempo, así que no me ha supuesto un cambio significativo en mi manera de trabajar. En cuanto a las reseñas, como mínimo tardo una mañana o una tarde entera en escribir cada una de ellas. Sin exagerar, me puede llevar cuatro o cinco horas escribir una reseña de 300 ó 400 palabras, el equivalente a un folio o un folio y medio. Pienso mucho todo lo que pongo, corrijo constantemente y, por tanto, avanzo muy despacio.


P.- No sólo de letras vive el hombre. ¿Dónde podemos encontrar a Gonzalo Gómez Montoro en la red? ¿Le dedicas mucho tiempo a ella?
R.- Le dedico mucho tiempo a la Red, y cada vez más. Creo que Internet es como el sueño americano pero en versión digital y en bata de estar por casa. Me fascina la filosofía con la que fue creado, gente de todo el mundo cooperando y perfeccionando el invento de forma prácticamente altruista. Tampoco podemos ser ingenuos como para no darnos cuenta de que mucha gente aún no tiene acceso a la Red; es decir, pensar que es un medio totalmente universal, porque falta mucho para que lo sea. Lo que sí me entusiasma es que esta herramienta permita que una persona con un blog o una Web, en la aldea más perdida del Himalaya, pueda convertirse en un crítico literario más influyente que el propio Harold Bloom. Sólo hace falta que trabaje muy bien y que sepa moverse, porque al final los lectores irán afluyendo de todas partes del mundo. Lo que pasa es que de pronto Internet ha creado una oferta descomunal, muchísima gente se ha puesto a escribir, y hace falta discernir lo que tiene calidad de lo que no tiene. Pero el futuro de muchas revistas literarias está en la Red, fíjate el caso reciente de “Ágora, papeles de arte gramático”, que está llegando a rincones del mundo como nunca lo podría hacer la versión de papel.
Ahí radica el poder de Internet, también en el caso del español, pues nos sirve para acercarnos a Hispanoamérica creando lazos mucho más intensos que los que teníamos hasta ahora. Pero insisto en que hay que cuidar muchísimo el contenido y, también, el diseño, tenemos que aunar estas dos cosas para sobrevivir dentro de la ingente oferta disponible en Internet.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el contador de cuentos?

R.- Sin ir de profeta, ni muchísimo menos, creo que el libro en papel no va a desaparecer por completo, pero me parece que se verá bastante afectado y que, por tanto, se reducirá su publicación por culpa del formato digital. Me parece que el e-book no funcionará porque tener un aparato sólo para leer es un engorro. Tengo la impresión de que cuando los portátiles desarrollen pantallas tan agradables para leer como las de los e-books, entonces es cuando vendrán los problemas para el libro. Porque, claro, las obras se podrán descargar en pdf de la Red antes de que estén en las librerías, como pasa ahora con el cine o la música. De hecho, ya hay muchos libros que se pueden descargar. También hay que tener en cuenta que las próximas generaciones no poseen esa veneración al libro con la que nosotros hemos crecido, están acostumbrados a leer en la pantalla desde la escuela. De todas formas, creo que si el libro tiene que desaparecer por la llegada de un soporte más eficaz, pues tendrá que desaparecer, es ley de vida, igual que desapareció el cassette o el vinilo, y eso que a mí siempre me ha gustado el olor de un libro, la tipografía, comprarlos de segunda mano, etc. Como le oí decir a Lorenzo Silva, el papel del escritor también cambiará; a los autores habrá que exigirles más, tendrán que ser creadores de contenidos que trabajen a la vez con diseñadores gráficos y programadores informáticos, sólo así podrán sacarle todo el partido a la plataforma multimedia, porque las opciones que ésta nos ofrece son extraordinarias. También está pendiente encontrar un acuerdo intermedio en el tema de las descargas, porque todo no puede ser gratis y los creadores tienen todo el derecho a cobrar por su trabajo.


Un placer haber bebido contigo estos breves cuentos.
Muchas gracias por tu interés, Francisco. Ha sido un placer, y espero haber respondido a tus preguntas.