viernes, 19 de octubre de 2012

La bodega de los besos


Ya no quiero cabalgar
a lomos de caballos cansados
que perdieron sus alas
con el viento de la alborada.

Quiero detenerme
al aroma de la aurora
para que tú,
ordeñadora matutina,
me lleves por caminos de nieve
y guardes todos mis besos
en tu secreta bodega,
dándome de comer
la fruta de tu manantial.

Ha llegado el momento
de no disparar
flechas de nieve,
de, en la intimidad
de nuestra deuda,
mirarnos a los ojos
y sentarnos juntos,
en la bodega de los besos.

Francisco Javier Illán Vivas
Crepusculario

1 comentario:

Antoni Barnils dijo...

Me gusta y me llega.

un abrazo