viernes, 17 de junio de 2011

Última estación


Me negaba la escritura
en este día gris lluvioso
con aromas a última estación
donde no llega el tren
donde no paran autobuses,
los cristales sucios
allí algunos rotos,
oliendo a plomizo.
Todo el mundo sabe
a qué huele una estación
pero no sé si sabe
a qué huele el final
del viaje de la vida:
¿ceniciento?, ¿monótono?
¿apagado?, ¿lánguido?
Había argollas frías
agrumadas en las botas,
me senté en un banco
de madera carcomida
sacándome los zapatos
vacié grumo a grumo
piedra a piedra
argolla a argolla
al final del viaje
de la vida.

Francisco Javier Illán Vivas
Dulce amargor
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