miércoles, 5 de enero de 2011

Más de 4 millones de parados

Leo en el muro de facebook de un amigo una entrada escrita, supongo con sana ironía que le ayudará a superarlo:

Soy el numero 3.989.345 de una lista de 4.100.073 de parados en España y que conste que no me quejo ni le echo la culpa a nadie, solo es un dato.

¿Puede haber mayor muestra de fracaso político y económico de un país?

Bueno, pues los culpables, viviendo como si nada, con sueldos escandalosos, con prebendas de rey Sol en Francia, con casas que- en proporción- nada tienen que envidiar al palacio de Versalles, con vehículos oficiales que ya hubiesen querido Luis XIV, pero sobre todo Luis XVI, con todos los derechos reconocidos, rodeados de aduladores que le hacen pensar, como al monarca francés, "L´État, c´est moi", con sus variantes de "España, soy yo", "Murcia, soy yo", "Cataluña, soy yo", "Andalucía, soy yo", una fiebre que llega a los municipios: "Blanca, soy yo", "Madrid, soy yo"... y así hasta el más pequeño municipio de este país llamado España.

Vivimos bajo unos impresentables déspotas de nueva ola, que siguen el principio de "Gobierno del partido, para los del partido, contra el pueblo".

No sé si la solución será una revolución como la ocurrida en Francia, pero está claro que ya sólo un tercio de los trabajadores de este país debe mantener a dos tercios de la población, y eso es un dato aplastante, para unos, y para los otros, que van perdiendo la esperanza de encontrar trabajo algún día.

Si tuviesen vergüenza, el presidente de España, los 17 presidentes de comunidades autónomas, los dos presidentes de ciudades-autónomas, los 650 diputados y senadores estatales, los 1.031 diputados provinciales, los 1.206 parlamentarios autónomos, los 139 responsables de cabildos y consejos insulares, los 13 consejeros del Valle de Arán, los 65.896 concejales y los 8.112 alcaldes que viven de nosotros se irían, no dimitirían, SE IRÍAN de este país, de este continente, de este Planeta.

Son


1 comentario:

S. Cid dijo...

Sí, son vampiros, y no cesarán de mordernos hasta que hayan bebido nuestra última gota de sangre. Y lo peor no es lo que tenemos, sino que no hay con qué reemplazarlos.

El futuro se presenta más que incierto y me aterroriza la idea de que algún día yo tenga un número, como el de tu amigo.

Saludos.