sábado, 19 de junio de 2010

125 Hablando de libros con Manuel Aparicio Burgos

Manuel Aparicio Burgos. Tolbaños de Abajo, Burgos. Desde los once años vive en Mecerreyes, su patria chica de adopción.

Ha trabajado como profesor en Sahara, Bélgica, Portugal, Marruecos, Brasil y España.

Periodista en La Mañana (Marruecos), Galicia en el Mundo (Brasil), O Diario (Portugal), El Correo de Burgos (Grupo El Mundo, España).

Ha publicado varios libros, entre ellos dos para despertar el amor a la poesía entre los nuevos lectores. Claro, que como ha visto hacia donde evoluciona la enseñanza en este país, ha preferido jubilarse.

Le entrevistamos, sobre todo, por su estudio sobre el Homo Gilipollensis.

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Pregunta.- No es extraño que cada poco tiempo los científicos del mundo nos hablen de un nuevo eslabón de la evolución del hombre, viajando hacia atrás en el tiempo en cientos, o en miles de años. Pero Manuel Aparicio Burgos ha dado un paso más adelante, nunca mejor dicho. Nos presentas la aparición en el mundo del Homo Gilipollensis.
Respuesta.- Como autor del libro, y algo de los homos que en él se encuentran, podría haber puesto algunos ejemplos más. Tienen parte de autoría los amigos y conocidos que me han dado pie y claves de estos homos que aparecen en él. Al discursar con ellos desgranaban opiniones que yo recogía en mi memoria y después he moldeado, cernido y ajustado, pasadas, todo hay que decirlo, por el cristalino de lo que yo pensaba, intuía o imaginaba. Se tratan de Homos gilipollensis que nos podemos encontrar al doblar la esquina, y que, en vez de usar el sentido común, se abandonan al albedrío del homo non pensante.


P.- Tengo que serte sincero si te digo que, hasta leer tu libro, estuve convencido de que las evoluciones son siempre para bien. Pero, ahora, veo que esta especie ha evolucionado para mal. ¿Cómo ha sido posible?
R.- Todo escritor puede hacer una de las dos elecciones posibles, o seguir la cuerda de lo que está de moda, diríamos que haciendo la pelota a lo socialmente estúpido, o criticar lo que le parece que no está bien y entonces enfrentarse a la sociedad que demanda absurdos intentando destruirlos. Desde mi modo de ver, en este libro, se trata de un grito, para llamar la atención a aquellos hombres que se empeñan en no usar su cerebro. Eso realmente es malo, la tarea muy ardua, porque no usar el cerebro es acercarse demasiado del ser animal. Si hasta ahora habíamos evolucionado, dentro de unos límites, y creíamos en el humanismo como eje central para salvar al hombre, resulta que en estos momentos hay gente (realmente mucha gente) que se aparta de lo que entendemos por evolución, para andar la deriva. Esa es la clave del libro.


P.- Me surgen tantas dudas. ¿Dónde surge el primer Homo Gilipollensis?
R.- El primer homo gilipollensis surge del espectáculo social actual cuando uno se para a contemplar el mundo como un paisaje y va sacando consecuencias. Creo que el primer homo gilipollensis soy yo, que también he caído en alguna de estas situaciones pero que he sabido atizarme con el látigo de ¿adónde quiero ir? y he intentado llamar la atención a los demás para no caer (no sé si para algunos es caída o lo creen su salvación) en nada de aquello que me despersonalice, que me aliene. Y por supuesto de una desconfianza en todo aquello que se me ofrece como la panacea de vida y del momento.


