viernes, 11 de septiembre de 2009

Hablando de libros con Rosa Campos Gómez


Rosa Campos Gómez nació en Calasparra, pueblo donde se cimentaron sus dos vocaciones: la pintura y la escritura. Vive en Cieza, ciudad en la que desde hace dos extensas décadas le va ofreciendo los mejores materiales para dar forma a estos oficios vocacionales.

Ha publicado el libro de cuentos Tres historias, 2000; trabajos periodísticos de ámbito regional y local y en revistas culturales. También ha publicado trabajos de investigación en arte en varias revistas y catálogos.

La entrevistamos por De luz y de sombra.
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Pregunta.- Usted nació en Calasparra, lugar donde ha manifestado que se cimentaron sus dos vocaciones, la pintura y la escritura; y desde hace más de veinte años vive en Cieza, un lugar idóneo para desarrollarlas.
Respuesta.- Soy de Calasparra, pueblo en el que nací y viví hasta los veintiún años. La hermosa geografía del entorno, los colores del paisaje rural y urbano, así como las ricas tonalidades humanas de su gente me marcaron, me indujeron a la comunicación y empecé a adquirir la costumbre de hacerlo desde el lenguaje escrito y plástico.
En el ambiente familiar era habitual la literatura oral y esta transmisión de acontecimientos lejanos, de leyendas y poesías populares, de canciones, fue fundamental; a través de ella me hice una voraz “lectora auditiva”. Más tarde, la escuela y las buenas maestras que tuve me enseñaron de manera importante, e, indirectamente, a través de sus valoraciones sobre mis trabajos escritos y de dibujo, me indujeron a pensar que lo que hacía podía tener algún valor. Posteriormente se fueron sumando circunstancias adecuadas. Desde los catorce a los veinte años escribí bastante y leí bastante más.
Con tal bagaje vocacional me vine a vivir a Cieza, donde era accesible recibir mucho de lo que necesitaba para desarrollar estas aficiones. Aquí mi trabajo en la pintura ganó terreno, con él llegó el oficio, pero no tardó mucho la escritura en volver a ocupar su espacio, ahora creo que los mantengo en equilibrio.
Me considero una persona con suerte por vivir en dos pueblos murcianos excepcionales. Aquí, la calidad humana de las personas que he conocido, la inquietud cultural en muchos campos y su belleza geográfica hacen de Cieza una gran ciudad. Siento que también es mi pueblo.



P.- Nada más iniciar su libro, De luz y de sombra, nos manifiesta: “cuando escribo, pinto. Cuando pinto, escribo”. Esas palabras me recuerdan las de Horacio: ut pictura pöesis, es decir, un poema es como un cuadro.
R.-Poner en palabras un sentimiento, poner en imágenes lo que se siente. Comunicar en lenguajes que requieren del pensamiento, de la imaginación y de la intuición, es decir de la conexión de mundos interiores entre emisor y receptor. Sí, en este aspecto se puede decir que un poema es como un cuadro.
Pero, volvamos a la cita de Horacio que tuvo un interesante recorrido. Él quería que los poetas crearan como los pintores, que la literatura fuese como una pintura con palabras. La Academia francesa, en el siglo XVIII, entendió esta frase en sentido contrario creyendo que era la pintura la que debía buscar la equiparación con la poesía porque en ésta se daba la expresión clara, la razón que contenía las pasiones. El pensamiento francés era muy importante en toda Europa por lo que fue muy fácil que esta idea se propagara. La poesía, considerada más racional, era la que aportaba el modelo a seguir por la pintura. Sería con Lessing, poeta y pensador de la Ilustración alemana, con quien esto daría un giro importante para las Bellas Artes, viene a decir que la pintura y la poesía pertenecen a dos ámbitos diferenciados y autónomos. Hace una división en dos bloques: Las artes del tiempo y lo invisible (poesía, música y danza) y Las artes del espacio y lo visible ( arquitectura, escultura y pintura).
Son diferentes en procedimientos y en manifestación, eso está claro, no obstante reitero lo dicho, son dos lenguajes que manan de una misma fuente y van en busca de un mismo destino, la comunicación.


