viernes, 4 de junio de 2010

Hablando de libros 123: con José María López Conesa



José María López Conesa, Molina de Segura, 1945, licenciado en filosofía y letras y diplomado en ciencias bíblicas, es un entusiasta narrador de sucesos sacados de la realidad y amañados por su gran imaginación. Ha publicado poesía, relato y novela, y en este apartado, desde el 2004 nos regala con una novela anual: Que su hunda el convento y otros relatos, Servidor de ustedes & amores bajo la Torre Eiffel, Atrapada, Lazos de sangre, Preciada soledad, Turbulencias psíquicas y El diario inconcluso de Belén.
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Pregunta.- Estamos ante tu séptima novela, que no sé si en la cábala o en la numerología tiene algo de especial, pero sí que has pasado de una profesión simple a una solemne.Respuesta.- A esta edad que vamos llegando se ve el mundo muy distinto de cuando uno es joven. Yo me he hecho mayor sin querer, sin darme cuenta. Creo que acerté cuando hace siete años me decidí a escribir novelas, cuentos y algunas poesías. No hay muchas cosas en las que creer en este mundo patrañero. En cuanto se decide uno por la profesión solemne, se compromete seriamente a cumplir sus votos, en este caso promesa de seguir practicando el arte literario.

P.- El diario inconcluso de Belén surge, según tus propias palabras, del encuentro fortuito con un viejo esquelético, con el cual conversaste casi a diario durante un verano, en La Manga, donde veraneas.
R.- El viejo murió. Cuando me enteré me dio pena y no quise indagar mucho sobre sus últimos días. Como soy creyente, oré por él. Rememoro a menudo su retorcida figura humana y sus ansias por orar y perorar siempre en busca de público que le atendiera. Fue un gran tipo. Últimamente me han dicho que estaba en muy buena situación económica, que entraba al supermercado y a los bares y nunca llevaba encima dinero. A final de mes, recorría renqueando comercios y bares, pagaba cuanto debía y, a veces, casi el doble de lo que había consumido. Un tipo muy especial.


P.- Un personaje- “trop vieil”- al que tu hija, Toñy, permanente acompañante en las ilustraciones y pinturas de tus novelas, le da vida.
R.- Cuando me afirmaba que era “demasiado viejo”, trop vieil, mostraba un gesto como de hartazón de vivir. Él había recorrido el mundo entero varias veces. Me dijo que siempre anduvo buscando la paz y nunca la encontró del todo. Nunca hablaba de su familia. Yo no sé si tanto discursear era como una serena terapia para sus dolores internos y externos. Era como si ya no tuviera ganas ni ánimo para seguir en esta aventura que es la vida.


P.- ¿Sigues pensando que pudo ser ese viejo el protagonista o personaje importante de esa historia que te contó?
R.-Por lo que he oído después, creo que no. Pienso que su larga experiencia y sus múltiples sucesos de viejo marino, según él me manifestó, le llenaron la cabeza y, posiblemente, andaban sueltas y dislocadas bullendo en su cerebro. El caso del Diario inconcluso no acabó de relatarlo, pues tenía la costumbre de intercalar varios temas. Además, en alguna ocasión cortaba raudo la conversación, seguramente aquejado por algún dolor artrítico y casi sin despedirse, me dejaba plantado. Nunca se lo recriminé, ni se lo tuve en cuenta. Entendía muy bien al viejo.


P.- Me atrevo a aventurar que, como nos tienes acostumbrados, sobre aquella idea inicial, tú te pusiste a “lidiar con la mente y la pluma el diario acontecer, lo que el ojo vio y el oído captó”, que nos sueles decir. O, lo que es lo mismo, que la escribiste conforme a tus propios cánones.
R.- Pude sacarle más tajadas a las conversaciones del decrépito anciano, pues tenía el pobre hombre un variopinto discurso sobre asuntos muy interesantes. Elegí el que narro en la novela por el misterio que encerraba. Después, entró en juego la imaginación y, aunque no abandoné el nudo del suceso, acoplé al momento vacacional más personajes, paisajes marinos, la urbanización en la que veraneo y busqué un final que posiblemente no coincidiera con el de la narración de mi añorado viejo.


P.- Para los lectores de esta sección, Hablando de Libros, eres ya un habitual. No sólo quien inauguró Acantilados de Papel, que también. Por ello voy a centrarme en otros aspectos de tu creación literaria, de tus gustos, que aún no hemos tocado en charlas anteriores. ¿Cómo –o por qué- nace la intención de escribir?
R.- Bien que recuerdo la glosa que hiciste sobre mi primera obra QUE SE HUNDA EL CONVENTO y otros relatos.
La primera novela nació porque me había llegado el momento del parto. Desde muy joven me ha atraído la literatura. Por obligación, tuve que leer mucho y a los doce años dirigía en el colegio una revista. Después, fui colaborador del desaparecido periódico LÏNEA cuando era director José Juan Cano Vera, del que conservo muy gratos recuerdos. En el fondo de mi alma guardaba el deseo de poner por escrito las turbulencias que alegran o agreden la vida. Y me puse a ello.


