viernes, 13 de noviembre de 2009

Hablando de libros con Fátima Fernández Méndez


Fátima Fernández Méndez, Puerto de Vega, 1972. Licenciada en Bellas Artes en la Universidad de Castilla La Mancha, es docente de secundaria y articulista habitual en el periódico La Nueva España. Ha recibido numerosos premios y menciones de honor en concursos literarios nacionales e internacionales, asimismo su nombre está incluido en antologías tanto en Europa como en América.

Sus cuentos han sido traducidos al inglés, italiano, francés, alemán, portugués, gallego, valenciano, euskera y asturiano.

Autora de: Kepín vuela por primera vez (Sieteleguas), Mapi la alegre locomotora de vapor (Sieteleguas), Nora la niña de Sal (Pintar-Pintar), Nela (Edimáter), Germán el pequeño submarino (Edimáter), Floro, el globo aerostático (Edimáter).

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Pregunta.- En busca del tesoro del rey Abú está destinado a niños y niñas a partir de 8 años, una edad donde los sueños son infinitos y la vida interminable.
Respuesta.- Sí, aunque también es una edad en la que las ilusiones se pueden helar y desvanecerse. Cuando esto ocurre se extingue el infinito y se evaporan los sueños poco a poco, y casi sin que nos lleguemos a dar cuenta podemos crecer dejando de soñar.


P.- En parte esta novela es un sueño. Pero, y a pesar de ello, Miquel cree que cada día es una ocasión para descubrir nuevas emociones.
R.- Miquel es un niño, y como tal tiene la frescura y la capacidad de entusiasmarse cada día. El por qué llega un día, una edad…, en la que dejamos de sorprendernos con facilidad y en el que dejamos de soñar es un misterio que Miquel tendrá que descubrir para salvar el mundo de los sueños.


P.- ¿Cuántos niños y niñas aman los sueños tanto como los ama Miquel?
R.-Desearía que fueran muchos… Soñar ayuda a superar las dificultades, a gozar de la vida y nos hace más felices. Un niño que sueña, que fantasea, es sin duda un niño feliz.


P.- Y ya que hablamos de sueños, ¿por qué los hombres- las personas no niños- dejaron de darles importancia?
R.- La mayoría de los adultos son incapaces de ver lo “extraordinario” en lo cotidiano. Soñamos todos los días, nos acostumbramos a ello… sin embargo, cada sueño es algo tan mágico como pudiera serlo si pudiéramos sumergirnos en la historia de un libro. Nos permite vivir en otro tiempo, en otro espacio, conocer nuevas personas. Es algo extraordinario, ¿no crees?



P.- Me recuerdo jugando con recortes de revistas, o de periódicos, con cajas de cartón (¡cuántos castillos hicimos con ellas!), pero ahora veo a los niños más con máquinas de juegos digitales. ¿Desaparecerá el reino del rey Abú?
R.- En realidad, es responsabilidad de cada uno de nosotros que no desaparezca. En cada hogar hay un reino que debemos salvar, es una importante misión en la que todos debiéramos implicarnos. Sin sueños ni fantasía es muy complicado encontrar la felicidad.


P.- Y, si eso ocurriera, que temo así sea, tan verdad como que desaparecerá el Ártico, ¿cambiará la vida de los hombres hasta el punto de no hallar la felicidad?
R.- Yo no concibo vivir sin soñar, ni tan si quiera concibo la vida sin compartir los sueños. Prefiero ser optimista y pensar que mientras haya niños, niñas y si acaso artistas –que no son pocos- el reino del rey Abú no desaparecerá.


P.- La Osa Menor de Edimáter es una colección de narrativa de temas diversos, pero todas ellas de forma implícita guardan un tema en común: los valores humanos. ¿Cuáles has querido resaltar en esta novela?

R.- A través de esta novela he querido crear un clima de magia y fantasía, así como en su lectura transmitir mensajes basados en valores tales como la amabilidad, valor a la naturaleza, bondad, gratitud y amistad. Espero haberlo conseguido.


P.- Las ilustraciones de Marina Seoane, a quien en algún momento tendré que entrevistar, ¿cumplimentan el texto hasta el punto de que la novela sería otra sin ellas?
R.- Sí, desde el punto de vista en el que escritor/a e ilustrado/a forman un equipo que deben complementarse. Y al igual que ocurre en cualquier equipo, el resultado final es muy distinto y varía si son unos miembros y no otros. Es más, tengo una anécdota muy curiosa relacionada con la pregunta que me haces. No recuerdo muy bien la edad que yo tendría, quizá unos 9 años. Uno de los libros que leí en esa época me cautivó espacialmente. Sus ilustraciones –que no eran muchas y estaban hechas a plumilla- me hicieron disfrutar de la lectura de tal forma que durante todos estos años he guardado en mi memoria esas sensaciones como quien guarda algo muy especial. No hace mucho, un par de veranos, recogí ese libro de la casa de mis padres, se titulaba “La hija del espantapájaros” y estaba ilustrado casualmente por Marina Seoane, a quien ya conocía y con quien ya sabía que iba que iba a compartir varios proyectos. Fue una agradable coincidencia que me hace valorar aún más si cabe el trabajo de un ilustrador/a independientemente de si hay muchas o pocas ilustraciones en un libro o de si son en color o no.



