viernes, 13 de junio de 2008

Desde que me recuerdo

Desde que me recuerdo, desde aquella vez en que llegaste a la casa de Miguel, en que me fijé en tus manos si no lo había hecho ya suficientemente antes en todo tu cuerpo tú eres la magia, el perfume tendido sobre el lecho real, tu piel es blanca como la mañana, y no importa que tus cabellos estén recogidos o sueltos, siempre los sueño rozando el blanco océano de la sábanas.

Cada vez que te veo, surges entre espumas, aunque permanezcas enredada en las olas. Tu voz es la brisa que me acaricia, que ondula en mi imaginación, el soplo divino que inspira la mano del artista.

Y el poema, así, está dotado de un alma superior del que carecería la palabra.

Tú eres la magia, y quiero que seas la magia, pues con ella, cada gota de tinta es una palabra germinada.

Me niego a convertir ese sentimiento en normalidad, y este camino que tú has trazado me lleva a ello, a perder lo poco de fantasía que perdura en mi espíritu. Me niego a aceptarlo.

Perdí el deseado trono de esmeralda, por que tú un día así lo decidiste, y yo me quedé atónito, perdido, sabiendo que cientos de lámparas de fuego se habían extinguido, perdí el sonido de los truenos, la luz de los relámpagos, el olor de los sueños y, con el corazón en un puño, intenté reponerme del brusco latigazo, aceptando la certera muerte de la tierra, como te conté en un reciente poema.

Y ahora, cuando mi vida parece ir cubriéndose de una claridad matizada y difusa con los resplandores de un desconocido amanecer, ahora sé que no quiero perder la magia que representa tu voz acariciándome, no quiero perderme el momento en el que brota la última amapola de los trigales, no quiero acostumbrarme a mirarte como algo normal, por que no lo eres, tú no, aunque quieras que esto sea normal.

De ello me gustaría que hablásemos. Cuando puedas, cuando tengas tiempo.

2 comentarios:

Coronelia dijo...

Qué bellísimo relato.

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Hola.
No es un relato, es una carta. Y espero que la lea a quien va dirigida, aunque no tenga acuse de recibo.