P.- Primero fueron las mañanas de los sábados, y algún esporádico momento de ocio, pero ahora, ya en lo que tú defines como “la dorada etapa de la jubilación”, ¿cuándo y cuánto escribes?
R.- Distribuyo mi tiempo, el mucho tiempo libre que tenemos los que estamos jubilados, en pocas cosas, pero todas voluntarias y gratificantes. La lectura es una constante en el día a día. Lo mismo sucede con la escritura: cuentos, ensayos, poemas y novelas me ocupan muchas horas de la jornada. Aunque me levanto muy temprano, nunca escribo ni de noche ni al alba. El hueco de la mañana, desde las nueve hasta el mediodía, lo utilizo para escribir, lo que me manda el caletre. La tarde es para leer, pasar a ordenador lo escrito y perfilalo con las correcciones pertinentes.


P.- ¿Cómo escribes?
R.- Las novelas las escribo a mano como los antiguos escribanos. Un bloc extenso recibe mis ideas. Los suelo llenar capítulo a capítulo. Cuando está todo terminado, queda hecho un abigarrado y tachonado glosario.
Los relatos cortos los paso directamente al ordenador. Y la poesía también a ordenador. Lo que ocurre es que entre los primeros versos y los últimos cualquier semejanza es pura anécdota. Sólo permanece la idea central que me movió a escribirla. Es muy difícil hacer buena poesía con su rima consonante o asonante, las cesuras, las licencias poéticas... Por eso les dedico menos atención que a la literatura en prosa.


P.- Y tengo entendido, pues así nos lo has ido repitiendo a lo largo de estos años, que te acompaña un ave perseverante, tanto como su insistente canto.
R.- Me lleva loco el dichoso cuco. Tan pronto como me ve asomar a la terraza con los aperos literarios empieza a cantar y como el tono que utiliza para saludarme siempre es el mismo, yo no sé si es de alegría o de burla. No consigo verlo nunca, pues debe tener un buen nidal donde puede otear la tierra y el cielo, así como mi semblante serio o alegre. Me gustaría que me entendiera cuando le llamo. Le compraría la mejor jaula y hasta una hembra con la que se pudiera refocilar. Pero nada, él va a lo suyo.


P.- Aconséjanos una película.
R.-Los girasoles ciegos


P.- Una obra de teatro.
R.-El Tartufo, de Molière.


P.- Y una canción.
R.- Rosas en el mar, de Massiel


P.- ¿Un libro?
R.- El buscón, de Quevedo


P.- No sólo de letras vive el hombre. ¿Dónde podemos encontrar a José María López Conesa en la red? ¿Le dedicas mucho tiempo a ella?
R.- Vega Media Press es, gracias a tu generosa amistad, el sitio por donde más me asomo.
Los mensajes electrónicos me ocupan bastante tiempo. En facebook igualmente mantengo comentarios con mis amigos. Tuenti lo utilizo a menudo para ponerme en contacto con los jóvenes alumnos que he abandonado personalmente hace unos meses.
También escribo en mi blog elazotedelconvento de temas muy diversos de actualidad.


P. Y un último planteamiento. Guillermo Carnero manifestó que la poesía puede y debe ocupar en el mundo de hoy el lugar vacante que antaño ocuparon en Occidente las creencias, los valores y las utopías. No para sustituirlas como tales, decía, sino para inducir al hombre a preguntarse quién es. (Terminaba reflexionando que una sociedad que se limita a sobrevivir sin preguntas acerca de las incógnitas y las claves de la vida individual y colectiva está muerta). ¿Crees que ese papel le está reservado a la literatura en general?
R.- Pienso que sí. La oratoria, la palabra oral se pierde en el éter, mientras que los escritos permanecen para siempre. Ya lo dice el adagio latino: Verba volant, scripta manent.
La literatura es la heredera, la encargada de nutrir de alimento la anemia espiritual del mundo contemporáneo. Y no es buena la corriente actual de periodistas de relumbrón que utilizan los medios de difusión para torpedear conciencias, llenar el mundo de ignominias, de basura que alimenta a las mentes vulgares que se alejan del tedio y se distraen taponando creencias banales, ausencia de valores porque se han incorporado a una vida sin sentido. De pena.


P.: Desde nuestra primera charla sobre libros, hace ya unos cuantos años, ¿ha cambiado tu impresión sobre el futuro de los mismos tal y como los conocemos hoy?
R.- Ya le pueden dar vueltas los innovadores de la literatura informática que el libro seguirá siendo ese hijo querido que desea ser abrazado y soportado por manos calientes. El libro, las manos y la mente forman un trípode indestructible e inmejorable.


Ha sido un placer, como siempre.
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