martes, 23 de diciembre de 2014

Perdimos la luz de los viejos días, de Isaac Belmar (Reseña nº 703)

Isaac Belmar
Perdimos la luz de los viejos días
Ediciones Irreverentes, 2014

Extraña novela esta de Isaac Belmar, que nos presenta una parodia de ella misma, de la novela, de la vida, del transcurrir de cada día, el fracaso de quienes tienen una ilusión en la vida y ven como, amanecer tras amanecer, no es nada más que humo entre las manos.

Un personaje que es, definido por el propio editor, un hombre pequeño, cuya vida giraba alrededor de Miriam, y ello a pesar de sus infidelidades, de abandonarlo, de regresar a él, de no amarlo ya; de su tienda que sólo le producía pérdidas; y de sus dibujos, que eran definidos por los amigos como los de alguien que nunca creció.

Así que cuando ella muere de cáncer, cierra su negocio -que no echó en falta ni un sólo día- y abandona los dibujos, su vida deja de tener sentido, convirtiéndose en un cadáver viviente, que pasea, que camina, que come, que duerme, pero sin sentido... hasta que decide vengarse de la vida.

La razón comienza a abandonarle, Miriam reaparece, ahora en sus sueños, y en una carta que dejó escrita para el día en que ya no estuviera. Y las consecuencias son imprevisibles.

Y él, que creía ser capaz de crear vida con sus historietas, se da cuenta que donde realmente es un genio es en joder la vida a los demás, en arruinarle la a quienes le rodean.

¿Cómo lo hace? Eso, desconocido lector, tendrás que descubrirlo entre las páginas de Perdimos la luz de los viejos días.


Francisco Javier Illán Vivas