martes, 22 de mayo de 2012

Ángeles Palazón González, mi abuela


Ayer por la tarde, casi noche, mi abuela Ángeles se nos fue, sin hacer ruido, despacio, lo último que me dijo fue recitarme una adivinanza, que comenzaba: Entre dos piedras mollares...

Tenía 98 años menos un mes, y toda la familia estaba muy ilusionada en los 100 años de la abuela, pero un desgraciado accidente, una imprudencia de dos personas en un vehículo, un breve golpe, por breve que fuera, la rotura de una cadera, la han precipitado en brevísimo tiempo a un final que yo jamás creí que se produjese.


Os aseguro que pensaba que mi abuela viviría para siempre. Incluso ella lo pensaba, ¿sabéis? Tenía el temor de qué pasaría cuando sus hijas falleciesen, y preguntaba muchas veces a Toñy, ¿quién cuidará de mí?

Yo sé que está con Él, su devoción al Sagrado Corazón de Jesús era más fuerte que su eterna lucha por el bien de los demás, por sus creencias nada conservadoras.

Por su cumpleaños, en 2003 le dediqué este poema, que tenía en su casa, en una placa:

ABUELA ÁNGELES


LA abuela Ángeles,
croasan nevado
de nata coronado
en una mesa de claveles.

Labriega arrebolada
delantal pleno de pinceles,
sin dos timoneles
para una vida aún alborada.

De la mañana, mañanera
en cientos de estaciones
de la risa, primavera.

Manantial de dones,
de la familia jazminera,
la Abuela es ¡cojones!



Publicar un comentario