P.- Este libro fue editado en mayo de 2005, y formó parte de un Proyecto Siembra. Háblenos de él.
R.- La siembra es algo que requiere de la mano humana y de la naturaleza, es fácil tomarla como alegoría para muchas cosas y en especial para la cultura. Guardo recuerdos de la siembra del arroz, así como de su repostura; de estas dos primeras fases del cultivo del cereal se puede extraer este significado: al igual que se siembra un tallo de almajara en el lugar que la semilla quedó sin germinar la primera vez en la tabla de tierra, se puede seguir el mismo proceso en muchos aspectos de la vida (siempre hay nuevos tiempos, nada está perdido). Creo que la cultura, el conocimiento, son eso, una plantación con renovadas oportunidades de crecer en humanidad. La escritura y la pintura son los terrenos donde puedo sembrar para dar lo mejor de mí, para compartir desde mi parcela. A través de este enfoque, Siembra se convierte en un proyecto que busca el encuentro cultural con el otro, procurando que haya hondura y sencillez en mis palabras escritas. En la pintura busco la comunicación a través de la mirada. Además hay otra parte anexa que es la colaboración con asociaciones que trabajan por la dignidad de los más desfavorecidos; esta colaboración no tiene mayor importancia, está en la línea que mantienen muchas personas anónimas o conocidas y que se basa en contribuir con una parte de su economía a apoyar a entidades que se mueven por la justicia de quienes sufren la injusticia que entre todos generamos o permitimos. En este proyecto va también implícito un componente que considero esencial como es la conciencia ecológica.


P.- Anteriormente, usted había publicado Tres historias, un libro de literatura infantil, que ya mostraba su solidaridad con ONG´s, en este caso, fue con la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui.
R.- La economía de esta asociación a la que pertenezco, en Cieza, estaba sin fondos por esa época y era necesario realizar algunas acciones para ayudar a este pueblo. Por mi parte decidí colaborar con Tres historias. Este libro reúne tres cuentos, uno de ellos fue escrito y representado para y por los alumnos del colegio al que iban mis hijos, y salió bastante bien, lo cual me dio el respaldo necesario para publicarlo. Los comentarios posteriores tanto de niños como de mayores acerca del contenido de los cuentos generaron en mí la suficiente confianza para seguir editando, así, años más tarde saldría De luz y de sombra. He de decir que si bien me habían publicado bastantes trabajos (el primero, en 1979, fue un poema en La verdad, en un apartado titulado “Jóvenes poetas”), esto de sacar a la luz un libro, por pequeño que fuera, era diferente. Supuso correr un riesgo al que ahora estoy muy agradecida.


P.- Volvamos a su libro. Treinta y tres poemas, muchos de ellos muy personales, y un relato final, dedicado a su tierra natal.
R.- Reúne poemas pertenecientes a distintas etapas de mi vida que contienen de alguna manera los conceptos de luz y de sombra, esta última entendida como la que se genera de forma natural en las cosas. Son la destilación unas veces de experiencias, otras de situaciones imaginadas, también de cuestiones sociales que me inquietan.
Se destaca la luz de un objeto por la sombra que ese objeto proyecta en sí mismo y en el espacio donde se ubica; si sólo contáramos con uno de los dos aspectos nos cegaríamos o nos sumiríamos en la oscuridad, con lo que una visión clara de él no sería posible. Sucede en los asuntos del ánimo igual que en las cosas materiales, son aspectos inseparables que nos hacen pisar tierra unas veces para mejorar, otras para reírnos y siempre para valorar la luz, que es el foco central que nos atrae y que permite identificar con más nitidez. Esto también lo podemos observar en la pintura occidental donde la sombra, con sus distintas formas de aplicarla, juega un papel imprescindible para alcanzar ese volumen que nos indica la tercera dimensión de una figura.

