viernes, 1 de octubre de 2010

Pascua (Hojas de otoño)


Es una pena que esta tarde no estés conmigo,
sentada a mi lado mirando el ocaso,
en el porche, junto a la entristecida diamela,
porque si mi mano estuviera contigo
de mi ánimo que tu ánimo traspaso,
me perdería en una relajante duermevela.

Pero esta tarde no hay amor que me envuelva,
y las capas que protegían mi alma
se quedaron en caminos dolientes,
no hay bilis que este amargor disuelva
y mi voluntad la agonía enjalma
de sinuosos terrores, de sinuosas serpientes.

Soy como las hojas de otoño en desespero
atacado por la pesadilla de caer al vacío,
y mi atardecer, antes luminoso, se llama desesperanza
todo cuanto toco se me hace efímero,
y hasta de estar sentado siento el hastío
y de mis ojos y oídos la desconfianza.

Sufro la congoja de que no estés conmigo esta tarde
me ayudarías a arrancar la pesadumbre
que de mi respirar hace sufrimiento,
borrando el verde para que el gris aguarde
convirtiendo mis ojos al color de la herrumbre,
dominándome el dolor, y el dolor tormento.

Es una lástima que no estés esta tarde a mi lado,
pues tu ausencia es mi desierto
tu lejanía es mi clausura,
arrancando de mis ojos el astro dorado
llevándome a un mundo agónico y yerto,
una agorafobia cercana a la locura.

El mundo se sumerge en las sombras,
y caigo en esta ultrajosa agonía
que siente ansia por llevarme al desenlace,
¿por qué con tus labios no me nombras?
Esta tarde mi alma de angustia gemía
y mi cuerpo de anhelo viaja a su desguace.

Que no estés esta tarde es mi desconsuelo
la pasión de mi ánimo es melancolía,
mis manos solo conocen el abatimiento,
golpearía mi carne con impío flagelo
sin conocer si la añoranza abatiría
o acrecentaría el pesar y el afligimiento.

Mi alma ha sido alcanzada
con el martirio de tu ausencia
tragando saliva de hiel y amargura
si tuve ilusión ahora está desgarrada
desciendo por la alocada rampa de la absencia
el dolor ha convertido mi día en tortura.

¿Por qué no estás esta tarde a mi lado?
¿no me ves vertiendo lágrimas de soledad?
¡Dios cuan amargas y celosas
son las lágrimas de mi amor condenado
a tu ausencia, al dolor de la ansiedad
de que no estés a mi lado, siempre temerosas!

En todo el mundo no existe otra soledad
como la de tu profunda carencia
¿he sembrado silencios para recoger soledades?
He gritado a la noche por amor y piedad
por retener a mi lado tu fragancia
para no ser ahora presa de tempestades.

Es esta ancestral soledad que penetra desgarradora
por tu ausencia hasta los huesos recalca impenitente
cáncer silencioso que sobre mi ánimo trabaja,
es esa la soledad mortal y devoradora
del hombre enamorado de ti pendiente,
esa soledad que mi cordura resquebraja.

Tú no estás a mi lado en el momento supremo
es una pena que no estés a mi lado esta postrimería
caminando en soledad hacia el fatal perecimiento
estoy tan solo, tan solo que morir temo,
y si he de morir en tu lejanía,
que sea hoy, ahora, en este amargo momento.




© Francisco Javier Illán Vivas
De mi libro "Témporas"
Imagen, Narciso, de Caravaggio
Galería de Arte Antiguo, Roma

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