viernes, 19 de enero de 2007

Carmen Clemente comenta La Maldición

En el Báculo de Lithian, la cuentacuentos Carmen Clemente comenta La Maldición, primera entrega de La cólera de Nébulos:

Voy a cumplir el compromisito que tenía.
Lo primero que te diré es que me hubiesen gustado más canciones o poemas, sobre todo conociendo tu poesía. Y esta tercera edición, que será definitiva, está muy muy conseguida. Decía Holden Cauldfield que, cuando una termina de leer un libro que le ha gustado mucho, lo primero que piensa es en que le gustaría tener el teléfono de la autora o del autor para darle las gracias. Y eso es lo que se siente cuando leemos “Y Magios, consejero nebulida, está dispuesto a comenzar una nueva página en los Libros del Tiempo, tan viejos como el pensamiento, tan antiguos como la primera forma de vida, donde casi todo quedó escrito por Universos”. A Illán Vivas hay que reconocerle la elección de un lenguaje acorde con la historia que nos cuenta, y ello sé personalmente que le ha costado grandes batallas, podría incluso definirlas como épicas, con el editor, llegando a la situación actual de total ruptura. Y, como decía Ángela Vallvey (lo siento, te cojo este ejemplo) “en la selva literaria los omnívoros son los editores”, pero estoy convencida de que el autor superará todos los impedimentos. Aún le recuerdo cuando me enseñaba un libro que hablaba de la cerveza de hiedra, como algo que le daba la razón a lo que escribía (véase el ritual de Zathor en el capítulo 9, Zathor Emperador) o las alucinaciones que Robert Graves, a quien tanto ha leído, describía respecto al hongo crudo, amanita muscaria, “que producía alucinaciones, desenfrenos insensatos, visión profética, energía erótica y una notable fuerza muscular. Este éxtasis, que dura varias horas, da paso a una inercia completa...” Hasta en esos pequeños detalles, fue adornando su historia, como todo buen narrador, para dar consistencia a su novela. Por que no importa de qué tipo de relato se trate, siempre será necesario recopilar informaciones diversas. ¿Cuál es la historia? Tan sencilla como su nacimiento: él siempre dice que unas cartas de amor. Aunque ahora las diferentes partes de la saga llevarán dedicatorias diferentes. Los Eternos son una evolución a partir de los Humanos, o sea, de nosotras y nosotros. Han conseguido dominar el tiempo con la mente y están en una situación de espera a que éstos lleguen al mismo plano que ellos. Mientras tanto, vigilan expectantes para que el Bien prevalezca sobre el Mal, representado por la oscura figura de Infernos, antagonista de Nébulos; como Satánicus fue antagonista de Universos. Un inciso, en toda narración las preguntas básicas dan cabida a otras: ¿cómo se llamará el personaje? ¿Por qué lleva ese nombre? ¿Cómo fue su infancia? ¿Dónde vive y dónde ha vivido? ¿Tiene algo que ocultar? ¿Por qué? Bueno, pues en la elección de los nombres, Illán Vivas nos da respuesta a todas las preguntas. Infernos tiene que ser el malo de la novela, y seguro que vive en el infierno (todas sabemos qué es el infierno, sea cual sea nuestra religión). Y Nébulos es el bueno, ¡qué caray!, y vive en el ¿cielo? No, vive en Celestos, que debe estar cerca. Sigo con la historia, que me enrollo. Hace mucho, mucho tiempo, durante la boda entre Carmesí- ¿sabéis la historia de este nombre?- y Nébulos, Infernos se presentó sin que le invitasen, pero todos sabían que llegaría. Hubo un torneo que derivó a una guerra entre los dos antagonistas, una guerra que asoló una parte del mundo muy parecida al actual, donde siguen destruyéndose a fuego. Y, tras la victoria de Nébulos, llovió durante cuarenta días y cuarenta noches (¿os sueña de algo?) para apagar los incendios (eso necesitarían en Israel, Líbano y demás para volver a empezar). La tierra calcinada fue prohibida a los llamados Ejércitos Imperiales, del que forman parte nuestros protagonistas Eleazar (nombre hebreo, que es nuestro Lázaro) y Eostes (nombre griego); pero aquél, hijo de Nébulos, decide un buen día saltarse la prohibición. Y aquí empieza la historia. Por que la raíz de todo relato es el desafío de una prohibición. Yo estoy convencida de que esta novela, y las que le seguirán, no defraudarán a ningún lector en ese afán profundamente humano de emprender un viaje interior de la palabra creadora hasta llegar al fondo de una misma. Ahora, sí que me voy de vacaciones.

Falta sólo añadir: palabra de Magios.

Podéis seguirlo aquí.
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