viernes, 14 de diciembre de 2012

Abortar el último ápice


Acabo de dejar
a mi buena amiga
la rubia de cabellos de nata.
Hoy no me ha complacido
a pesar de beber
su sangre con placentera delectación,
ahora sobre el escritorio
miro el atril cual madero
y esta página vacía,
más allá tijeras herrumbrosas,
lápices y bolígrafos,
siento ganas de cogerlas
y clavarlas sobre mis brazos
una y otra vez,
otra y una vez.
Deseo tener una cuerda,
la soga del ahorcado,
para en fatal abrazo
anudarla a mi cuello,
y apretar, apretar
convirtiendo este viaje final
en un calvario agónico,
deseo un martirio inquisitorio
que me impida,
que aborte,
hasta el último ápice de mi ser
por seguir viviendo
como vivo.


Francisco Javier Illán Vivas
Crepusculario