domingo, 21 de septiembre de 2008

Platos que provocan admiración, no apetito


Hace un par de fechas estuve cenando con un amigo y mientras comíamos, recordaba aquellas palabras que leí de Fernández-Armesto:

hoy en día tenemos los magos de la cocina de auteur, que sustituyen comida auténtica por espumas a aroma de hierbas venenosas, helados de tabaco, carnes dulcificadas y postres salados, trucos incapaces de satisfacer el hambre, como el vestido del emperador que ni cubría su desnudez.


Creo que ese día, en ese restaurante cuya carta te hace temblar los fondos de la cartera (y de la tarjeta de crédito) nos dieron de cenar humo. Y no esa cosa que dicen es mouse de humo, que quienes lo han "comido" juran en arameo que es una de las más elevadas sofisticaciones gastronómicas:

Una bola de azúcar soplado contiene el humo de una brasa de encima que se coloca sobre el plato. Cuando el comensal rompe la bola, aspira el aroma que va dentro y se convierte en un componente más de la receta.


A mi amigo le mosqueó, desde el principio, que el camarero tuviese que explicarnos en cada plato lo que íbamos a comer. Y os aseguro que, si no lo hubiesen hecho, no habríamos sabido en algunas ocasiones qué estábamos ingiriendo.

La historiadora del diseño Isabel Campi dice que la gastronomía y su combinación de formas y sabores podría equipararse a lo que representa la alta costura en la moda. El problema para esta "alta cocina" es que al final, nos es más cómodo ir en vaqueros.

Y cuando terminaron de servirnos los ocho platos del menú degustación, mi amigo pidió unos huevos fritos con patatas fritas. ¡Exclamó en voz alta que ya estaba bien, que él había ido a cenar!
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