viernes, 13 de agosto de 2010

Así


Vacío,
en la soleada tarde
de un olvidado invierno
con fuego en las nubes.

Inmóvil,
sin atreverme a hablar
a una perdida gota de lluvia.

Sin palabras,
mendigando certidumbres
escondidas en la soledad
de cervunas piedras.

Llorando,
a la hora de marchar
con los pies desnudos
por caminos de llagas y sombra.

Derrotado,
ante las cerradas puertas del cielo
con mi propia soledad gramosa.

Así,
vacío, llorando, derrotado, inmóvil y sin palabras
hacia el crepúsculo prohibido
sin fe, sin esperanza...

Francisco Javier Illán Vivas
De mi poemario Dulce amargor

Imagen, El grito, de Edvard Munch,
Galería Nacional de Oslo
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