P.- ¿Has conseguido averiguar cuándo pisó este planeta el primer ejemplar de Homo Gilipollensis?
R.- Posiblemente lo llevemos en los genes desde el primer hombre, o muchos si hubo una explosión de hombres. Estudiando la historia vemos que muchos de los que llamamos grandes hombres han tenido la infeliz idea de cometer actos contra la humanidad, en muchos sentidos. Todo para vivir a costa de ella. No se libra Egipto, ni Gracia, ni Roma, ni todos los pueblos que han ido dominando el planeta. Por otra parte y a su lado ha habido muchos otros grandes hombres que, aunque marginados y sacrificados, han martillado y fustigado con sus palabras, escrituras y vidas ejemplares en pro de los demás. Pero han quedado como simples testimonios, pues el hombre saca mucho provecho de lo negativo y no se enmienda.


P.- ¿Se trata de una selección natural, una deriva genética, una mutación, una migración, un lamarkismo... o de qué se trata?.
R.- Yo creo que a los que me refiero son más bien producto cultural (incultural, mejor) porque “hombre que no piensa no es peligroso”. La gran culpa, por tanto no es del hombre en lo que se refiere a su constitución física y mental (parece una contradicción a lo que decía antes, pero no es así) es del sistema. En todos los países del mundo hay castas, o sectores, o trozos sociales que podríamos dividir en cuatro grandes bloques, para diluirlo todo: los políticos, los religiosos, los militares y los banqueros (y actualmente los medios de comunicación o como yo digo de incomunicación). Y esos, en su cúspide deciden por todo el grupo de hombres. Se habla del grupo de los ocho G-8 ¿cómo pueden ocho hombres decidir todo para tantos millones de personas del planeta? ¿Saben realmente lo que desea el pueblo? Pero sí que saben lo que tienen que hacer, ordenar, mandar gobernar o aplastar contra ellos. Sigue habiendo dictadores en el planeta. Que mandan sobre equis millones de personas y no pasa nada. Es una auténtica aberración. Y el pueblo no tiene sentido de liberación, de reparto, de igualdad ni de unión.



P.- Pero, no sólo te centras en el Homo Gilipollensis, sino que en tu libro podemos encontrar otras treinticuatro especies, me atrevo a llamarlas así, de nombres tan sonoros como Homo ridiculus, Homo corruptus, Homo baboseabundis...
R.- El título es lo de menos aunque hace referencia a algo en concreto. Es como el apellido o mote de alguien que da una somera idea de la persona, en este caso de qué va el capítulo. Decía Mariano Sáiz en la presentación, que es como un toque de atención en cada capítulo, y que a la vez lleva un salvavidas para los retratados en cada capítulo. Decía igualmente que parece un libro de burla o chanza, pero que dentro esconde un lamento profundo, de tristeza. Decía que es la continuación del esperpento en su situación moderna. Opiniones puede haber para todo, a favor y en contra. Lo cierto es que cuando a alguien le ponen un mote es porque quieren sintetizar su vida y hechos de alguna manera en una palabra.


P.- Tal vez nuestros lectores quieran saber la distribución de estas más de treinta subespecies a lo largo del planeta o si, por el contrario, pueden encontrarse ejemplares de todas ellas en una porción pequeña de terreno. Por ejemplo, en una provincia cualquiera de España.
R.- Cuando comencé a escribir el libro me di cuenta precisamente de ello, que debieran de ser capítulos universales. Tal vez en los países mal llamados del tercer mundo (que lo hacemos para apartarlos de los del primer mundo como si apestaran) no tengan tantas subespecies, por decirlo con sus palabras textuales, pero cuando lleguen a tener un poder adquisitivo como nosotros seguro que acabarán teniendo todas ellas. Lo que no hay duda es que en lo que llamamos occidente existen todas, y más.


