Francisco Umbral tenía la costumbre de darle un piscinazo a los libros que no le gustaban- según contó J.J. Armas Marcelo en el ABC Cultural-. Un piscinazo de agua helada, diciendo que les faltaba un hervor.
Los tiraba a la piscina en pleno invierno, como triste destino para los libros malos, pero destino al fin y al cabo.
Los tiraba a la piscina en pleno invierno, como triste destino para los libros malos, pero destino al fin y al cabo.
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