jueves, 31 de julio de 2014

Hablando de libros con Pedro Pujante



Pedro Pujante (Murcia, 1976). Escritor y crítico literario, entre otros lugares, en Acantilados de papel. Autor de los libros de relatos cortos Espejos y otras orillas, 2011; Déjá-vú (Premio Latin Heritage Foundation), 2010; e Hijos de un dios extraño, 2012. Recientemente ha publicado El absurdo fin de la realidad, con la que ha obtenido el I Premio 451 de Novela de Ciencia Ficción. Sobre esta novela en particular conversamos, ya que el autor se encuentra en plena campaña de promoción de la misma.


Fotografía superior de Toñy Riquelme.
Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.

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Pregunta.- Cuando terminé de leer El absurdo fin de la realidad, me percaté totalmente de la profunda carga de ironía, de humo, de sarcasmo que impregna sus páginas. Todo ello en lo que se supone es una novela de ciencia ficción.

Respuesta.-  Las etiquetas no son útiles, y en esta novela, que es más una antinovela de ciencia ficción he jugado con los géneros, me he divertido escribiendo y la ironía debía de ser uno de sus ingredientes.



P.- El protagonista de la historia es un escritor, perteneciente a un grupo de escritores en el casino de la localidad, quien decide que él debe ser el encargado de preparar el discurso de bienvenida a unos visitantes del espacio. A partir de esa premisa, el escritor de verdad, es decir, Pedro Pujante, empieza a jugar y confundir al lector.

R.-  Exacto, aunque para ser más exactos el narrador además de ser un escritor de pueblo es una persona que no sabe muy bien quién es realmente. Esa ambigüedad que tiñe su carácter es uno de los recursos de los que me he valido para crear intriga y desconcertar al lector. Incluso yo mismo, he de reconocer, me sorprendía de los giros que la novela tomaba por momentos. También así he podido abordar uno de mis temas favoritos: la identidad.



P.- Si antes te hablaba del humor y la ironía, tengo que hacerlo ahora de la profunda carga de literatura que acompaña las páginas de la novela que nos ocupa.

R.- Sí, en realidad las citas y las referencias -algunas no muy serias- son un puro juego, un intertexto que apela más al sentido del humor del lector que a su erudición. No son necesarias para entender la novela, al contrario, son un añadido, un deliberado texto añadido con el que se crea un diálogo absurdo y muy desenfadado.



P.- Pero como no sólo de literatura vive el hombre, hay también mucho cine y otras manifestaciones culturales.

R.- Por supuesto, como decía las etiquetas no sirven de mucho en esta novela. Se citan películas, directores y filósofos; pintores y muchos escritores y artistas. Algunos pertenecen a mi universo particular. Otros, no. ¿Qué más da?



P.- Acierto si digo que Pedro Pujante ha disfrutado escribiendo “El absurdo fin de la realidad”.

R.-  Creo que se nota, hay optimismo y deseos de no profundizar en nada. Aunque en algunos aspectos la narración pueda resultar introspectiva, filosófica. Pero por encima de todas las reflexiones he intentado crear un clima de humor, de felicidad.



P.- Una irreverente novela (tú mismo la citas como antinovela o no-novela) ganando un concurso de ciencia-ficción en la más de las Irreverentes editoriales.

R.-  Exacto, creo que he tenido la suerte de encajar a la perfección con la filosofía de la editorial. Porque esta novela es el trabajo más irreverente que he realizado. Estoy contento de que Miguel Ángel, el editor de Irreverentes, haya apoyado desde el principio mi libro y que le creyeran merecedor del premio. Porque si bien es un premio de ciencia ficción y mi novela se acerca al género, también sería justo decir que se aleja ostensiblemente del género puro y duro de cifi. Por lo que la apuesta  de la editorial es valiente.



P.- Dos curiosidades. La primera es relacionada con el grupo de siete escritores oficiales del casino disputándose el título de Escribano Público, me da que se parece mucho a cualquier grupo de escritores de cualquier localidad de la geografía o española. Llegas incluso a citar “meteoritos enormes que chocan contra la tierra”.