P.- Como Miquel, ¿Fátima siempre quiso ser escritora?
R.-No. He de reconocer que jamás me lo había planteado hasta hace unos tres años. Mi sueño era ser pintora y curiosamente quería ilustrar “cuentos infantiles”, escribía textos con el fin de tener algo propio que ilustrar. Hace unos años, no sé aún muy bien por qué, envié a un concurso uno de esos textos que había escrito en la época en la que estudiaba en la facultad, y escribí un texto nuevo para otro concurso. Resultó que fui finalista en los dos concursos, uno de ellos con muchos participantes (más de 8000). Esto fue determinante para que mi concepto de escribir cambiara y para adentrarme en el mundo de la literatura de una forma activa.


P.- Háblame de tu proceso creativo, en especial, de un libro de estas características, dirigido al público infantil.
R.- Creo que el proceso creativo que sigo es bastante común. Lo que acostumbro a hacer antes de empezar a escribir una novela es recoger en un folio ideas sueltas en base a qué me apetece contar, luego cada una de estas ideas la ramifico a su vez en otras ideas: cómo podría contar esa historia, posibles personajes, capítulos, situaciones, escenarios… un esquema por encima. Finalmente elijo la idea que creo que puede ser más atractiva y me va a dar más juego –con la que disfrutaré más-.
Una vez elegida la idea que voy a desarrollar, ya estructuro los capítulos, busco posibles títulos para estos (me ayuda mucho a resumir en qué va a centrarse), argumento, personajes, escenarios… etc y cuando considero que todo encaja empiezo a escribir siguiendo el esquema previsto. Esto no quiere decir que una vez manos a la obra no cambie alguna cosa o incorpore situaciones con las que no había contado, aunque he de decir que trato de seguir el esquema previsto.


P.- ¿Usas mucho la papelera? Quiero decir, sigues el ejemplo de Blanca Andreu, quien en una anterior entrevista nos decía que hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.
R.- No me considero una persona impulsiva escribiendo. Suelo meditar y plantearme qué voy a escribir, barajar muchas veces varias opciones, incluso escribirlas en diferentes colores para al día siguiente leerlas y decantarme por una de ellas. Evidentemente en los textos hay que meter tijera una y otra vez… hasta el punto que puede llegar a convertirse en una obsesión.


P.- Tengo entendido que pronto tendrás otra novela en las librerías.
R.- En enero se publicarán varios álbumes ilustrados, también con la editorial Edimáter, y estoy acabando de escribir una novela juvenil, pero que como es lógico aún no la he enviado a ninguna editorial…


P.- Pero no sólo de libros vive la mujer, que también te podemos encontrar en muchos sitios de la red. ¿Puedes decirnos cuales son y cuánto tiempo dedicas a ellos?
R.- En realidad se me puede encontrar en mi website “muchacha de sal” y en facebook. No te sabría decir el tiempo que le dedico a mi espacio, suelo preparar un par de entradas a la semana, a veces alguna más dependiendo del tiempo que disponga -que no suele ser mucho-. Y en facebook lo voy consultando a lo largo del día, intento que no me quite demasiado tiempo, aunque hay otros días que no me importa detenerme más a leer las noticias que la gente va colgando. Las hay realmente curiosas.


P.- ¿Escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión?
R.- Parte y parte, es algo con lo que disfruto enormemente, pero también me exijo mejorar y perfeccionar la técnica, por lo que a veces llego a sentir una opresión. De todas formas, cuando esto sucede me tomo un descanso; quiero disfrutar cuando escribo.


P.- Tú has escrito cuentos y novelas. Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ves?
R.- Personalmente disfruto más escribiendo cuentos. Uno de los motivos es que cuando escribo una novela a menudo he de tenerla parada durante una temporada por falta de tiempo. Me agota el reengancharme de nuevo a ella para detenerme otra vez…, por eso me gusta empezar a escribir las novelas en épocas en las que tengo vacaciones y sé a ciencia cierta que podré dedicarme durante muchos días seguidos a ellas, sin tener que mirar el reloj para irme a la cama. Es lo que tiene el no ser una escritora a tiempo completo.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la licenciada en Bellas Artes?
R.- Veo un futuro esperanzador, con autores novedosos y creativos. Formatos nuevos y sobre todo muchas bibliotecas llenas de lectores de todas las edades.


Ha sido un placer. Ojalá nunca se pierda el mundo de fantasía, el reino del rey Abú.
El placer ha sido mío. Ojalá, porque sin ese mundo los libros dejarían de tener sentido y sería una verdadera tragedia.
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