Soluna, el relato sobre Calasparra, es como un boceto en palabras y creo, al menos era mi intención cuando surgió, que tiene la espontaneidad que confiere esta faceta del dibujo. El hecho de vivir fuera del pueblo en el que nací y me crié hace que viva con más intensidad la memoria de aquellos años. Reúne algunos recuerdos a primera vista. No es la primera vez que escribo sobre ello, lo hice en varias ocasiones en las colaboraciones que realicé entre los años 1998-2000 en SER-Cieza. Algún día entraré en ellos más extensamente ya que todavía quedan temas sobre los que deseo escribir.


P.- Incluye un extenso poema, que usted titula “Poemas de la mujer alada”, que tengo entendido escribió pensando en la mujer actual.
R.- Así es, en él hablo de un tipo de mujer actual que está creciendo en número. Es la que ha escogido tener alas para volar al espacio que cree mejor para ella en todos los aspectos de la vida que estima como convenientes. Son las mujeres que tropiezan con las dificultades de unos roles sociales impuestos y de una manera de reaccionar prefijada y que, no obstante, han andado los pasos necesarios para seguir ejercitando la actividad de esas alas que han pretendido invalidarles de una u otra manera. No ven al hombre como enemigo, sino como compañero en la tarea de buscar las vías adecuadas de convivencia.
Poemas de la mujer alada es una historia que tiene una estructura singular, dividida en capítulos, como una novela con ritmo poético muy corta, pero que deja espacio a partir del primer verso de cada uno de ellos, para que los lectores, si les apetece, introduzcan su creación particular.
Las mujeres aman la vida, tienen una alta capacidad para comprender y por eso saben perdonar, también levantar la voz cuando hay que hacerlo. Eligen sentir sus emociones, no las asignadas, aunque para ello tengan que restaurar cada vez que sea preciso sus útiles para volar, para seguir su camino.


P.- La portada del libro es de María Antonia Zamorano, al igual que las ilustraciones interiores. Tengo que confesarle que me parecen muy apropiadas al mensaje de cada poema. ¿Cómo llegan a conectar poeta e ilustradora para conseguir ese maridaje?
R.- María Antonia Zamorano es una pintora y escultora ciezana que vive en Madrid, nos conocemos desde hace muchos años. Hemos dialogado sobre cuestiones de interés común y compartimos en muchos aspectos una visión semejante, esto allanó el camino, pero lo importante es que cuando leyó el contenido de De luz y de sombra pasó a ser una lectora que hizo suyo lo que tenía delante. Se puede decir que los dibujos son una interpretación personal del texto que ha sabido expresar muy bien.


P.- Háblenos de su proceso creativo. ¿Cuándo escribe? ¿Qué tiempo dedica a escribir cada día? ¿Dónde lo hace?
R.- Escribo cuando puedo, que no es siempre que quiero. Escribo en el “papel” de la mente (esto sí es a diario y bastante a menudo) más que en el papel material (hay días que se ve el trabajo y otros que está ausente).
Suelo hacerlo en una mesa camilla con bolígrafo y folio, aunque ahora también uso el ordenador y me está siendo fácil acostumbrarse a él.


P.- Para el último trimestre del año esperamos un nuevo libro suyo, donde regresa a la literatura juvenil. ¿Cómo se titulará y qué puede contarnos de él?
R.- Llevará por título Las estrellas concéntricas e irá ilustrado con unos dibujos que he realizado para el tema. Espero que dentro de poco esté en la calle y que podamos comentar más extensamente sobre su contenido. Me gustaría que su lectura llegara a niños y jóvenes de todas las edades. Lo cierto es que he disfrutado haciéndolo y hay ilusión puesta en él.


P.- Literatura juvenil, cuento, poesía, ¿dónde se encuentra más a gusto Rosa Campos Gómez?
R.-Escribir para niños y adolescentes es introducirme de nuevo en aquellos años y actualizarlos, e incluir algo que he aprendido con el tiempo y que puede servir; es cultivar un terreno fresco y agradable por el que me gusta andar. En el cuento hay que seguir un tiempo más medido, te impulsa a combinar varias claves para conseguir un relato que en poco espacio confiera interés; es un terreno que estimula. En la poesía tengo tendencia a abstraerme, su tierra es la que ella quiere y yo me siento bien aquí, dejándome guiar.


