martes, 18 de septiembre de 2007

Mila López comenta La Maldición

Mila López, una traductora de los tercios de flandes, como ella se define en su propria bitácora, ha leído La Maldición, la primera entrega de La cólera de Nébulos, y estas son las impresiones que me ha remitido, autorizándome a publicarlas:


Hola, Paco.

Por fin dispongo de un rato, antes de salir de viaje a disfrutar de unas cortas vacaciones, para darte mi modesta opinión sobre tu novela.

He pasado ratos muy entretenidos leyéndola, ya que los relatos de fantasía épica tienen la cualidad de ser amenos. Además, dejas la historia en el aire con los interrogantes justos para suscitar la curiosidad del lector.

El lenguaje florido del que haces gala a lo largo de todo el relato debió de representar un gran esfuerzo para ti, pero creo que también resulta exigente para los lectores tal vez porque, como ha sido en mi caso, ha pasado mucho tiempo desde que leí los clásicos griegos y me he acostumbrado al lenguaje más coloquial de las novelas que se escriben en la actualidad.

En contraste con lo elaborado del léxico y de las descripciones, el planteamiento es tan clásico como ese estilo que has querido plasmar en el libro: el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal. El blanco y el negro; sin escala de grises.

Sé que no te digo digo nada nuevo al comentar las semejanzas que he encontrado con las mitologías mediterráneas y nórdicas, por ejemplo en el propio Eleazar que, con su desobediencia y su desafío al supremo y padre, se ve abocado a realizar unos trabajos, como Hércules; y si éste lo hacía para alcanzar la inmortalidad, tu protagonista ha de realizar los suyos para recuperar la que pierde al ser expulsado de Celestos. O el mal personificado en Infernos y el reino subterráneo de Hades. Los dos amigos, Eleazar y Orestes, me han traído a la memoria otros personajes (algunos más contemporáneos, creados por alguien que también quiso crear una mitología propia) como son Frodo y Sam; es un binomio que se complementa y en el que el amigo frena un poco los arranques del protagonista al tiempo que lo proteje.

Hay abundancia de datos “históricos” y un derroche de vocabulario que tal vez, a veces, aparta la atención de la trama al exigir que la mente se esfuerce en seguir el hilo de las frases y del párrafo. La novela tiene tanto que contar, tantas descripciones de lugares y de sucesos protagonizados por antiguos héroes, tantas aventuras que correr, tantos malvados a los que derrotar y tantas metas que alcanzar que tal vez los personajes quedan algo desdibujados.

Como curiosidad me gustaría mencionar un par de cosas. Una de ellas es que los nombres que aparecen en tu historia no sólo me han hecho evocar personajes clásicos, sino también algunos que caminan actualmente por otros mundos de ficción, como el del consejero de Nébulos, Magios. La otra es un pequeño detalle que me hizo alzar las cejas, releer la frase en cuestión un par de veces y luego preguntarme para mis adentros: ¿acaso puede ser de otra manera? Me refiero a la descripción que haces del gran espejo sobre el que reposa una montaña de gemas, en las que incide la luz de manera que alumbra el palacio del último Homosaurio (Pág.237) llamada
Montaña Brillante
, formada por millones de piedras preciosas, y colocada sobre un enorme espejo por un lado convexo y por otro cóncavo.

Siento curiosidad por saber qué te indujo a bautizar a la espada de Eleazar con el nombre de “Dragonia”. Tal vez se me ha escapado algún detalle o comentario en el texto, pero no recuerdo que se hable de esos seres mitológicos, los dragones. Por cierto, esa escena en la que Eleazar recoge Dragonia de las manos del esqueleto de Shelomó también me recordó una situación parecida entre el semielfo Tanis y la espada del rey elfo Kith-Kanan.

Ésta es mi visión de tu novela, aunque es sólo desde mi condición de lectora, ya que no estoy cualificada para hacer una crítica literaria. Te agradezco que tuvieras la gentileza de enviarme tu novela. Ojalá todo te salga como esperas y se cumpla tu sueño.

Saludos,
Mila López.


Podéis conocer un poco más a Mila en su bitácora.

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