R.-  El recurso de incluir escritores como protagonistas de una novela no es nada original. Vila-Matas o Borges ya lo han hecho con mejores y más afortunados resultados que yo. Además, como mi historia estaba ambientada en un pequeño pueblo rural me pareció gracioso hacer que hubiese varios escritores en pugna para crear tensión a la trama. Pero en realidad, como el lector comprobará, no existe tal tensión….Y hasta aquí puedo contar. Lo de los meteoritos ya es cosa de típica novela de ciencia ficción al uso. Y tal vez eso sea lo más original de la obra. El haber mezclado metaliteratura y naves espaciales, citas literarias y comentarios acerca de la vida extraterrestre, y todo en un tono humorístico y desenfadado. Al menos, eso creo yo…



P.- Que los extraterrestres quieran aterrizar en Nueva York, es comprensible (ya se sabe por el cine que todas las calamidades le pasan a los americanos), en Castellón de la Plana es más dudoso, pero, ¿qué interés pueden tener en aterrizar en una insignificante pedanía de Murcia que basa su economía en el pimentón, las hortalizas y la cerveza?

R.-Precisamente, la gracia, el absurdo están ahí; en que en un pueblo desconocido y anodino pueda llegar una nave espacial de visita engolada y oficial. Lo del pimentón y la cerveza lo he tomado prestado de mi pueblo, Espinardo, lugar mítico de mi infancia, mi Macondo privado que siempre me acompaña.



P.- Y ahora sí, la segunda curiosidad… ¿puedes decirnos dónde se encuentra esa localidad? ¿O temes que se produzca una avalancha hacia tan tranquilo lugar?

R.-  Como te decía, hay elementos de Espinardo, barrio de Murcia hoy día, pero para mí siempre ha sido y es un pueblo. Pero he tomado prestados elementos de otros lugares: del Mar Menor o de mi propia inventiva. El resultado es Orentes, una especie de trasunto de aquel pueblo en el que transcurre la película Amanece que no es poco.



P.- ¿”Todos los escritores escribimos una biografía”?

R.- En cierto modo, así es. Nuestra obra se convierte en nuestras memorias literarias. La estela de libros que pergeñamos, de algún modo, nos justifican o al menos, eso es lo que queremos pensar para explicarnos el tiempo que invertimos en ellos. Aunque hay dos biografías, al menos en mí: la literaria y la personal, que a veces se entremezclan y se confunden. A la gente, a los lectores, les interesan la primera y lo que de ella deriva o depende. La otra, compuesta por insignificancias y miserias, es la que ha de esconderse, la que no aporta nada al mundo.



P.: Permíteme algunas preguntas que suelo plantear a quienes entrevisto. ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente?

R.- Es posible que haya que desobedecer, salirse de lo ya hecho para descubrir nuevas rutas. Lo que ya está dicho es mejor olvidarlo o tratar de decirlo de otro modo diferente. La literatura buena, por definición, debe ser arriesgada, distinta, rompedora. Todos los escritores interesantes han marcado una época, han creado un universo propio y son inconfundibles.



P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ves?

R.- Si para mí escribir fuese una opresión no lo haría. Bien es cierto que a veces el trabajo literario requiere esfuerzo, quita tiempo y horas de vida con la familia o los amigos, pero siempre está recompensando. El amor a la literatura debe ser incondicional, casi religioso. De otro modo, ¿quién en su sano juicio se pasaría siete horas seguidas delante del ordenador para escribir una historia de ficción? El caso es que para Roy se nota que fue traumático porque no volvió a escribir otra novela después de El dios de las pequeñas cosas.



P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Tú que has escrito novela y cuento, entre otros géneros, ¿cómo lo ves?