P.: Las próximas dos preguntas suelo formulárselas a todos mis entrevistados. Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Qué es entonces escribir poesía?
R.- Es dar salida a un mundo emotivo plagado de símbolos que va más allá de lo que podemos expresar ordinariamente. Por seguir con el símil vegetal, creo que es como poseer la capacidad de asombro al mirar la fruta y las flores, saber y sentir que ahí está lo producido, que envuelve el ánimo sin indagar previamente en el porqué del proceso. Y esto es tan válido para quien la escribe como para quien la lee.


P. En el mundo de las prisas, del Blu-Ray, del iPhone, del cambio climático, de un mundo amenazado por una gripe sobre la cual las autoridades sanitarias anuncian miles de muertes sin apenas ruborizarse... ¿qué sentido tiene la poesía?
R.- La poesía es sentimiento a través de la palabra, induce a sentir en el ahora de su lectura. Creo que es un poderoso antídoto contra la adversidad. Su lenguaje es tan hondo que es capaz de penetrar en el interior del ser humano para unir ese algo que hay dentro de cada uno de nosotros que es noble y común.
Luis García Montero en la conferencia que dio hace dos años en el Museo Siyâsa de Cieza habló de la necesidad de esta literatura para remover las conciencias. Lo comparto.
La vida de Marcos Ana (al que escuché en la presentación de sus memorias en el Club Atalaya de Cieza) puede ser un buen referente del sentido que tiene escribir poesía, es un poeta que estuvo casi veintitrés años preso en las cárceles franquistas, allí leyó a otros poetas (creció con ellos), organizó tertulias literarias (extendió este crecimiento) y escribió poesía (por y con todas estas circunstancias se hizo poeta). Sus versos fueron difundidos y editados por otros.
Este hombre que perdió a sus padres de brutal manera, así como sus mejores años (lo encarcelaron cuando contaba diecinueve), en sus memorias tituladas Decidme cómo es un árbol, habla sobre la necesidad de no guardar rencor, de crear un mundo solidario donde todo ser humano viva con dignidad. Es la visión conciliadora de un poeta.
Es importante reseñar todo lo que la actitud de este hombre ha generado: desde La Universidad de Granada se ha lanzado su propuesta de candidatura para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009, el pleno del Ayuntamiento de Granada (PP, PSOE e IU) ha dado su apoyo, a ellos se están sumando un gran número de instituciones y de personas que de manera individual votan a través de la red en la página habilitada para recoger firmas. La lectura que se puede hacer de todo esto es que la poesía está viva y que incluso es capaz de buscar encuentro político, campo, por otro lado, en el que estamos acostumbrados a ver mucho desencuentro.
La poesía emana de lo que está vivo, es sustancia, y por lo tanto es capaz de convivir y de sobrevivir ante lo que le echen.


P. Escribía Eduardo García que un solo verso feliz puede permanecer durante siglos, mientras toneladas de poemas fallidos se pierden para siempre. ¿No desanima esa realidad al poeta?
R.- Creo que se escribe lo que se necesita o lo que se intuye como válido en un momento determinado, el pensamiento de una vida larga no cabe en ese presente. Más tarde los mismos autores pueden y deben hacer criba, pero el acierto literario lo indicará el tiempo, es decir, el calado en la sensibilidad de los futuros receptores. Está bien que el tiempo, con sus lectores, trabaje, y es justo dejar que así sea.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la pintora?
R.- Un libro es un objeto que encierra mundos visibles para la imaginación, con solo ver su cuerpo ya presagiamos lo que nos puede deparar. Tiene la cualidad de acompañarnos en espacios que no necesiten de energía eléctrica y de ser leídos en la postura que nos sea más cómoda. Es generador de estética además de ética. Tiene vida futura, así lo creo.
La tecnología, por otra parte, nos depara excelentes propuestas que pueden convivir perfectamente con el libro en formato tradicional.


Ha sido un placer charlar con usted.
Un placer compartido. Gracias.
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