P.- ¿Puede hablarse de que una subespecie sea más inteligente que otra? O, mejor dicho, pues se trata de una evolución negativa, que una sea menos mentecata que otra.
R.- Los que nos dedicamos a la cultura, entendida como acción hacia los demás, nos damos cuenta de que existe un desprecio enorme en lo que los gobernantes planifican como acción educativa, que nosotros llamamos acción informativa. Lo que se debiera enfocar es una formación integral, dejando aparte se gobierne o no y la dialéctica corrosiva de la futilidad. Una vez que acaba la etapa obligatoria de formación para incorporarse al trabajo o al paro, existe un abandono del hombre totalmente. Como si ya no formara parte de la sociedad y sí de un torbellino en el que debe nadar y salvarse si puede. Ahí, dependiendo de la formación, padrinos y habilidad se podrá hablar de evolución positiva o negativa si gana o si pierde. ¿Les importa algo a los gobernantes que mucha gente se hunda? Yo lo dudo. Pura demagogia.


P.- Todo un trabajo de investigación antropológica el que has llevado a cabo en este científico, social y psicológico ensayo.
R.- Hay muchas cosas que no aparecen porque hubiera sido prolijo y pedante. Pero sí que tenía un cuaderno lleno de notas, de apuntes, citas, corroboraciones de lo que decía. Al final preferí ponerlo escueto y concreto. Tal vez demasiado conciso. Me abruman sus generosas palabras.


P.- Dices que el hombre pasó de ser el centro de la Tierra a ser el centro de la muerte.
R.- Y lo mantendré hasta que no desaparezcan todas las guerras que hay en el Planeta Tierra. La mayor estupidez del hombre es llegar a la guerra, o sea, la muerte. Él se creyó el ser más importante, centro, de la Tierra. A mucha gente le importa un pepino los hombres en concreto, con tal de sacar adelante su poderío, su gobierno, su ambición. Tengo capítulos en los que lo desmenuzo más. Es curioso, que esos manipuladores de la muerte, si están gobernando no tienen obstáculos ni nadie que los pida cuentas. Es un verdadero terrorismo de estado. Se libran porque dicen que lo hacen por el bien de la humanidad. Sin comentarios.


P.- Y que la evolución del Homo Sapiens al Homo Gilipollensis ocurrió en apenas cincuenta años. ¿Cómo ha sido eso posible?
R.- En estos últimos cincuenta años se ha agudizado el problema de deshumanización, con patente de corso. En realidad desde la Primera Guerra Mundial, y a partir de ella el mundo se ha desquiciado. No sé si se va a arreglar o vamos a peor. Me gusta ser optimista y tener deseos de que va a cambiar a mejor. Pero algunos tienen demasiado poder o son demasiado locos y pueden cometer cualquier error o desprecio por la sociedad y el límite no sé dónde colocarlo. Creo que se debiera de controlar más a los que se otorgan poderes de caudillos. Este homo gilipollensis ha podido ser consecuencia de ese afán desmedido de poder y de riqueza.


P.- Según tu conocimiento del Homo Gilipollensis, ¿está muy extendido por la Tierra?
R.- Ya lo he diseñado antes. Si los que gobiernan solamente pretenden tener esclavos trabajadores para su control entonces vamos camino de la ruina moral intelectual e incluso económica. Pero si se pretende que la humanidad participe en todo, creación de riqueza y reparto, entonces la ventana y la puerta están abiertas. Creo que los gobernantes, en el momento de tomar pose de su puesto después de elecciones, o aquellos que mandan sin ser contestados, pierden el norte y se creen dueños y señores de las personas. Ese es el mal.


P.- Y lo que puede ser más importante, ¿cómo reconocerlo? Dices que tiene importantes flatulencias mentales, tal vez sea una forma de saber que estamos ante un ejemplar.
R.- Hay actos, gestos, palabras que nos desvelan el interior de muchas personas con poder. Hay a la vez los mismos sustantivos para las gentes de a pie. Los primeros se creen todo poderosos y alienan a las personas con sus programas dirigistas. Los segundos, con su incapacidad de reacción y su falta de voluntad de agruparse para protegerse y contrarrestar los contravalores hacen que ese homo campe a sus anchas. Si en algún momento el pueblo intenta unirse ya están los esbirros del sistema al paso para impedirlo.
Los ejemplares del poder están a la vista pero ¿quién pone el cascabel al gato?
En cuanto a los segundos, hay que desamodorrarlos para que sientan la vida como algo más que trabajar, comer y dormir. Tienen que empezar a razonar y que sus razones sean oídas, que valgan igual que las de los que gobiernan.
No es manía contra los políticos, pero creo que me anticipé a lo que están haciendo actualmente, pues parecen erráticos y sobrehumanos.