R.-  No estoy de acuerdo con este autor, que por cierto a escrito grandes libros; seguramente lo dijo para ilustrar la dificultad que supone trabajar en una novela extensa en comparación a la brevedad del relato. Ambos géneros son distintos y tienen su dificultad. Hay escritores muy dotados para la novela que son incapaces de escribir cuentos, y viceversa.

Ambos requieren un tipo distinto de enfoque y de técnica. La novela precisa mucho tiempo y constancia para dar coherencia a una obra amplia. El relato, sin embargo, es susceptible de ser completado de un tirón, pero su precisión, su concentración y su atmósfera homogénea son factores a tener en cuenta y que si se disuelven hacen que la historia pierda fuerza. Cortázar decía, y en eso estoy de acuerdo, que la novela debe ganar por puntos, el relato, por K.O.



P.- No sólo de letras vive el hombre. ¿Dónde podemos encontrar a Pedro Pujante en la red? ¿Le dedicas mucho tiempo a Internet?

R.-  Más del que quisiera. Te pones a escribir un artículo o un fragmento de novela y te surgen dudas, miras la enciclopedia o la RAE, te acuerdas de un autor, miras en Iberlibro a ver si hay una primera edición, posteas una entrada en el blog (OTRAS ORILLAS) pasas por Facebook y comentas un estado de un conocido, revisas el correo, envías un mail al editor para aclarar un asunto, la factura, la cuenta corriente, te descargas una película antigua y descatalogada e inencontrable… Y cuando te vienes a dar cuenta, ha acabado el día. Somos seres virtuales, a nuestro pesar.




P.- Aconséjanos una película.

R.- Si hablamos de un filme actual, yo aconsejaría La gran belleza. Pero, también me atrevería a aconsejar una serie, Hannibal, basada en el famoso personaje de Harris.



P.- Una obra de teatro.

R.- Recientemente he visto La cantante calva, de Ionesco. Creo que el Teatro del absurdo, a pesar del tiempo que ha pasado desde que tuvo su auge, los años 50 del siglo pasado, sigue estando de actualidad. Obras como la de Beckett, Ionesco y un poco conocido Virgilio Piñera hablan de problemas contemporáneos, universales: la dificultad de comunicarnos, el absurdo del propio mundo, las trampas del lenguaje y del vacío que impera en nuestras vidas, entre otras cosas.



P.- Una música.

R.- Me quedo con cualquier canción de Sabina, el poeta-músico español de nuestro tiempo.



P.- Creo que esta, conociéndote como lector, va a ser la más difícil. ¿Un libro?

R.- Sí, leo muy variado, relatos y novelas sobre todo. Poesía leo menos. De los libros y autores que más me han impactado en los últimos años puedo nombrar a Mircea Cărtărescu, autor rumano que ha escrito entre otros, Nostalgia, un libro de relatos y novela corta que no deja indiferente. Su estilo envolvente, su prosa, a veces densa, pero que es afín a su propia temática onírica y experiencial, es uno de los valores actuales más en alza.

De los españoles, Vila-Matas, cuyo El mal de Montano, es una obra capital.

Y sin salir de la tierra murciana, la nómina es extensa y rica, pero por su originalidad e independencia literaria yo mencionaría a Javier Moreno, cuya obra narrativa es inclasificable, muy original y personalísima.



P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, ¿qué proyectos literarios podemos esperar en el futuro?

R.- Tengo acabada una novela en la que su protagonista es un escritor que padece una enfermedad psico-literaria inventada por él mismo. Aunque se tratan en ella temas profundos como la identidad, la memoria, el éxito, el reconocimiento y la soledad, no deja de ser una sátira cargada de humor. El narrador es de estirpe orentense, no digo más…

También estoy corrigiendo una novela de ciencia ficción que escribí hace un par de años. Una Distopía muy bradburiana… También me gustaría acabar de dar forma a un libro de relatos que lleva varios años dando vueltas por mi cabeza… Ya se sabe, de los proyectos es mejor no hablar mucho, por si no se cumplen.



Muchas gracias.

Gracias a ti, un placer.