domingo, 4 de mayo de 2008

Palabras franciscojavierianas 1


El pasado viernes leí en El País un interesante artículo titulado El sutil arte de cazar lectores, escrito por José Andrés Rojo, donde se centra en lo que llama editar en los márgenes, esos pequeños y nuevos sellos editoriales, independientes, que reclaman su lugar en el mercado. El autor destaca que les unen el mimo, la vocación literaria y un espíritu marginal patente ya desde sus nombres y que, en el enlace, podéis leer.

Mientras lo leía me vino a la memoria una conversación con mi amigo José Cantabella, a quien entrevisté hace unos meses para Hablando de libros. Me habló de una de sus ilusiones: crear una pequeña editorial, que publicase cuatro o cinco títulos al año, lo cual le posibilitaría leerlos, saborearlos, tocarlos y decidirse por éste o aquel. Le animé en llevar la ilusión a buen puerto y, por mi parte, le dije que podía contar conmigo.

Quien no para de publicar, desde Rucardistribuciones, es José María López Conesa, a quien también creo que los habituales de esta bitácora conocéis. Cinco títulos en los últimos cinco años, cumpliendo su promesa. El último es el que estoy leyendo en este momento, Preciada soledad, y os tengo que decir que me agrada su narrativa costumbrista, la descripción de esos paisajes urbanos que José María ha vivido y que yo, en menor medida, aún tengo un pequeño recuerdo de ellos o, en otros casos, los he visto, como él dice, antes de que las máquinas destrozadoras lo inundasen todo de cemento. Por cierto, en mi otra bitácora, La cólera de Nébulos, os señalo en portada el libro que estoy leyendo en cada momento.

Le voy a proponer a José María que debería nombrar a esta colección: Biblioteca José María López Conesa, Biblioteca López Conesa o Biblioteca Azote, pues lo que empezó siendo una ilusión es ya toda una confirmación con cinco títulos, y los que vendrán. Porque estoy convencido de que, una vez alcanzada la edad de la jubilación, José María encontrará más tiempo para su cita anual con los lectores.

Y ello me trae a comentaros el nuevo debate- enésimo debate, debería decir- de la edición, autoedición, coedición. Hay quien se empeña en despreciar a aquellos autores y autoras que se deciden, además de poner en juego su obra, apostar económicamente por ella y dedicarle todo su tiempo. Para mí es admirable que alguien se atreva a presentarnos lo que ha escrito. Si además, por una u otra razón, decide autoeditarse, lo admiro aún más, pues pone en juego su patrimonio. Y si, además- por que es inevitable- le dedica todo su tiempo para vender la obra, me quito el imaginario sombrero y le invito a que se presente en Acantilados de Papel, una sección que, en silencio, paso a paso, se va convirtiendo, si no lo es ya, en un referente de la literatura regional, a la que, no obstante, no dejo de invitar a algunos de los libros que leo, aunque no sean de autores cercanos.

En esos debates se llega a poner en duda incluso los relatos que un autor o autora cuelgan de su propia bitácora, dándole más importancia a los que publicaban revistas digitales que a aquellos. Se llegará a poner en duda incluso el prólogo de un autor o autora para un determinado libro, pues ese prólogo no ha pasado por la censura de los SUPERILUMINATI, que supongo, serán a quienes otros les pagan para que lean por ellos...

Por cierto, el artículo que en su momento, el prestigioso Manuel Rodríguez Rivero publicó en ABCD de las artes y las letras, puede ser significativo de esto último que os digo. Aquí lo comenté.

1 comentario:

Natalia Corbillón dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, pero por desgracia, las cosas son así. Una gran parte de los compradores de libros (que no lectores) se deja guiar por la abalancha publicitaria y los reclamos de las grandes editoriales, que no se arriesgan por los nuevos valores, si no que importan autores extranjeros o van a lo seguro, a los best sellers. Soy escritora y estoy harta, tanto de leer: No recibimos obras que no solicitemos previamente, de las grandes editoriales, como de ver la cara de decepción de la gente cuando no les suena el nombre de tu editorial. Parece que eres menos escritora si tu libro no lleva un sello conocido.
Estoy de acuerdo contigo en que no es menos merecedor coeditarse o autoeditarse, el problema, y lo se como experiencia, es que algunas editoriales de coedición se aprovechan de la ilusión de los autores, y una vez tienen el dinero en el bolsillo si te he visto ni me acuerdo. Me ha costado mucho reconocerlo por que es humillante, pero es así. Por eso recomiendo a lso escritores que no se desesperen y se tomen su tiempo en enviar manuscritos a editoriales de no pago. Por pequeñas que sean, al menos no habrás gastado dinero. Si no resulta siempre tienes la opción de la autoedición, que recomiendo incluso antes de la coedición.