P.- Esta pregunta, por lo que puedas contestar, me da pánico. ¿Es posible que uno sea un Homo Gilipollensis sin saberlo?
R.- Lo peor del género humano es no querer mirarse de vez en cuando al espejo y hacerse algunas preguntas: quién soy, qué quiero, a dónde voy, cómo lo hago, etc… si se responde en conciencia y sinceramente habrá salvado su pellejo. Pero si no se examina, si no ve sus rincones más oscuros, o no quiere conocerse y reconocerse, entonces no vale de nada el que se predique, porque cae en tierra yerma. No hay peor sordo que el no querer oír. Me temo que el sistema está pensado para hacer sordos a la mayoría dándoles solo placer físico. No soy místico, pero creo que el camino va por ahí. Mucho ruido y pocas nueces.


P.- ¿Te atreverías a desvelarnos, de entre la fauna que puebla este planeta, un par de ejemplares de Homo Gilipollensis, cuando todos podemos pensar que son Homo Sapiens?
R.- Creo que ya se puede colegir de todo lo dicho, el peor de todos es el político. Aparenta campechano pero es engreído. El segundo el inculto, el que desprecia el placer de la cultura, de lo que las generaciones anteriores nos han legado. El primero vive de espaldas a la realidad del pueblo, habla de él pero de lejos. En el fondo lo desprecia. El segundo vive de espaldas a la historia, a la evolución. Vive el presente y poco más.
Como dijo Dalí “cada uno tiene que saber en qué grupo se integra”. Y luego están todos los que se salvan, que no aparecen en el libro, que podría ser otro libro, que con su labor cotidiana, silenciosa, hacen y trabajan por la sociedad y para que funcione lo mejor posible.

(En la fotografía de Santi Otero podemos ver a Antonio Huerga, editor; Manuel Aparicio Burgos, escritor; y Mariano Saiz, catedrático de lengua y literatura españolas, durante la presentación de libro en Burgos).

P.: Esta pregunta es casi consecuencia de todo cuanto hemos hablado anteriormente. ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?
R.- Siempre. Ya lo he dicho antes. O se deja llevar por la corriente, y sus libros morirán antes de nacer, o es crítico y sus ideas serán máximas y fuente de placer, aunque muchas veces póstumas. Lo he anticipado en otra pregunta. Quien es comparsa de su tiempo busca la fama y el dinero. Quien arriesga, la conseguirá aunque no la gocé en vida ni tendrá dinero.


P.- Cambiemos de tercio. En la solapa de este científico ensayo, se cita que estás preparando dos nuevos libros. ¿Puedes hablarnos de ellos?
R.- Uno de ellos ya lo tiene el editor, es un estudio sobre la mentira, que llevaba ya escribiendo desde hace cinco años. Tiene por título “Y ahora, Sr. Presidente, o Apología de la mentira”.
No va contra nadie en concreto. Es un ensayo sobre la mentira. El prólogo del Exmo. Sr. Jesús Ángel Miguel García, Director del Instituto Español en Winnipeg (Canadá) así lo indica. Es un libro contra los que usan la mentira como mejor argumento para seguir viviendo manteniendo su puesto contra viento y marea y la sociedad. Es un ensayo en sí mismo. En forma de diálogo.
El otro es un libro homenaje a mi padre, que está casi terminado, tengo que revisarlo y mandarlo a la editorial. A ver si en medio año está listo. Es un libro sobre las relaciones padres e hijos, e hijos y padres, es decir desde dos posturas. Tiene situaciones de crítica, duras, con otras llanas y otras felices. Es un análisis.


P.- Dos de tus ensayos anteriores eran sobre la poesía, en busca de que esa faceta creativa del hombre no se perdiera. Pero, como recuerdo que ya hablamos de ello anteriormente, y sabiendo que has leído mucha y enseñado también, ¿es verdad eso que dicen respecto a que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo?
R.- Mis tentaciones es leer todo lo que puedo. Creo que, como dice el dicho “de poetas y locos todos tenemos un poco”, el problema no está en el sentimiento que la gente tiene, sino en saber expresarlo. Todos se enamorar una vez en su vida, pero si no lo saben expresar bien pueden fracasar.
Cuando leemos y no conseguimos interpretar lo que el escritor ha dicho sentimos tentaciones de arrojar el texto. En cambio, cuando nos asombra, no sentimos identificados y nos hace vibrar entonces el placer es enorme, por que las cosas están bien dichas, bien colocadas.
Es lo que hace que unos escritores pasen a ser clásicos y otros queden en distintas escalas. Actualmente en los colegios e institutos se practica mucho con los alumnos y hay verdaderos descubrimientos y formas plásticas en la forma de expresarlo.


P.- No sólo de letras vive el hombre. Pero a Manuel Aparicio Burgos es muy difícil encontrarle en la red. Creo que eres de los pocos que no tienen sitio oficial, ni estás en facebook, ni en twister...
R.- Es cierto. Dudo del uso que se puedan hacer de todas esas herramientas. No descarto crear un día un blog, pero de momento me resisto; manejo la informática muy bien, incluso mi hijo Ramiro es informático y me lo ha propuesto varias veces, pero sin rechazarlo, aún no lo he aceptado.
Creo, por otra parte, que estar pendiente de esas herramientas me haría ocupar mucho tiempo en atenderlas. Lo siento, es mi forma de ver las cosas.


P.: Lo que sí haces bastante es viajar.
R.- Mucho, es uno de mis pasatiempos. Procuro ir de incógnito, para que nadie interfiera los viajes. Acabo de llegar de Irlanda, voy con frecuencia a Portugal, viajo a Brasil, me encanta ir por España, y he viajado por muchos países. Es mi idea de libertad. El mundo es de todas las personas. Viajar ayuda a limar asperezas, pasar de bobadas y pequeñeces que a algunos les parecen montañas. Uno ve y siente a sus semejantes allá donde vaya porque todos somos de carne y hueso.


P.- Aconséjanos una película.
R.- Muchas de mi actor y director favorito: Clint Eastwood. Gran Torino, por ejemplo.


P.- Una obra de teatro.
R.- Divinas palabras y Otelo


P.- Y una canción.
R.- Cualquiera del CD de Shania Twain “Come on over” (From this moment on) por ejemplo.


P.- ¿Un libro?
R.- Ulisses de James Joyce


P.: Ya sabes que siempre mi última pregunta gira en torno al futuro del libro, el libro en papel. ¿Tiene futuro o las nuevas tecnologías, tales como los lectores de libros digitales, el iPad y otros artilugios acabarán con él?
R.- Tengo varios libros antiguos. Pasar sus hojas es un placer. Por otra parte, la tecnología se impone. De las piedras rayadas o pizarras pasamos a las tablas de barro, al papiro, al papel… Tal vez un día sea la pantalla. De momento aún existe el libro. ¿Qué pasará con las bibliotecas? ¿Salas de lectura? ¿Periódicos, revistas? ¿Librerías, kioscos?
La vida se puede tornar muy sosa, aburrida, sin belleza en las calles en las paredes, en casa.
Yo prefiero el libro. Aunque sea para usarlo como almohada.
Las bibliotecas unen, la pantalla aísla.


Gracias por descubrirnos esta nueva especie.
Nada. Siempre agradecido por todo lo que hace por la cultura, la literatura, los escritores. Un abrazo.

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